colegiales de larraona

La experiencia compartida entre generaciones

La experiencia colegial de Larraona lleva más de cinco décadas perviviendo entre las generaciones de estudiantes a las que vamos acompañando. El 22 de octubre de 2022, en la celebración de nuestro cincuentenario, pudimos comprobarlo gracias a los testimonios que dieron cinco colegiales en la mesa redonda que organizamos. A pesar de las diferencias de edad, relatan vivencias que tienen en común nuestros valores y nuestra identidad.

 

cinco hombres de diferentes edades en una mesa redonda para dar su experiencia

 

“Disfrutábamos de un privilegio enorme”

La mesa redonda comenzó con el más veterano de los antiguos colegiales, “Nano”, el primer decano que tuvo Larraona. Fernando Martínez López estrenó el Colegio Mayor en su inauguración, ya que es uno de los estudiantes de la promoción de 1970. Jubilado, pero muy activo, es de Logroño y estudió Farmacia en la Universidad de Navarra. Además de experiencia en la vida, acumula toda una serie de recuerdos y vivencias del Colegio Mayor, incluso antes de que estuviera abierto:

“Vi la primera maqueta del edificio hacia el año 1966-67, antes de empezar la carrera, en la iglesia de San Fermín de Aldapa. La vi y pensé: ‘Algún día estudiaré ahí’. Ahora cuando he entrado por la puerta se han agolpado un montón de recuerdos de mi primer día”.

Fernando venía de hacer el servicio militar. Estudió 1º de carrera en Zaragoza y a partir del segundo año continuó en Pamplona. Recalca el enorme impacto que tuvo para estos alumnos entrar en el Colegio Mayor, entonces Residencia Universitaria Larraona.

 

hombre con un micrófono dando su experiencia

 

“Entre todos sabíamos que disfrutábamos de un privilegio enorme. En Larraona encontramos los medios con los que soñábamos para vivir nuestra vida. Fundamentalmente, compañeros y libertad, algo difícil en aquellos tiempos. Esa capacidad de autoorganización como no habíamos tenido nunca. Y recursos como la biblioteca que aquí encontré, yo nunca había tenido una”.

El veterano cuenta que fue una época difícil, en la que Franco vivía. Recuerda que en Carlos III los chicos caminaban por una acera y las chicas por otra. En esta etapa compleja y en sus años de juventud, señala que la labor del primer director, José Luis Ortiz de Guinea marcó a esta generación: “José Luis nos obligó a ser nosotros mismos”.

 

hombre señala una foto antigua en la que aparece

 

Así lo explica en un comentario que publicó en las redes sociales antes de la celebración del cincuentenario:

“Fuimos toda una generación que nos hicimos juntos (…) Descubrimos la necesidad de la libertad para vivir, y la responsabilidad para compartir la vida. Aprendimos de la experiencia ajena, y sobre todo de la propia, en forma de errores. Descubrimos y forzamos nuestra adaptabilidad a cualquier situación y circunstancia por distinta que fuese. Nos esforzamos en encontrar los problemas del entorno, a veces en sus más nimios detalles, y recorrimos el aprendizaje para resolverlos y desarrollar la capacidad para hacerlo. Empezamos por conocernos a nosotros mismos con honestidad y en profundidad y, entre todos, nos cambiamos lo suficiente para ser hombres sociales con una visión igualitaria proyectada de cada uno al compañero. Dimos los primeros pasos de lo que hoy se llama inteligencia emocional y empatía porque, de alguna forma, en contra de los autoritarismos que impregnaban el país, necesitábamos complicidad para vivir. (…) Al final, de aquel origen, creo que lo más inteligente que hicimos fue descubrir que no lo éramos más que el resto, y arrancar otra sociedad con la misma gente que en silencio esperaba, aquella generación que cambió el país cuando pudo hablar. La lealtad, la generosidad, la honestidad y la solidaridad nos nacieron de forma tan natural como asumimos la responsabilidad que la sociedad nos pidió.

Fue un lujo para toda la comunidad educativa el poder contar con testimonios como el suyo, y también para él, volver al sitio que supuso un antes y un después en el camino de su vida. “Tenía muchas ganas de volver. Es una enorme satisfacción”.

 

hombre dando su experiencia

 

“Aprender a convivir fue el germen de lo que luego llamamos democracia”

Fernando coincidió en el tiempo con el también logroñés Ignacio Granado Hijelmo, que entró un año más tarde que él, en 1971. Estudió y se doctoró en Derecho y Derecho Canónico y aunque está jubilado, también permanece muy activo. Ha ocupado distintos cargos jurídicos en su comunidad autónoma, entre ellos, presidente del Consejo Consultivo de la Rioja.

“Las experiencias son siempre personales”, empezó aclarando. “Yo entré en 1º y por aquel entonces estaba muy influido por el existencialismo, había sido el mayo francés y entre mis lecturas estaba Sartre y otros autores, era lo que se llevaba. Recuerdo que estaba problematizado mentalmente, haciéndome las preguntas de quién soy, de dónde vengo y a dónde voy. Entonces, cuando llegué aquí, José Luis me abrazó y me dio la bienvenida. Qué naturalidad, pensé. Aquí hay sencillez. Empezaron a desvanecerse esas cuestiones problemáticas con cosas tan naturales como el sentido de la amistad. Necesitaba paz interior y aquí la encontré, dentro del follón que había. Era un ambiente natural”, insiste.

 

director y estudiantes de las primeras promociones del colegio mayor

 

También comenta que empezó a acudir diariamente a la eucaristía: “José Luis no imponía nada, pero proponía, fundamental para el verdadero cristianismo. Iba casi todos los días porque no era obligatorio, era como muy natural”.

