Colegialas charla

Aprender a mirarse para aprender a amar

El pasado 22 de enero, cerca de cuarenta colegiales y colegialas de primer curso participaron en la primera sesión del taller ‘Amarme, amarte’, una formación obligatoria dentro del programa afectivo-sexual del Colegio Mayor. La sesión estuvo dirigida por Ángeles Cabido, experta en educación afectivo-sexual y acompañamiento educativo, quien desde un tono cercano invitó a reflexionar sobre la importancia de la mirada en la construcción de la autoestima y las relaciones.

 

Ángeles Cabido charla Colegio MAyor

 

Abrir la caja: expectativas y relaciones

Ángeles sacó una caja de galletas de las que todos reconocemos a primera vista. No dijo qué había dentro y dejó que el misterio se instalara en la sala. La respuesta parecía evidente: galletas. Sin embargo, si esa misma caja aparece en casa de los abuelos, casi siempre guarda hilos y agujas. Algo similar ocurre cuando una persona se enamora: vemos a alguien por fuera y nos imaginamos cómo es por dentro. Ángeles explicó que el problema surge cuando, al enamorarnos, en lugar de “abrir la caja” y descubrir su contenido a través del conocimiento y el tiempo compartido, construimos una imagen desde la imaginación. En esos casos, “lo que encontramos después no siempre es lo que esperamos”.

 

Ángeles Cabido sinceridad charla

 

Apariencias y capas: lo que mostramos y lo que somos

Tras la expectación que dejó la caja sobre la mesa, un objeto de madera similar a una matrioska cambió el foco de la mirada hacia el interior. Ángeles explicó que antiguamente, en la restauración artística, se utilizaba la cera para tapar las imperfecciones de la madera, y que de ahí procede la palabra sincero: presentarse sin cera, es decir, tal y como uno es. Mientras hablaba, fue sacando una pieza de dentro de otra para mostrar las distintas capas que componen a una persona. “De una persona se puede conocer mucho y, al mismo tiempo, solo lo superficial”, señaló, subrayando que “solo quienes se muestran tal y como son, en cualquier ambiente, pueden vivir libres”.

 

Colegiales y colegialas charla sexualidad

 

La mirada y el alma: aprender a mirarse

Ángeles volvió a la caja de galletas del inicio y sacó varios espejos, con los que propuso una breve dinámica sobre la mirada y la autoestima. “Mírate. ¿Te gustas?”, preguntó, invitando a los asistentes a observarse sin juicio. Recordó que el valor de una persona no nace de la autoexigencia, sino de aprender a mirarse con amor, porque “la autoestima es aprender a mirarte con los ojos de tu abuela”.  Subrayó también que la belleza no está solo en lo que se ve, sino en la forma de mirar porque “quien te quiere, te mira bien” y animó a los jóvenes a “entrenar la mirada” para que sea una mirada que valore de verdad al otro.

 

Colegiales y colegialas charla de espalda

 

Los peligros de la pornografía

En el tramo final del taller, Ángeles advirtió del impacto que tiene la pornografía en la manera de mirar y de relacionarse. Explicó que lo que entra por los ojos influye en el cerebro y en el corazón, y llamó a cuidar la mirada si se desea una relación auténtica. “Lo contrario del amor no es el desamor, sino el uso”, afirmó, recordando que la persona no es un medio para obtener placer, sino un fin en sí misma, y animó a tomar conciencia y a pedir ayuda cuando sea necesario, recomendando el proyecto https://www.daleunavuelta.org/ .

 

Colegiala sonriendo charla

 

La sesión terminó con una nota de esperanza puesta especialmente en los jóvenes. Frente a una realidad llena de dificultades, “tenemos esperanza porque el corazón está bien hecho”. Por eso, en el fondo de cada persona permanecen intactos los mismos anhelos: querer, ser querido y vivir en plenitud. Reconocer esos deseos es el primer paso para aprender a mirarse y a mirar mejor.

Taller Violencias Invisibles

Violencias Invisibles: el daño que no siempre se ve

El pasado 15 de enero, los dinamizadores y dinamizadoras de pasillo participaron en una sesión formativa centrada en las violencias invisibles dentro de las relaciones personales. La actividad, impartida por la pedagoga y mediadora Patricia Valle Mena, abordó aquellas actitudes y conductas que, por su sutileza, no siempre se reconocen como violencia, pero que generan daño emocional y pasan desapercibidas por su normalización.

 

Charla Patricia Valle

 

La sesión arrancó con una pregunta sencilla: ¿qué papel juega la intención cuando se causa daño? A partir de ahí, la pedagoga guio la reflexión con un ejemplo muy claro. Imaginó un golpe con su furgoneta y propuso tres distintas reacciones ante un mismo hecho: quien reconoce el error y se responsabiliza, quien resta importancia a lo ocurrido o quien responde de forma más agresiva y se niega a repararlo. “El golpe es el mismo”, explicó, “pero la sensación con la que te quedas después no lo es”, una idea que ayudó al grupo a entender cómo, más allá del hecho en sí, las actitudes condicionan profundamente la vivencia emocional.