Recuerda un ciclo de teología que lo impresionó y, en general, la diversidad de puntos de vista. “Es apasionante ver que hay diferentes formas de ver el mismo fenómeno. Aprender a convivir fue el germen de lo que luego llamamos democracia. Es ese ambiente de libertad, lo de la responsabilidad era algo que solo decía José Luis”, comenta entre risas.

Ignacio era aplicado en los estudios, y se acuerda también de los ratos en la biblioteca, de cuando compartían apuntes y se ayudaban unos a otros. “La relación intergeneracional entre alumnos de distintos cursos era muy rica”. Estos lazos se formaban a través del encuentro informal, pero también en actividades organizadas.

El claretiano Oroz les mandó apuntarse a alguna iniciativa y él eligió el club de música. Descubrió grandes autores y discos que aún conservamos y que los chicos disfrutaban a todo volumen, ya que la sala está insonorizada. “El tocadiscos era magnífico”.

 

periodista sonriendo en el salón de actos del colegio mayor

 

“Voy con orgullo diciendo que pertenezco a Larraona”

Aunque el periodista aragonés Carlos Larroy era el encargado de moderar el debate, aprovechó para compartir brevemente su experiencia, por petición del público. Entró en 2009 y durante su estancia con nosotros, hasta 2012, se encargó de rescatar aquel magnífico tocadiscos del que hablaba Fernando.

“Hubo una época en la que los vinilos estaban desapareciendo. Ahora han vuelto por el rollo vintage, pero entonces esa sala de la mediateca estaba abandonada. Con mi grupo de amigos, nos encargamos de restaurarla”.

 

colegiales y dirección del colegio mayor larraona

 

Aparte de la música, Carlos no olvida la iniciación profesional que el Colegio Mayor supuso para él: “Montamos charlas con políticos. Han pasado diez años, pero ¡cómo pasa el tiempo! Entonces no existían Podemos, invitamos a Rosa Díez cuando estaba UPyD… Me acuerdo de estar en este mismo lugar con diecinueve años, muerto de miedo, con mi compañero Pablo Vega. Mismas luces, mismas cortinas, no han cambiado. Después de cada encuentro subía a mi habitación y escribía corriendo el artículo para mandarlo al día siguiente a Diario de Noticias. Esto era lo máximo”.

Sin duda, la experiencia colegial ha quedado grabada en él: “Aparecí aquí y mi vida cambió completamente. Me acuerdo entrar y decir: ‘¿Qué es esto? ¡Qué maravilla!’. Encontré una pluralidad y un compañerismo brutal. Voy con orgullo diciendo que pertenezco a Larraona.

 

hombre contento explicando su experiencia en el salón de actos del colegio mayor larraona

 

“Vine aquí y lo que vi fue libertad”

Al contrario que Carlos, Jorge García-Marina del Olmo, dice que no empezó con tan buen pie en nuestro Colegio Mayor. “Yo quería ser entrenador de baloncesto y cuando entré, en 1991, en mi primer encuentro con el director Patxi Muguerza me dijo claramente: ‘No, tú has venido aquí a estudiar’.

Se licenció en Ciencias de la Información y esto no le impidió disfrutar de la experiencia colegial. Tanto es así, que incluso revela que ahora cada cierto tiempo, su sueño recurrente es que vive aquí, en Larraona, con su mujer y sus hijos.

“He estado en muchas ciudades y países, pero los cinco años que permanecí aquí han marcado mi vida. Entonces yo no había salido de casa, y aquí conocí a una España diversa, plural.”

Natural de Valladolid, confiesa que su “gran descubrimiento” fueron los gallegos, “una gente extraordinaria”.

 

dos hombres se saludan alegres

 

Lo hemos pasado muy bien y hemos aprendido mucho. Recuerdo con mucho cariño a Javi, que nos enseñó muchísimo. Cuando volvíamos por la noche nos quedábamos hablando con él hasta las tantas. También me acuerdo de las charlas del Dr. Madoz, las pelis, los encuentros con políticos…”

Fueron muchas vivencias buenas, no exentas de momentos complicados. Mencionó que vivieron el secuestro del padre de un colegial. “Eran los años 90 y fueron convulsos en Pamplona”.

A modo de resumen, Jorge destaca la libertad que encontró y el aprendizaje que supuso para él:

“Me parece muy interesante el concepto de libertad. Vine aquí y lo que vi fue libertad. En cuanto a la responsabilidad, veía a los de 6º de Medicina y me parecían mis padres, unos señores responsables que estaban esperando en la puerta antes de que empezara el turno de la comida. Eso me impresionaba”

Maravillado” y “encantado”, por estar aquí, al final de su exposición le recuerdan que sí llegó a ser entrenador de baloncesto aquí, y que ganaron a los colegiales de Belagua en una final.

 

estudiante de medicina dando su experiencia

 

“Aprender de la gente nueva enriquece”

Javier Calvo Serrano es el actual decano de colegiales. Sevillano, estudia 6º de Medicina y lleva aquí desde 2017.

“Yo también cuando estaba en 4º curso había un grupo de colegiales de último año a los que llamábamos los padres de la Medicina. Espero que a quien me vea el día de hoy yo no le imponga tanto”, ríe.

Está agradecido por estos años, aunque reconoce que también se han vivido momentos complicados por la pandemia.

“Ha sido una época difícil. El Colegio Mayor es plural, y había quien quería salir de fiesta o estudiar y con las restricciones y el toque de queda estábamos más limitados. Ha tenido sus más y sus menos, pero al final nos hemos esforzado por mantener el espíritu de compañerismo y amistad, y hemos aprendido a no tirarnos los trastos a la cabeza”.

 

estudiante proclamando una lectura en la misa

 

De esta etapa, destaca todo lo que se lleva a nivel personal:

Enriquece tanto el hecho de estar con gente tan diferente… Te levantas por la mañana con otros doscientos chicos y puedes hablar con cualquiera. Mis padres habían estado en un colegio mayor y por eso yo vine lanzado. Siempre me habían dicho que esos años fueron los mejores de sus vidas y yo puedo decir lo mismo. Incluso los compañeros que se han ido ya, cuando voy a verles me dicen: ‘Qué tiempos en Larra’.”

 

público riéndose

dos hombres sonriendo

“Habéis creado una comunidad, unos lazos de por vida. Una amistad con mayúsculas”

El evento del cincuentenario fue todo un “tsunami de emociones”, un hito en nuestra historia que nos ha ayudado a reforzar los lazos de unión con nuestros antiguos colegiales y a continuar nuestra misión educativa impulsados por el espíritu claretiano fundacional. Por ello, creemos valioso compartir parte del discurso que nuestro director actual, Juan Gallego García, dedicó a todos los asistentes de la jornada.

 

director del colegio mayor dando un discurso en el salón de actos

 

El director comenzó comentando el vídeo del 50 aniversario que se había reproducido previamente, haciendo alusión a la “aventura” que empezó hace 52 años con nuestro primer director, José Luis Ortiz de Guinea, presente en este día. Recalcó el protagonismo que siempre han tenido los colegiales en nuestro proyecto educativo, que busca acompañar y favorecer el desarrollo integral de las personas. En esta misión, el papel de los antiguos colegiales es muy relevante, ya que han vivido este crecimiento personal.

Aquí, en esta vuestra casa, habéis pasado unos años maravillosos: los años en los que hemos pasado de niños a hombres, los años en los que nos hemos comido la vida a bocados. Aquí habéis disfrutado; aquí, en ‘Larra’, habéis estudiado; habéis pasado la noche en vela; habéis sufrido, llorado, reído, desafiado a la autoridad, a las normas…; habéis protestado; habéis pasado resacas o alguna enfermedad, incluso habéis rezado; habéis hablado de amores, de desamores, de proyectos, de ilusiones… y, sobre todo, os habéis ayudado. Os habéis protegido y animado creando una comunidad, unos lazos de por vida. Una amistad con mayúsculas

 

dos amigos abrándose

 

Como Juan remarcó, estos lazos son de por vida, y por eso animó a que los antiguos colegiales siguieran formando parte de este proyecto, “formando un grupo de personas excelentes, influyentes; que cada uno desde su posición actual, profesional, familiar, social, seáis testigos con vuestras vidas de los valores que compartimos”. Estos son: libertad, responsabilidad, confianza, compromiso, solidaridad, tolerancia, diálogo, esfuerzo, generosidad y afecto.

Valores que se reflejan en la definición de nuestra misión educativa: “Somos un colegio mayor cristiano claretiano. Ofrecemos un proyecto educativo basado en el humanismo cristiano y que complementa los estudios universitarios con acompañamiento personalizado para el desarrollo de los ámbitos trascendente, personal y social. Acompañamos a nuestros universitarios en su proceso de crecimiento personal para que puedan afrontar los retos del mundo actual, comprometidos con la creación de una sociedad más humana de acuerdo a los valores del Evangelio”.

Ante esto, el director invitó a la audiencia a pensar de qué manera se ha alcanzado esta misión en sus vidas, qué impronta les ha dejado el Colegio Mayor Larraona y cómo puede seguir llevando a cabo esta labor en la actualidad.

 

estudiantes escuchan el discurso del director del colegio mayor

 

“En mi día a día, en los momentos en los que me toca hacer más de policía que de educador, mantengo la intuición y la confianza de que estamos haciendo algo bueno; de que las enseñanzas que tratamos de transmitir, aunque son recogidas a veces con escepticismo o cierta incredulidad por los chavales, estas lecciones, que siempre tienen que ir acompañadas con el ejemplo, el afecto, la convivencia, la solidaridad; estas reflexiones dan fruto. Es un fruto que se ve y se recoge más tarde, que se hace tronco con el paso de los años. Es un fruto que nos ayuda a hacer mejores nuestras familias, nuestros trabajos; en definitiva, a hacer mejor la sociedad”.

Las personas que han pasado por el Colegio Mayor Larraona a lo largo de estas cinco décadas han ayudado a que crezca esta semilla, hasta convertirse en árbol frondoso, en las vidas de cada colegial.

 

director del colegio mayor hablando a los colegiales

 

“Hoy desde aquí, os hablo al igual que harían José Luis, Patxi, Mikel, José Mari, Félix, Santi, todos los directores que habéis tenido; todos los subdirectores, trabajadoras y trabajadores, como Filo, como Matilde, Angelita, José, Nacho, Charo, Carlos Galarraga, Carlos Pagola, Ortega, Manu y tantos otros; creo que todos os diríamos lo mismo, porque son personas de esta casa que os han cuidado, os han reñido y, en definitiva, os han querido.

El mensaje que os daríamos todos, y me pongo de portavoz, es que renovando los votos de Larraona en esta jornada salgáis ahí fuera a seguir siendo personas comprometidas, dialogantes, generosas, excelentes en vuestra profesión, libres y responsables. Personas de las que arañan la vida, que la agarran, que la quieren cambiar. No de esos que la vida pasa por ellos y se quedan mirando. Que propongáis nuestra misión a vuestra familia, en el trabajo, en la parroquia, en el club. Que transmitamos los valores a nuestro estilo, a corazón abierto”.