 

Pedagoga escuchando

 

A partir de este punto, Patricia explicó que se han identificado hasta veinte formas distintas de violencias invisibles, de las cuales seleccionó siete para trabajarlas durante la tarde: autoritarismo, control, invisibilización, luz de gas (gashlighting), manipulación, desvalorización y humor hiriente.No buscaba enumerarlas ni hablar sobre ellas de forma teórica, sino enseñar a reconocerlas en situaciones reales del día a día y detectarlas desde sus primeras manifestaciones antes de que se normalicen.

 

 

A través de ejemplos cotidianos y comparaciones muy visuales, la reflexión fue girando en torno a cómo determinadas actitudes, gestos y silencios pueden generar daño. Actitudes como la falta de reconocimiento, no devolver un saludo o ignorar una intervención fueron algunos de ellos. “Son conductas que muchas veces se normalizan, y por eso cuesta tanto identificarlas”.

Más que una charla, la sesión fue un espacio de diálogo. Los dinamizadores y dinamizadoras escucharon, asintieron, discreparon y plantearon dudas, compartiendo ejemplos y contrastando puntos de vista a partir de lo que se iba trabajando.

 

Actividad dinámica Colegio Mayor

 

En la parte final de la sesión, Patricia propuso una dinámica práctica para trasladar lo trabajado a experiencias concretas. A través de cartulinas y post-it de distintos colores, los colegiales y colegialas escribieron situaciones concretas que hubieran vivido de violencias invisibles. “No se trata de juzgar, sino de poder reconocer estas situaciones”, explicó. Así, comenzaron a escribir momentos en los que habían ejercido alguna de esas conductas, situaciones en las que las habían sufrido y los motivos asociados a cada caso.

 

 

Este taller forma parte del compromiso del Colegio Mayor Larraona por seguir reforzando la formación en convivencia y bienestar emocional, poniendo el foco en aquellas realidades cotidianas que, aunque no siempre se ven, también importan.

niños de tanzania sonriendo

Navidad Solidaria – Haz un donativo a la ONGD Proclade Yanapay

Estas navidades, queremos invitaros a colaborar económicamente con la ONGD de los Misioneros Claretianos, PROCLADE YANAPAY (Promoción Claretiana de Desarrollo). Y concretamente con el “Programa Educativo Residencial” que la ONGD lleva a cabo desde hace varios años.

Al igual que vuestros hijos e hijas forman parte de un proyecto educativo residencial en el Colegio Mayor de los Misioneros Claretianos en Pamplona, la congregación tiene este proyecto en otros países con chicos y chicas de Educación Primaria y Secundaria, concretamente en Bolivia, R. D. del Congo, India, Tanzania y Uganda.

 

misión en Bolivia
Bolivia

 

La realidad socioeconómica de estos niños y niñas es muy precaria, por lo que desde aquí apoyamos económicamente el funcionamiento de estos Hogares Internados Campesinos y Alojamientos para Estudiantes, con el fin de garantizar una educación en un ambiente digno (tanto de alojamiento, alimentación, higiene y entorno seguro).

 

misión en India
India

 

Para participar y colaborar dentro del programa como persona donante es necesario rellenar una Ficha de Donación.

FICHA DE DONACIÓN

Proclade Yanapay enviará información a todas las personas donantes y el correspondiente certificado de desgravación fiscal (si eres una persona física puedes desgravar de tu donación hasta el 80% en los primeros 250€, por encima de esa cantidad el 40%).

También se puede donar para esta campaña por el Bizum de  Proclade: 38313

Muchas gracias.

Portada de voluntariado

Vivir más allá del colegio mayor: el voluntariado en Larraona

La experiencia universitaria no se limita a las aulas ni a los pasillos de nuestro colegio mayor. Se expande cuando nos acercamos a la ciudad que nos rodea y nos involucramos en su tejido social. En Larraona creemos que ser parte de algo más grande es crucial en la formación de nuestros colegiales.

Es importante que los estudiantes dediquen parte de su tiempo a salir y formar parte activa de la comunidad; por eso promovemos el voluntariado con entidades de Pamplona como D‑Espacio, Casa de Misericordia de Pamplona y Asociación Lagundu Arakil: D-Espacio es un lugar de encuentro que ofrece actividades lúdicas, culturales y deportivas para personas con discapacidad intelectual y sus familias, fomentando su inclusión y desarrollo personal. Casa de Misericordia acoge a personas mayores, ofreciéndoles atención asistencial, apoyo sanitario, rehabilitación, actividades socioculturales y acompañamiento, con el objetivo de mejorar su calidad de vida y promover su integración social. Asociación Lagundu Arakil trabaja con infancia y juventud en situación de vulnerabilidad, brindándoles apoyo escolar, oportunidades de ocio y tiempo libre, así como orientación familiar, favoreciendo su educación, integración social y el desarrollo de valores como la solidaridad, el respeto y la confianza.

D-Espacio: un lugar para compartir actividades

Uno de los programas más consolidados en Larraona es su participación en D-Espacio, una iniciativa creada por familias que buscan un entorno donde las personas con discapacidad intelectual compartan actividades de ocio. Colaboramos en salidas al parque, juegos, talleres o meriendas. El grupo de Larraona suele desplazarse cada viernes y forma parte de la programación semanal del proyecto. La dinámica favorece la convivencia y ofrece a los colegiales y colegialas una forma accesible de iniciarse en el voluntariado.