 

tunos de larraona escuchando las palabras del director

trabajadores y antiguos colegiales en las escaleras del colegio mayor larraona en pamplona

Un día histórico para nuestra comunidad educativa

El 22 de octubre de 2022, por fin, tras dos años de espera por la pandemia, pudimos festejar nuestros 50 años de historia. Casi un centenar de antiguos colegiales de todos los rincones de España nos acompañaron en esta jornada, en un día histórico para nuestra institución educativa.

 

antiguos estudiantes amigos en el colegio mayor

 

El ansiado reencuentro

Antes de las 11:00 de la mañana ya habían empezado a llegar nuestros invitados. Emocionados por cruzar una vez más nuestras puertas, iban entrando a la que fue y siempre será su casa en Pamplona. Dentro esperábamos trabajadores, dirección, misioneros claretianos y figuras tan destacadas como el claretiano José Luis Ortiz de Guinea, primer director de nuestro Colegio Mayor, Carlos Galarraga, antiguo administrador o Víctor Guerendiain, misionero claretiano y primer director del colegio de enseñanza Claret Larraona.

 

antiguos colegiales viendo fotos en el colegio mayor

 

Tras la recepción y el aperitivo de bienvenida –momentos en los que se dieron muchos reencuentros– los antiguos colegiales pudieron descubrir que habíamos transformado nuestras instalaciones en un museo vivo de nuestra historia, con fotografías y recuerdos de todas las décadas decorando las salas. Fue muy bonito observar cómo se iban encontrando en las imágenes y listados de estudiantes, y comprobar que cada uno de ellos había dejado una huella en su paso por nuestro Colegio Mayor.

 

tres misioneros claretianos en la capilla del colegio mayor

José Luis Ortiz de Guinea, primer director, junto al capellán Josu Jiménez Etxabe y al misionero claretiano Víctor Guerendiáin

 

Mucho por agradecer

A las 12:00 tuvo lugar una eucaristía en la capilla del Colegio Mayor, como celebración del día del padre Claret, el 24 de octubre, y como acción de gracias por nuestra historia. Presidió la misa nuestro capellán, Josu Jiménez, quien comenzó la celebración con estas palabras:

“Sed todos bienvenidos a nuestra celebración de la fiesta del padre Claret y del 50+2 aniversario de la fundación de nuestro colegio mayor. Esta quiere ser una celebración de familia, quiere ser también un tiempo de escucha de la palabra, de renovar nuestros lazos, todos aquellos que en distintas etapas hemos vivido y vivimos en el Colegio Mayor Larraona”

En la homilía, el claretiano habló sobre la vida y el legado de San Antonio María Claret, y recordó a todos aquellos que han seguido su misión evangelizadora y educativa en nuestro centro: “Decía: ‘El amor de Dios me urge, me empuja a evangelizar’. Recordamos agradecidos a todas las personas que han hecho posible y siguen haciendo realidad este deseo de acompañar personas, educando y evangelizando”.

 

público riéndose en el acto de celebración del aniversario

 

Compartiendo entre generaciones 

Después de la eucaristía, bajamos al Salón de Actos para visualizar el vídeo creado con motivo de nuestros 50 años. Nuestro actual director, Juan Gallego, dedicó unas palabras a toda la audiencia, agradeciendo su asistencia al evento y animando a todos a renovar sus votos en esta jornada, para que sigan siendo “personas comprometidas, dialogantes, generosas, excelentes en vuestra profesión, libres y responsables”.

Este espíritu y esta manera de ser es la que luego se reflejó en la mesa redonda que organizamos. Moderada por el periodista Carlos Larroy (entró en Larraona en 2009), reunió a antiguos colegiales de diferentes generaciones: Fernando Martínez López (1970), Ignacio Granado Hijelmo (1971), Jorge García-Marina del Olmo (1991) y Javier Calvo Serrano (2017). Compartieron su experiencia en Larraona y sus sensaciones en esta jornada, con la contribución de algunos otros antiguos estudiantes que se animaron a hablar. A pesar de la diferencia generacional, quedó patente que el espíritu colegial y el sentimiento de pertenencia a Larraona permanece.

 

integrantes de la tuna del colegio mayor larraona

 

Un son imperecedero

Antes de pasar a la comida, realizamos una foto grupal, para inmortalizar este día tan señalado para todos. En el comedor, toda la comunidad educativa, colegiales actuales incluidos, nos juntamos para disfrutar de una comida muy festiva. Estuvo animada por la alegría y las canciones de nuestros tunos, vestidos con sus tradicionales trajes desde la mañana. Muchos no pudieron evitar escaparse a la sala de la mediateca para volver a escuchar a sus vinilos preferidos y recordar grandes momentos de la juventud, gracias a un tocadiscos tan longevo como nuestra historia. Por la tarde, otros disfrutaron bailando con la música en la sesión que habíamos preparado con un DJ, o simplemente conversando mientras oían la melodía de fondo. Sobre todo, el son mejor y el más imperecedero fue el que se escuchó durante toda la jornada: el ruido de las risas y la charla animada de tantas personas a las que hemos acompañado.

 

dos colegiales y el subdirector del colegio mayor

 

A por otros 50 años

En la despedida, todos expresaron su satisfacción por la organización de este evento, y algunos lo han ido plasmando en sus redes sociales: “Qué gusto volver a juntarnos después de tantos años”, “Los amigos son la familia que uno elige, eso lo he podido comprobar este fin de semana único e irrepetible”, “Qué bien lo hemos pasado”, “Gran día. Batallitas, anécdotas, historias… Muchas risas y recuerdos”.

Desde el Colegio Mayor Larraona queremos agradecer a todos los antiguos colegiales que acudieron y a todas las personas que hicieron este encuentro posible. Nos marcamos como reto seguir estrechando la relación con todos los que fueron nuestros estudiantes, y animados por tantos testimonios de los frutos de nuestra acción educativa, continuamos nuestra misión con la esperanza de cumplir otros cincuenta años de historia.

 

director hablando en la comida con los estudiantes

estudiantes en el colegio mayor larraona en 2002

Los recuerdos de Iñigo Jiménez, antiguo colegial y tuno del Colegio Mayor

Iñigo Jiménez Iribarren, de Zaragoza, entró en septiembre del año 1995 en nuestro colegio mayor. Estudió Farmacia en la Universidad de Navarra y permaneció con nosotros hasta el año 1997. En el 2000 se licenció y posteriormente realizó un MBA en el ICADE, dirigido al a industria. Después de trabajar en distribución, actualmente se ocupa de la parte comercial y de marketing en Castilla León de un producto oncológico de una multinacional farmacéutica. En su trabajo ha tenido la oportunidad de coincidir con muchos antiguos colegiales, y siempre que ha podido, ha venido a visitarnos a Pamplona. El día 22 de octubre nos veremos en la celebración de nuestro 50 aniversario, pero antes hemos querido hablar con él para compartir su testimonio con toda nuestra comunidad colegial. 

 

¿Qué recuerdas de tu época en el colegio mayor? 

 

Estar en el Colegio fue una experiencia maravillosa, tanto a nivel de residente como de las actividades, con la tropa que hacíamos entre los doscientos estudiantes. La recuerdo como una época muy divertida, de recuerdos muy gratos. Sobre todo, el ambiente era fantástico. A veces podía ser un poco jaula de grillos, todos yendo de habitación en habitación en la época de exámenes, para liberar los nervios y hacer quinielas. Estábamos a mil intentando repasar. Pero siempre, siempre, siempre, te podías apoyar en alguien, a nivel académico y personal. Todos hacíamos una pequeña gran familia.  

 

estudiantes amigos en habitación del colegio mayor larraona

Colegiales en Larraona, 1995

 

¿Qué relación sigues teniendo con esta ‘familia’ tan grande? 

 

Veintisiete años después, hasta el día de hoy, mantengo una relación estrechísima con los colegiales de esos años. ¡Y lo que nos queda! Sería muy difícil para mí dejar de lado esta parte de mi vida. Veraneo en el Mediterráneo y siempre quedo con varios compañeros del colegio mayor para vernos, ya con nuestras familias. Siempre hacemos por juntarnos. 

 

¿Cómo conseguiste trabar estas amistades? 

 

Mis amigos venían de tres sitios, siempre vinculados con el colegio mayor. En primer lugar, estaban mis compañeros de la Facultad de farmacia. En segundo lugar, el resto de los colegiales de aquellos años. Recuerdo que en la semana de entrada a los nuevos se nos abría el cielo. Llegábamos a una ciudad nueva, sin saber quién era nadie y automáticamente sentíamos que podíamos conocer a muchísimos colegiales. Y, por último, pertenecía a la tuna del colegio mayor. Ahí hice muchísimos amigos con los que aún mantengo la relación. Fue un instrumento para conocer antiguos colegiales, que ya habían dejado el colegio mayor pero que seguían manteniendo un vínculo muy estrecho con Larraona. 

 

integrantes de la tuna en la entrada del colegio mayor larraona en el año 1996

Tuna del Colegio Mayor Larraona, 1996

 

Cuéntanos más sobre la tuna.  

 

Con el Colegio Mayor Larraona como epicentro, todos los fines de semana íbamos por ahí a rondar a otros colegios mayores y a los pisos de las estudiantes. Por ejemplo, el día de san Valentín íbamos a cantar a Santa Clara y cenábamos ahí. Era una actividad muy intensa, que nos permitía conocer a muchísimos compañeros de la tuna de otros colegios mayores, de la universidad… Actuábamos en becas y en eventos de otros centros. Intentábamos dejar el pabellón de nuestro colegio mayor bien alto, y por lo que me consta, así era. Aparte de la tuna, que es una cuestión más ociosa, también recuerdo el trofeo rector, e incluso los pequeños grupos que se formaban jugando al ajedrez, que ayudaban a conocer gente. En la tuna, aparte de hacer el ganso, tocaba la guitarra y cantaba.  

  

Sabemos que en su día hubo una pequeña web sobre nuestra tuna, animada por todos vosotros. 

 

Esa web es un tesoro. Es una mini página que estaba en obras permanentemente. Cuando la hicimos, aún estaba empezando internet. Entonces teníamos un compañero, “Peru”, que trabajaba en el centro tecnológico de la Universidad, y para nosotros era algo así como Bill Gates. Tuvimos una vida muy activa durante esos años, que quedó reflejada ahí. Ganamos muchos premios en certámenes: en Granada, Madrid, Toledo… Algunos estuvieron incluso en Francia, en un festival de culturas del mundo. Esos trofeos andarán aún por el colegio mayor. 

 

estudiantes de la tuna con trofeos en el colegio mayor larraona

Tunos en la fiesta de bienvenida de 2022.

 

Nos quedamos con ganas de escuchar de nuevo a los tunos, ¿es posible un reencuentro el día de la celebración de nuestro cincuentenario? 

 

¡Por supuesto! El día 22 vamos a ir veintitantos con nuestros trajes y guitarras. En total somos muchos más de los que vamos a venir, pero no está mal como número, que ya muchos peinamos canas. ¡Alguno tendrá que mirar si le cabe el traje de antaño! 

 

¡Qué ganas de que veros a todos! 