Joan Ivorra conoció D-Espacio al comenzar el curso y decidió incorporarse. Cada semana forma parte del pequeño grupo que visita el local y participa en las actividades. Destaca que la experiencia le permite relacionarse con personas de fuera del entorno universitario y conoce una realidad que antes no trataba de cerca. También señala que la regularidad del voluntariado facilita que se generen vínculos con los participantes y con los propios compañeros.

Otras opciones: apoyo educativo y acompañamiento a mayores

Además de D-Espacio, Larraona ofrece otras alternativas. Algunos estudiantes se suman a programas de apoyo escolar o lingüístico y otros colaboran con instituciones que trabajan con personas mayores.

Abrar Dhalai, estudiante de primer año, participa en dos iniciativas distintas. “Todos los jueves colaboro con la Asociación Lagundu Arakil, donde ayudo en apoyo de inglés. Y los viernes participo en el voluntariado de Casa de Misericordia”, explica. En esta última, dedica la tarde a conversar con los residentes. “Siempre tienen curiosidad por mi vida, mis viajes y cómo es crecer en Dubái en comparación con España”, cuenta. “Compartimos historias, hablamos de cultura y comentamos cosas del día a día. Muchas veces se trata simplemente de acompañarlos y crear un momento tranquilo para ellos”.

Abrar buscaba oportunidades para colaborar desde que llegó a España. “En mi país no tenía muchas opciones para hacer voluntariado. Cuando supe que Larraona tenía varios programas, tuve claro que quería participar”. De su experiencia, destaca la relación directa con las personas: “Incluso las conversaciones más simples pueden cambiar el día. Me gusta ver cómo se animan solo por tener a alguien con quien hablar. Ellos son amables y siempre tienen historias interesantes. Saber que puedo aportar un rato de compañía hace que todo valga la pena”.

Un programa abierto para cualquier colegial

Los estudiantes interesados pueden incorporarse a cualquiera de los programas durante el curso. La oferta incluye actividades de ocio inclusivo, apoyo académico, acompañamiento a mayores y colaboraciones puntuales con asociaciones locales. Larraona coordina los grupos y facilita el contacto con cada entidad, lo que permite que los colegiales encuentren un proyecto acorde a su disponibilidad y a sus intereses.

El voluntariado se ha convertido en una parte estable de la vida del colegio mayor. Para muchos colegiales, supone una forma práctica de integrarse en la ciudad y de conocer realidades que complementan su formación universitaria, humana y social. El voluntariado les permite dar de vuelta a la sociedad un poco de todo aquello que han recibido.

 

Voluntariado Brasil

Verano con propósito: el testimonio de Amelia Wefer Moltedo

Desde su primer año de carrera, Amelia Wefer Moltedo forma parte de la familia del Colegio Mayor Larraona. Llegó a Pamplona después de haber vivido una experiencia de voluntariado en Roma con una idea clara: no buscaba solo un lugar donde dormir, sino un hogar que le ofreciera acompañamiento humano y espiritual. Y lo encontró. “Jesús es mi lugar seguro, especialmente en los momentos de dificultad o soledad», declara. «Saber que podía acudir a Él tan fácilmente en la capilla del Colegio Mayor fue una de las cosas que más me ayudó a decidir”. En Larraona, descubrió una comunidad donde sentirse en casa, un espacio donde crecer, compartir y vivir su fe con autenticidad.

Estudia Psicología, una carrera que eligió porque sentía que le daba la posibilidad de trabajar en distintas áreas y que le permite vivir su deseo de ayudar a los demás “con fundamento”, como dice ella. Ese deseo también se cultiva día a día en Larraona, donde ha encontrado amistades profundas, como Alba, que, según Amelia, es “uno de los mayores regalos que me ha dado Larraona. La conocí la primera semana en el colegio mayor. Desde entonces me ha acompañado en todas mis aventuras”.

Estudiantes en Brasil

Además, ha participado en proyectos compartidos y ha encontrado mucho espacio para crear: desde clubes y catas de jamón hasta el coro de misa de Navidad. Cada experiencia suma en un entorno que impulsa acompaña y hace posible que todo eso suceda.

“El colegio mayor me ha regalado tiempo: para pensar, para estudiar, y para aprovechar al máximo todo lo que la vida universitaria me ofrece”, cuenta. Con energía y compromiso, Amelia ha hecho de Larraona su hogar y su base para seguir soñando en grande.

Y sus ganas de crecer están presentes no solo durante el curso académico. Este verano, Amelia viajó junto a su mejor amiga Alba, a São Paulo. La idea era conocer el país, porque allí vive su novio con su familia. Pero un paseo tranquilo no les bastaba: “las dos somos personas muy inquietas, y el simple turismo no era lo que buscábamos. Queríamos hacer algo con sentido”. Por eso, se involucraron en varias actividades con el ECYD de São Paulo, un grupo católico de adolescentes vinculado al movimiento Regnum Christi.

Amigas en voluntariado

Aprovecharon lo aprendido en la universidad para preparar sesiones sobre liderazgo y gestión de conflictos. Lo desarrollaron con la ayuda de Magaly Marrodán, la subdirectora de Larraona, quien las ayudó a preparar el contenido de las sesiones. También participaron en misiones por la fiesta del Corpus Christi, visitando favelas y acompañando a las familias. “Sobre todo, acompañamos a los adolescentes del grupo en su propio camino de entrega a esa comunidad”.