 

Tenemos muchísimas ganas del aniversario. En concreto, tengo muchas ganas de ir a mi antigua habitación, abrir la puerta y verla. Sé que habrá cambiado, pero tengo ganas de revivir esa sensación. Recuerdo cuando me marché del colegio mayor, esa impresión de primera mudanza, de que me llevo las cosas físicas pero me dejo todos los buenos ratos que he pasado en la habitación, aunque también ha habido malos, como las noches de estudio previas a un examen. Quiero ver cómo está ahora, cómo han cambiado las personas en la recepción. Recuerdo con mucho cariño a Filo, Mª Ángeles, Tere, Javier, a José, el cocinero… Algunos se quejaban, pero yo creo que siempre hemos comido maravillosamente bien. Son sensaciones que tengo ganas de recuperar. Creo que nunca hemos dejado de formar parte del Colegio Mayor, siempre lo hemos llevado en el corazón. Y por supuesto, tengo ganas de coincidir en la celebración con muchos amigos y antiguos colegiales.  

 

tuna del colegio mayor larraona en el ayuntamiento de palma de mallorca

Tuna en el Ayto. de Palma de Mallorca, 1999.

 

Aparte de esos buenos recuerdos y sensaciones, y de las grandes amistades, ¿qué dirías que te ha aportado pasar por el colegio mayor? 

 

En primer lugar, me dio un sentimiento de pertenencia. A todos nos gusta tenerlo. Ser un colegial de Larraona era un símbolo, una consideración maravillosa. A veces nos llamaban chapones o empollones, pero no importaba. Había gente muy lista y muy buena en muchos sentidos, que luego han desarrollado unos carrerones profesionales. Yo estaba contento de poder compartir espacio y convivencia con gente brillante. De entre mis amigos de la tuna hay médicos que son eminencias… Y pensar que he tenido la oportunidad de jugar a la pocha o de tomar una cerveza con ellos. También hay abogados muy reputados o muy buenos empresarios. Por encima de todo, sabes que todos son magníficas personas, que en cualquier momento te puedes juntar a echarte un café como hace veinticinco años.  

 

Magníficas personas, y cada una diferente de la otra.  

 

Éramos muy distintos; doscientos en el colegio mayor, cada uno de su padre y de su madre. Eso nos enseñó a amoldarnos, a ser capaz de tratar y estar a gusto con todos, ya fueran de diferentes zonas geográficas, tendencias políticas o convicciones religiosas. El simple hecho de que a veces se llenara la mesa y nos tocara comer con gente distinta (con gente del pasillo, o con alguien de Humanidades, o de Medicina…) nos ayudaba a adaptarnos y relacionarnos con todos. Desde una base de valores sólida y común (de respeto y consideración hacia el otro), Larraona te aportaba esa diversidad que aprendías a interiorizar. Luego esa flexibilidad es muy útil, la vida te pone en muchos bretes.  

 

amigos de la tuna con guitarras y comida en un piso de pamplona

Reencuentro de tunos en Pamplona, 2018

 

En la celebración del aniversario, coincidiréis antiguos colegiales y colegiales actuales. ¿Qué les dirías a los estudiantes de hoy en día? 

 

La época universitaria es un tiempo fantástico. Les diría que lo aprovechen, que lo disfruten, que se esfuercen por pasar por el colegio mayor y aportar algo, que dejen parte de sí mismos ahí y se llevarán algo mucho más grande, que merece la pena. Es como dicen, pasa tú por la vida y no que la vida pase por ti. Que participen en las actividades y aprovechen para conocer a gente fantástica, para generar una pequeña familia. No van a ser conscientes de todo lo que se llevan, ¡que no dejen de disfrutar ni un minuto! 

 

Muchas gracias, Íñigo, por tu tiempo y tu cariño. ¡Nos vemos muy pronto! 

 

cd con canciones de la tuna del colegio mayor larraona 

estudiantes del colegio mayor larraona en el día de becas. foto antigua

¡Queda menos! El 22 de octubre celebramos nuestro cincuentenario

Con mucha ilusión, estos días preparamos el evento de celebración de nuestro 50 aniversario. Tras dos años complicados por la pandemia del covid-19, este curso vimos la oportunidad de congregar a nuestros antiguos colegiales y festejar con ellos, como se merece, las cinco décadas de vida de nuestra institución educativa. El lema del aniversario, “50 años acompañando personas” centrará la jornada, poniendo el énfasis, precisamente, en las personas. En un clima de reencuentro y convivencia, recibiremos a los antiguos colegiales y pasearemos por nuestras instalaciones. Celebraremos una misa en la capilla del Colegio Mayor y tendremos una mesa redonda con la participación de colegiales de distintas promociones. A continuación, disfrutaremos de una comida festiva en el comedor, en el que también estarán los colegiales actuales. Juntos, esperamos pasar una sobremesa y una tarde gozosa (en la que también se espera alguna que otra sorpresa), que sirva como colofón para un gran día de muchas emociones.

 

inscripcion al evento del 50 aniversario

 

Unas palabras de nuestro director, Juan Gallego García

“Después de dos años de pandemia, podemos por fin festejar nuestro 50 aniversario. Es una ocasión para celebrar que aquella aventura, aquel reto que supuso para nuestro primer director, José Luis Ortiz de Guinea, iniciar la aventura de Larraona, marcada por la identidad claretiana y su lema libertad responsable, lema que sigue hoy vigente, con la misma actualidad, adaptado a la sociedad de hoy.

Queremos también celebrarlo, apostando para que los próximos 50 años, sigamos ofreciendo este espacio donde se pueda experimentar la libertad, creciendo en la responsabilidad, en un entorno donde podamos “crecer como personas” y “viviendo con y para otros”, como dice nuestro actual colegial decano Javier Calvo.