Más tarde, en un campamento con niños de 7 a 17 años, se encargaron de la organización, la animación y el apoyo a los monitores. “No era un campamento cualquiera: la diversión no era el objetivo principal, sino la formación humana y espiritual”, describe. Lo que más la marcó fue ver a tantos jóvenes entregarse con alegría, no por obligación, sino por vocación.

Voluntariado católico

El choque cultural más grande fue el idioma: “Empezamos sin entender casi nada, y poco a poco fuimos comunicándonos mejor”, cuenta. Esa convivencia diaria, tan intensa, la hizo crecer. Aunque su familia, venezolana y de origen italiano, ya le había enseñado a moverse entre culturas, esta vez fue distinto: “aprender desde dentro –no como turista sino formando parte de una comunidad– ha sido un regalo que me ha hecho crecer mucho”, dice.

Y sí, también hubo sorpresas inesperadas: “¡nunca antes había probado el corazón de gallina!”, cuenta entre risas.

Un día especialmente duro, quedarse en la cama unos minutos más le hizo ver algo profundo: su ejemplo contaba más de lo que imaginaba. Entendió que los demás la empezaron a imitar, y que su comportamiento era ejemplar. “Mi papel no era simplemente estar allí, sino formar a las formadoras”, explica.

Colegialas en Brasil

“Esta experiencia me ha hecho enamorarme aún más de la etapa de la preadolescencia y la adolescencia”, comenta “aunque a muchos les intimida esta edad”. Hoy tiene claro que quiere poner su formación al servicio de quienes están creciendo y aprendiendo a ser ellos mismos.

¿Y ahora? “Mi plan es no tener plan… aunque eso sí, a ver si este verano por fin logro sacarme el carnet de conducir. ¡Deseadme suerte!”.

Le deseamos mucha suerte y ánimo durante esta última etapa de verano y esperamos volver a verla pronto, cuando empiece el año académico.

Diseño sin título

Viernes de voluntariado en D-Espacio, una experiencia muy valiosa

Desde principio de curso, un grupo de colegiales y colegialas ha participado en un proyecto de voluntariado con D-Espacio, una asociación sin ánimo de lucro ubicada en el centro de Pamplona que ofrece distintas actividades para jóvenes con discapacidad intelectual y sus familias. El objetivo de esta asociación es fomentar la inclusión y el desarrollo personal de estas personas a través de actividades educativas, deportivas y culturales. En nuestro Colegio Mayor, este voluntariado se suma al del acompañamiento de mayores en la Casa de la Misericordia, que lleva funcionando con éxito desde el curso pasado. 

“Es muy distinto de los voluntariados que había hecho hasta ahora, pero con diferencia, es el que más me ha gustado”, afirma Raúl López Pascual, participante de esta actividad. El colegial,estudiante de 1º de Gestión Aplicada en la Universidad de Navarra, es un joven activo al que siempre le han motivado los retos, sobre todo, el de servir a los demás. Ha participado en distintos voluntariados, como en un comedor social o en residencias de personas mayores, pero reconoce que este curso ha vivido una experiencia diferente.

El proyecto se presentó en unas jornadas informativas que hubo en septiembre y a partir de entonces se puso en marcha. Raúl dudó en apuntarse y, aunque reconoce que al principio le imponía un poco, cuenta que pronto se convirtió en una de sus actividades favoritas de la semana.

Funcionamiento del voluntariado

El voluntariado ha tenido lugar los viernes de 18:30 a 20:30h durante el curso. Cada semana han ido unos cinco o seis estudiantes que se han coordinado con la asociación para acompañar al grupo de adolescentes (jóvenes entre 14 y 17 años) que estuviesen apuntados ese viernes al plan. El punto de encuentro habitual ha sido la Media Luna, allí se reunían con los chicos y chicas participantes y desde ese momento, la tarde tomaba el rumbo que el grupo marcaba: un paseo por el centro, juegos en el parque, chuches en la Plaza del Castillo… Incluso, un día, hicieron una sesión de karaoke en la Casa de la Juventud. Si el calendario coincidía y era el cumpleaños de alguien del grupo, la tarde se convertía en celebración. 

 

 

Raúl y Lucía: experiencia y aprendizajes

Raúl comparte uno de los momentos más memorables del voluntariado para él: “Fue el día que hicimos karaoke. Los chicos salieron completamente de su zona de confort y lo disfrutaron como nunca. Fue un viernes distinto, y se notó. Todos nos reímos muchísimo”, cuenta. Esa tarde es un ejemplo del buen ambiente que viven nuestros colegiales y colegialas cada viernes en D-Espacio.

“Pienso que deberíamos de vivir la vida como la viven ellos muchas veces”, reflexiona Raúl. “Hay mucha inocencia, dulzura, todo les sorprende, todo les hace gracia. Deberíamos parecernos un poco más y disfrutar como lo hacen ellos”. En un mundo marcado por un ritmo acelerado, cuenta que este voluntariado le ha enseñado a mirar la vida con otros ojos, a detenerse y a agradecer: “Este voluntariado me ha hecho ser más agradecido. Es muy gratificante, porque ha sido una de esas actividades que te apetece que llegue ya el día, y no solo por ayudar con los chicos, sino porque sabías que a ti también te ayudaba”, explica. Raúl no duda en afirmar que, si el próximo curso se da la ocasión de repetir el voluntariado, lo hará encantado.

 

Lucía Mayendía, otra colegiala que también ha sido voluntaria, destaca que se lleva “recuerdos increíbles” del plan de los viernes.

Cuenta que, entre las muchas lecciones que ha aprendido, la más importante ha sido entender que esta actividad de los viernes no solo consiste en cuidar o enseñar. “Al final y al cabo, ellos tienen casi mi misma edad”, comenta. Para esta estudiante de 1º de Psicología, lo esencial ha sido construir una relación de amistad que va más allá del voluntariado: “Eso creo que lo hemos conseguido”, afirma contenta. 

También comparte una anécdota que le marcó: “Cuando volvimos después de las vacaciones de Navidad y fuimos a verlos el viernes, nos recibieron con abrazos y gritos de alegría. Fue un momento muy especial. Me di cuenta de cuánto nos habían echado de menos”. Al igual que a Raúl, Lucía piensa que esta experiencia le ha marcado. Para ambos, el voluntariado extracurricular del Colegio Mayor ha sido una forma de crecer, aprendiendo a valorar más el tiempo compartido y a cultivar la amistad y la generosidad.  

 

 

Convivencia y valores colegiales

Raúl concluye su testimonio destacando el impacto de la actividad en los colegiales y colegialas que asistían cada viernes: “Nos obligaba a salir de nuestra zona de confort para darnos a los demás”, afirma. Destaca que el proyecto, aparte de haberles permitido acompañar y conocer a estas personas, les ha hecho profundizar en la relación entre los colegiales y colegialas que han participado: “Hemos hecho mucha piña y nos hemos unido mucho”, asegura.

Desde el Colegio Mayor Larraona siempre hemos tratado de impulsar diferentes iniciativas de cooperación y voluntariado, conscientes del inmensa inmensa riqueza que generan, no solo para las personas con las que se trabaja, sino para todo aquel que participa. Son los valores de Jesucristo y de San Antonio María Claret, que nos impulsan a abrirnos y servir a los demás.

Como expresa Raúl: “Es una experiencia enriquecedora que te enseña a ver la vida desde otra perspectiva, desde sus ojos. Y eso, aunque muchas veces no lo parezca, es todo un privilegio que no todo el mundo tiene”. 

Raúl lo resume con una frase que lo dice todo: “un reto divertido que te agranda el corazón”.

 

CABECERA

Think&Beer: La IA y sus límites en el sector sanitario

El jueves 20 de marzo, tuvimos la oportunidad de recibir a María Jorqui, profesora de Derecho Civil en la Universidad Pública de Navarra. Actualmente, la Inteligencia Artificial (IA) está presente en casi todos los sectores y ámbitos laborales imaginables, y la medicina es uno de ellos. Jorqui nos habló sobre los límites éticos y jurídicos en este ámbito tan importante. A la charla asistieron estudiantes de Medicina y Derecho, entre otros.

Jorqui nos planteó durante casi una hora y media los desafíos que la Inteligencia Artificial plantea en trabajos sanitarios. Se discutieron temas como la discriminación en los algoritmos médicos, el uso de datos personales, la normativa vigente y, el tema más debatido: ¿de quién es la responsabilidad en caso de error? ¿De la máquina? ¿Del médico? ¿Del técnico? Todas estas preguntas y más surgieron durante este Think&Beer. ¡Sigue leyendo para conocer más!

 

 

¿Cuál es el rol del profesional?

El rol del profesional sanitario fue uno de los temas más debatidos en la mesa redonda. Los asistentes discutieron con la profesora que la IA debe ser un apoyo, no un sustituto del criterio médico”. También señalaron que la responsabilidad final del diagnóstico recae en el médico, ya que es su deber contrastar los resultados proporcionados por la IA con otras pruebas. Esto se debe a que, como señaló Jorqui, “si los datos del paciente son incompletos o de baja calidad, la IA puede generar diagnósticos erróneos”.

Sin embargo, la responsabilidad total no tiene por qué recaer completamente en el médico, o eso se discutió en el encuentro. Jorqui nos explicó que también se plantea la posible responsabilidad del fabricante del software si el fallo se debió a defectos del sistema.

Los colegiales y colegialas plantearon sus preguntas a la profesora con la intención de saber cómo podrían actuar en el futuro. En la conversación surgieron varios puntos de vista: por un lado, algunos estudiantes de Medicina afirmaron que nunca utilizarían máquinas de Inteligencia Artificial, mientras que otros las consideraban una herramienta muy útil, aunque dudaban en poner la vida de los pacientes bajo su responsabilidad.

 

 

Los derechos del paciente

Un colegial lanzó la pregunta de si un paciente podría decidir que su diagnóstico lo realice un médico en lugar de una IA, a lo que Jorqui respondió que dependería de si se trata de un hospital privado o público: “En el sector público, el paciente solo podrá exigir aquello que esté en la cartera de servicios. En el sector privado, podría elegir según la oferta disponible”.