Y en ese proyecto compartido, actualizado, donde la misión claretiana sigue siendo el faro de nuestro proyecto educativo –el acompañamiento y el desarrollo integral de las personas–, queremos contar especialmente con vosotros, con los antiguos colegiales. Sois parte de este proyecto, seguís formando parte de nuestra comunidad educativa, ayudándonos a desarrollar nuestra identidad y siendo embajadores de la misma allí donde os encontráis.

Por ello, os animamos a venir a celebrarlo el próximo 22 de octubre, coincidiendo con la celebración con los colegiales y comunidad educativa de la fiesta de San Antonio María Claret (24 de octubre). A los que no podáis venir esta vez, os animamos a que contactéis con nosotros, nos visitéis, nos tengáis al día de vuestros retos personales y profesionales para seguir compartiendo esa huella que la experiencia Larraona ha dejado en nuestras vidas y seguir formando parte de esta extensa familia, en esta, vuestra casa”. 

INSCRÍBETE AL EVENTO

 

calle de nueva york cerca de la universidad de columbia

Medicina personalizada, New York y Pintxos | Entrevista a Álvaro Curiel

Tenemos la suerte de contar con una gran comunidad de antiguos colegiales, repartidos por todo el mundo. En esta ocasión, nos conectamos con Estados Unidos para hablar con Álvaro Curiel (Palencia, 34 años), antiguo colegial becado con la mención de honor en 2016.

Licenciado en Biología y Bioquímica, hace tres años terminó su tesis doctoral en el CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) en Madrid, y desde entonces se dedica a la investigación en la Universidad de Columbia, Nueva York. Su principal proyecto es un ensayo clínico de la universidad en colaboración con el Hospital Presbiteriano de la ciudad. Él se encarga de la parte experimental, en la que utilizan modelos animales humanizados y herramientas de inteligencia artificial para analizar muestras de pacientes de cáncer de páncreas y poder ofrecer medicina personalizada.

Siempre tuvo claro que quería dedicarse a la investigación, y eso fue lo que le llevó a cruzar el charco, para aprovechar esta oportunidad que se le brindaba. Participar en todo lo posible y disfrutar de cada cosa es algo que le caracteriza desde que estaba con nosotros. En esta entrevista que hemos tenido el placer de realizar, hablamos con él sobre su experiencia en Larraona, su trayectoria profesional y su vida en la ciudad que nunca duerme.

 

estudiante colegial en Larraona

 

Álvaro, ¿podrías resumir en qué consiste tu labor de investigación?

 

Intentamos encontrar compuestos que sean efectivos para tratar cada tipo de tumor en pacientes con cáncer de páncreas. Cuando pensamos en cáncer solemos englobarlo como un todo, pero la realidad es que el cáncer es diferente según el órgano en el que esté dado, según el estadio y también según la persona. Cada paciente es diferente. Por eso, para empezar, necesitamos entender cuál es la biología concreta del tumor para poder tratarlo de la mejor manera.

 

¿Cuál es el proceso de trabajo para dar con el tratamiento personalizado?

 

Cuando nos llega la muestra del paciente, lo que hacemos, por un lado, es secuenciar, es decir, miramos todas las características que tiene ese tumor. Aplicamos una serie de algoritmos matemáticos y herramientas bioinformáticas para poder predecir cuáles son los mejores tratamientos para ese tumor en concreto. Y simultáneamente a este análisis de inteligencia artificial, generamos ratones humanizados con otra parte de  ese tumor. Los hacemos crecer en el laboratorio para probar los compuestos que el algoritmo predice que pueden ser mejores, y ver si hay algún tratamiento que genera un beneficio. Hablamos con el hospital cada mes, nos reunimos y les presentamos los datos para tomar una decisión sobre si se realiza ese tratamiento. Luego el paciente es el que tiene que dar el consentimiento. Si él deja de responder satisfactoriamente al tratamiento, hacemos una pequeña biopsia y volvemos a mirar el algoritmo de predicción del mismo compuesto, para ver si el tumor ha cambiado las características que identificamos para poder tratarlo. El mayor reto de este cáncer es la supervivencia, es uno de los tumores más letales que hay. Sobre todo, se da en adultos, y el problema es que está ahí “guardado”: cuando muestra su cara puede estar bastante avanzado y suele haber metástasis. Entonces ya es bastante más complejo.

 

Por tanto, el tiempo es un factor clave que juega en vuestra contra.

Cuando los estadios son avanzados tenemos un tiempo limitado, una media de unos cinco o seis meses para poder completar el estudio. Al principio fue un poco complicado, porque había que empezar de cero y hay que poner las cosas a punto, pero intentamos llegar al final. Hemos conseguido finalizar el estudio para dos pacientes y estamos en conversación con el hospital y también con las diferentes compañías para intentar que nos suministren determinados compuestos para estos pacientes. Durante todo este proceso al paciente se le sigue tratando con lo que en inglés se llama el ‘standard of care’, que corresponde a los tratamientos convencionales para este cáncer.

 

Nos has explicado la dificultad que entraña este proyecto en concreto. ¿Qué es lo más satisfactorio de este trabajo?