Como conclusión de la tertulia, Jorqui explicó que se trata de un tema que aún requiere mucha investigación y trabajo, pero hizo conscientes a todos los asistentes de que la IA en el ámbito de la salud no se limita únicamente a la ‘eficacia’; hay muchos otros factores que hay que tener en cuenta, como la responsabilidad legal, la seguridad o el derecho del paciente a la información, entre otros. El uso de la IA ofrece grandes beneficios, pero también plantea riesgos éticos y legales que deben ser regulados y controlados.

Fue una charla muy interesante que llevó a los asistentes a hacerse preguntas sobre el futuro de la medicina, la ética en el uso de la IA y el impacto que tendrá en la relación entre médicos y pacientes sobre el procedimiento en este tipo de casos.

 

 

Complementa muy bien el Think&Beer anterior con el profesor Joaquín Sevilla, en el que debatimos –de manera más genérica– sobre las bondades y los peligros de esta tecnología. ¡Qué importante es mantenerse al día y tener curiosidad por conocer bien los desafíos y oportunidades que nos brinda la tecnología! Agradecemos a todas las personas asistentes por su escucha activa y contribución al diálogo y a estos dos profesionales expertos, María Jorqui y Joaquín Sevilla, por dedicarnos este rato para aprender y reflexionar sobre la IA de forma amena.

 

 

Alumno presentando su proyecto.

Un curso diferente: otro modelo económico es posible

Un curso diferente: otro modelo económico es posible

El pasado 15 de febrero se llevaron a cabo las presentaciones finales del taller «Otro modelo económico es posible», un curso impartido por Jesús Blanco, representante de la ONG Proclade Yanapay en Navarra. Su objetivo es reflexionar sobre los actuales sistemas económicos, presentando alternativas basadas en los principios de la economía solidaria.

A lo largo de varias sesiones, se debatió sobre el poder que tenemos como consumidores y cómo nuestras decisiones pueden impulsar un cambio colectivo hacia una economía más justa. Preguntas como, ¿es posible imaginar un modelo económico basado en los derechos humanos y la sostenibilidad? o, ¿hasta qué punto el estado debe intervenir en la economía para proteger el bienestar de la población? fueron solo el inicio de una exploración que llevó a los participantes al debate y a la reflexión. Te contamos cómo fue.

Equipo respondiendo preguntas de su proyecto.

Empezando por lo primero: ¿qué es la economía?

Durante la primera sesión, a través de un debate abierto, se exploraron diversas teorías sobre qué entendemos por economía. Partiendo de la definición clásica de economía como la gestión de recursos escasos, se pasó a examinar ejemplos de recursos como el tiempo, el agua y los minerales, hasta llegar a los materiales que utilizan las tecnologías actuales como la IA.

Esta discusión llevó a reflexionar sobre cómo el dinero, inicialmente concebido como un medio, se ha transformado en un fin en sí mismo, en ocasiones distorsionando el objetivo de servir al bienestar común. En este contexto, se puso de manifiesto el impacto de las políticas económicas sobre derechos fundamentales, como el acceso a la vivienda, la alimentación y la electricidad.

También se habló del tecno-feudalismo, un concepto que analiza cómo el poder económico se concentra en pocas manos gracias a la tecnología, y cómo el Estado parece estar cada vez más al servicio de estos intereses, en lugar de los de la ciudadanía. El debate en este caso, se centró en la moralidad y la legalidad, y en la propuesta de alternativas que alinean la economía con los derechos humanos y la justicia social.

Alumno dando una presentación

En la piel de agentes clave para la economía

La segunda sesión fue totalmente práctica. Los colegiales y colegialas participantes experimentaron cómo es vivir las tensiones entre las grandes corporaciones, los gobiernos y las víctimas de abusos laborales. Conjuntamente, simularon un juicio relacionado con la tragedia del Rana Plaza, donde en abril de 2013 un edificio que albergaba fábricas de confección se desplomó, causando la muerte de más de 1,100 personas.

Cada persona asumió diferentes roles pertenecientes a tres grupos: las víctimas, el Estado de Bangladesh y las empresas implicadas. Este ejercicio permitió una inmersión profunda en las realidades del mundo laboral globalizado. Las víctimas destacaron el atropello de sus derechos humanos y su falta de recursos para defenderse. El Estado, por su parte, reflejó su vulnerabilidad y la falta de responsabilidad para garantizar la seguridad de los trabajadores, mientras que las empresas intentaron desviar la culpa hacia el cumplimiento de la ley local y la existencia de subcontratas que desconocían las condiciones en las fábricas.

El análisis final se centró en cómo estas realidades pueden ser transformadas a través de la economía solidaria, promoviendo el trabajo digno y la equidad.

Audiencia en la presentación.

Trabajo de campo: investigando las alternativas

Entre el 19 de enero y el 14 de febrero, los participantes realizaron un trabajo de campo centrado en diversas iniciativas de economía solidaria. La tarea consistió en investigar cómo ciertas organizaciones están trabajando para crear un modelo económico más justo, y cómo estas iniciativas pueden servir como ejemplos concretos de transformación social.

Durante este tiempo, los participantes se acercaron a iniciativas como FIARE (banca ética) o Fairphone (teléfonos de comercio justo), entre otras. Analizaron cómo estas organizaciones se estructuran, cómo operan, qué productos ofrecen y, sobre todo, cómo contribuyen a la transformación de la sociedad hacia un modelo económico más inclusivo y sostenible. Las conclusiones las conocimos el 15 de febrero, con una sesión final de presentación y discusión de los resultados.

Alumna presentando su proyecto.

Aprendizajes

Definitivamente, para los colegiales y colegialas participantes ha sido un curso diferente. Les ha obligado a salir fuera de la zona de confort y a mirar la realidad social y económica desde un nuevo prisma, conociendo los retos que presenta nuestro sistema económico actual, pero también las oportunidades de cambio y los actores que trabajan para hacerlas realidad.

Foto grupal de los participantes.

Participamos en las Jornadas de Colegios Mayores 2025

“Si la universidad es el ámbito del pensamiento y de la educación, un Colegio Mayor es la universidad adensada”, así definía esta institución Federico Morán –catedrático de Bioquímica y Biología Molecular– en el arranque de su lección magistral en las XLVI Jornadas de Colegios Mayores Universitarias, celebradas en torno al lema: “Los Colegios Mayores como escuela de ciudadanía y participación.”

Jornadas de Colegios Mayores Universitarias

Un año más, el Colegio Mayor Larraona ha participado en estas jornadas, de la mano de Juan Gallego y Magaly Marrodán –en representación de nuestro equipo directivo– y de nuestros alumnos decanos Eneko de Diego y Alberto Alonso Solano. El evento, celebrado entre los días 13 y 15 de febrero, tuvo como sede el Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid. “Una de las riquezas de este encuentro es que vamos equipos directivos y colegiales, y trabajamos de igual a igual, lo que hace que en el congreso se produzca un diálogo y una combinación de visiones importante y enriquecedora”, afirma Juan Gallego, nuestro director. Y añade: “es una satisfacción ver a los colegiales participantes cómo se involucran y lo mucho que les motivan estas jornadas de convivencia. Enseguida están pensando en aplicar las cosas que han visto y escuchado”.

Equipo del colegio mayor Larraona que asistió a las Jornadas de Colegios Mayores Universitarias.

Tras la apertura, la tarde del jueves se llevó a cabo un taller para identificar barreras y resistencias a la participación en los colegios mayores universitarios. “Se hizo con una dinámica muy novedosa: cada grupo trabajábamos unos temas y teníamos que plasmarlo en un cortometraje de un minuto. Y a partir de ese resultado, al día siguiente se proyectaron las piezas de vídeo en una especie de gala de oscars”, relata Gallego. “Fue una fórmula muy efectiva para conseguir bajar la reflexión al terreno de juego y la experiencia práctica. Si algo me gusta de estos encuentros es que hablas con personas que viven las mismas circunstancias y retos, y nos podemos aportar muchas soluciones prácticas.”

Participante charlando durante el evento.

El viernes, después de la presentación de los vídeos y la entrega de premios, tuvo lugar una nueva dinámica de grupos, titulada “Círculos de palabra”, para crear un decálogo sobre ciudadanía activa y participación en los colegios mayores.

Participantes de la Jornadas de Colegios Mayores Universitarias

Sobre esta responsabilidad ciudadana y el desafío de los colegios mayores en el mundo cambiante en el que vivimos, Morán, en su discurso de apertura, ya había trazado unas líneas maestras que guiaron el debate: “Vivimos en una mutación tan espectacular que nos sentimos prehistóricos de una era nueva. Lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir. Son tiempos críticos. (…) Esta incertidumbre abre una brecha generacional (…) Formarse en la versatilidad es la condición necesaria, aunque no suficiente, para responder en tiempo real a los desafíos de un mundo tan plástico, tan cambiante, tan líquido. (…)  Los colegios mayores desempeñan un rol crucial en la formación de ciudadanos responsables y activos (…) en varias áreas: fomento del pensamiento crítico (…), desarrollo de valores democráticos (…), compromiso social y voluntariado (…) y formación en habilidades interpersonales. (…) No basta con esperar que los gobiernos del mundo lo arreglen todo. Algo tenemos que poner cada uno de nuestra parte y un Colegio Mayor es de los mejores sitios que conozco para comprometerse con los demás. Si no existiesen los Colegios Mayores, habría que inventarlos”.

Participantes durante la jornada.

El reto, a la vuelta de las jornadas, está en implementar estos aprendizajes en la vida cotidiana, en nuestro día a día. “Esta es la tarea que tenemos encomendada y en la que trabajamos habitualmente, aprovechando todo lo que aprendemos al hablar con otros directores de colegios mayores cada año. Para mí las Jornadas de Colegios Mayores se han convertido en una cita imprescindible”, concluye nuestro director.

colegial encargado de voluntariado

Voluntariado en la Misericordia: la experiencia de Juan Moragues

Las labores de voluntariado que realizamos las hacemos a través de la ONG claretiana Proclade Yanapay, pero también contamos con iniciativas de nuestros colegiales. A principios de curso, participamos con algunos estudiantes en la Carrera Contra el Cáncer de Mama de la Asociación Saray, y en navidades, organizaron una recogida de alimentos a favor de las Hermanitas de los Pobres de Pamplona. Ahora, la actividad principal de este curso es el acompañamiento a residentes de la Casa de la Misericordia en Pamplona. Lo descubrimos a través de Juan Mihail Moragues, el encargado de la comisión de voluntariado dentro del consejo colegial.

voluntarios de la carrera contra el cáncer

 

Aprovechando la vida universitaria

 Juan es el menor de cuatro hermanos y viene de Jávea, un pueblo en Alicante. Actualmente está en 2º del grado de Economía con especialización en International Economics and Finance de la Universidad de Navarra. Es el delegado de su carrera y alumno colaborador de la universidad y forma parte, además, de la dirección del club Economics and Society.

Dice que está muy contento con los estudios y con su vida aquí, en todos los niveles. “Pensaba que Pamplona iba a ser una ciudad más aburrida, pero pese a ser tranquila, hay muy buen ambiente y buena fiesta”. Aún así, hay algo que no tiene y es la costa de Alicante. “Hay fines de semana que voy a Sanse solo para ver el mar. Lo echo bastante de menos”.

El colegial vino a Navarra el año pasado sin conocer a nadie. “Había gente del Colegio Mayor que ya se conocía entre sí, pero la verdad es que, a pesar de ir solo, me sentí muy acogido. En menos de una semana hice un buen grupo de amigos; uno de ellos viene conmigo al voluntariado”, comenta.

Asegura que el Colegio Mayor Larraona es “una de las mejores experiencias” que ha tenido en la vida: “Siempre lo recomiendo. Estar en el Colegio Mayor me aporta algo diferente, unas amistades que sé que voy a mantener siempre. Además, académicamente, mis amigos me apoyan mucho. Como varios estudiamos la misma carrera, si tengo un examen sé que el día de antes vamos a estar en la sala de estudios ayudándonos en cualquier cosa”.

 

vista aérea de la ciudadela de Pamplona

 

La experiencia del voluntariado

Todos los viernes a las 17:00h, Juan y un pequeño grupo de colegiales dedica una o dos horas a estar con los residentes de la Casa de la Misericordia. “Vamos a pasear con los abuelos. Les ayudamos con la silla de ruedas, les damos conversación… El objetivo es que les dé un poco el aire”, cuenta Juan.

Normalmente están entre 5 y 10 personas, aunque han llegado a estar casi 20. Aunque lo ideal es que el colegial que se apunte mantenga un cierto compromiso, toda colaboración es bienvenida.

“Nos recibe la encargada y nos asigna a los residentes. Hay algunos a los que hay que prestar más cuidado porque tienen demencia o se ponen nerviosos. Debemos tener paciencia y cuidado. A lo largo del trimestre hemos ido cogiendo experiencia y sabemos afrontar distintas situaciones”, describe.

Dependiendo del día, pasean por dentro del recinto o por fuera, en la ciudadela. Los días que llueve se dedican a jugar al parchís, a juegos de mesa o hacer otras actividades; “lo que surja”, como señala el estudiante. El fin no es tener una ocupación en concreto, sino pasar tiempo con cada residente: centrarse en las personas.

“De semana a semana muchos se olvidan de nosotros y tenemos que volver a recordarles quiénes somos. Nos volvemos a presentar y hablamos de lo mismo, pero sabemos que a ellos les hace felices, que pasan un rato diferente. Para eso estamos”, apunta.

“Al final, incluso los que no se acuerdan, durante esa hora o dos te cogen cariño. Se nota en sus ojos, en la mirada, esa ternura por que alguien haya ido a visitarles. La alegría que ponen es maravillosa”.

Juan confiesa que quería hacer este tipo de voluntariado desde hace bastante tiempo. El colegial tiene la doble nacionalidad española-moldava, ya que su madre es de allá. “Mis abuelos viven en Moldavia. Antes los veía una vez al año, pero hace cuatro años que no nos vemos por la guerra de Ucrania”, comenta. “Ya que no puedo estar con mis abuelos, quiero apoyar a otros, especialmente a aquellos que están sin sus familias”.

En la residencia acompañan sobre todo a los ancianos que se encuentran solos o no reciben visitas. Al igual que ellos se alegran por la compañía de los jóvenes, nuestros estudiantes agradecen la experiencia y el testimonio que les brindan las personas mayores. “Nos cuentan sus historias de hace 60 años y podemos ver perfectamente cómo ha cambiado la sociedad. Pero también nos hablan del día a día. A mí me han dado consejos que he podido aplicar en mi vida cotidiana”, reconoce.

“Es como un intercambio. Nosotros a ellos les aportamos compañía y salir de su zona de confort, que tengan otra cosa que hacer. También les gusta estar con gente joven; nos preguntan qué hacemos, si tenemos redes sociales… Una tarde estuve enseñándole a un anciano Instagram y hablamos de cómo puedes conectarte con alguien que está en la otra parte del mundo”.

Juan lo tiene claro: recomienda a todos los colegiales que participen de esta experiencia. “Además de hacer una labor social, te fortaleces a ti mismo como persona. Aprendes mucho de ir a hablar con ellos, escuchar sus experiencias, oír lo mucho que han sufrido… Cuando sales de ahí te vas reconfortado”.

 

dos ancianos pasean de la mano

 

¿Te gustaría participar? Contacta con Juan Moragues o con el equipo directivo para ser voluntario/a.