 

El hecho de ver que estás intentando ayudar al paciente. Las investigaciones más básicas son igual de importantes y necesarias; necesitamos conocimiento para poder aplicarlo a las diferentes enfermedades: cáncer, diabetes… las que sean; pero en este caso tenemos más contacto con los enfermos y cuando las cosas funcionan, ves un poco la luz. Aunque yo no los conozca personalmente, sé que hay pacientes que dependen en cierta manera de lo que hago aquí. Por otra parte, a nivel de investigación e independientemente del proyecto en el que esté, para mí es una gran satisfacción el hecho de pensar que soy la primera persona en el mundo que estoy viendo ese dato generado de esa manera. Todos queremos que salga un dato positivo, pero en ciencia el 90% de los experimentos no salen. Aún así, es gratificante lanzarse a hacer algo de una forma concreta, tener una hipótesis y comprobarla o rechazarla, sabiendo que eres la primera persona que lo hace. Es algo que a mí me encanta y que me da fuerza tantas veces.

 

investigador en el laboratorio con mascarilla

 

Como dices, es una labor gratificante, pero ardua. ¿Cuál dirías que es el perfil de una persona que se quiere dedicar a la investigación?

 

Hay muchas características, pero yo destacaría cinco. Por un lado, hay que ser curioso, hacer preguntas que nadie más se ha hecho. La penicilina, por ejemplo, se descubrió porque se dejaron una placa abierta y empezó a crecer algo, pero en vez de tirarlo se preguntaron qué era eso. Esa curiosidad es importante. Además, para poder avanzar, hay que ser creativo y leer mucho, no solamente de ciencia, de todo. Es una ayuda para tener la mente abierta, porque muchas veces no hay una única respuesta, hay varias y muchos caminos. Por otro lado, un investigador tiene que ser colaborativo. La ciencia no se entiende sin colaboración. Existen muchos grupos de investigación, congresos, proyectos, que a veces trabajan en lo mismo. Lo que queremos todos es aportar nuestro granito para ayudar a los pacientes. También hay que ser crítico, analizar los datos para ver si son biológicamente relevantes, si los datos contrastan con lo esperado, y buscar respuestas desde la rigurosidad y la crítica. Y la última característica es la perseverancia. Como he dicho, en ciencia el 90 o 95% de las veces salen mal las cosas, y a veces van bien pero de repente dejan de salir por motivos que no conocemos. Entonces hay que seguir, hay que ser perseverante. Estos cinco puntos se pueden aplicar a otros muchos trabajos, pero para mí son los pilares fundamentales de un buen investigador.

 

Volviendo un poco más atrás, un paso antes de la investigación, nos gustaría saber cómo surgió tu vocación científica. ¿Por qué elegiste estudiar Biología y Bioquímica?

Suelo decir que soy un médico frustrado. Hice las pruebas de acceso en Medicina en Pamplona, pero no me cogieron y la licenciatura que más se parecía en ese momento era la de Biología. Y bueno, lo que yo tenía claro sí o sí es que quería ser investigador. Además, sabía ya que quería dedicarme a investigar el cáncer, para poder entender qué es y cómo podemos ayudar a hacerle frente. Cuando acabamos el primer ciclo de Biología, nos dieron la opción de estudiar también Bioquímica y, como tantos compañeros, elegí hacer la doble carrera. Me ayudó muchísimo a afianzar los conceptos y a aprender nuevos, que estoy aplicando a día de hoy.

 

Además de los conocimientos académicos, ¿con qué otros aprendizajes te quedas de tu etapa universitaria?

 

En el caso de la Universidad de Navarra, destacaría la figura del asesor y de los profesores. Cuando llegas y aún cuando sales estás en pleno proceso de maduración, y este tipo de perfiles te ayudan. Yo, por ejemplo, no era el mejor estudiante, y tener un asesor académico me sirvió mucho. También el estar en un colegio mayor me hizo empaparme de ese ambiente de estudio. Personalmente, me ayudó muchísimo. Enseguida hice amigos con los que todavía tengo relación, también con gente de dentro del Colegio Mayor. Ese desarrollo personal fue muy importante y, además, creo que la ciudad se presta bastante a eso. A mí por lo menos, me ayudó a ser más extrovertido, noté un cambio. Y pienso que para la investigación y para casi cualquier trabajo es importante tener ciertas capacidades de socialización.

 

Estuviste toda la carrera universitaria en el Colegio Mayor. ¿Por qué elegiste entrar en Larraona?

 

Estuve mirando las diferentes opciones que había de colegios mayores y residencias y me decanté por Larraona porque era la que más se ajustaba a lo que yo buscaba, a mi manera de ser y a las inquietudes que yo tenía. Quería un sitio en el que pudiera ser yo mismo y donde tuviera la libertad de hacer distintos tipos de actividades. La ubicación al lado del campus de la universidad sumaba mucho y también me gustaron las instalaciones (el gimnasio, las pistas deportivas…) y el tipo de eventos que ofrecía el colegio mayor. Yo, por ejemplo, me apunté varios años al taller de ecología, a los mercados solidarios…

 

Participabas intensamente en la vida colegial y también fuiste entrenador de fútbol del CD Pamplona. Casi no parabas a descansar, ¿no es así?

 

Poco (ríe). Tengo una filosofía que me inculcó una buena amiga de Pamplona. Me dijo: “Métete en todos los follones que puedas”. Y eso hice. Hay que medir fuerzas, por supuesto, y yo tenía claro que estaba ahí en primer lugar para estudiar. Pero todo lo que pude hacer extra fue muy enriquecedor y me ayudó mucho a nivel personal. Por ejemplo, entrenar fútbol tiene poco que ver con hacer un experimento aquí, pero me ha dado una capacidad de colaboración y de trabajo en equipo, como he comentado, un pilar fundamental. Tuve suerte de juntarme con otros colegiales inquietos. Carlos Larroy, por ejemplo, que fue uno de los fundadores de la sala de la mediateca. Recuerdo con cariño aquel día en que hicimos un piscolabis para celebrarlo… y cómo acabó todo (vuelve a reír).

 

¿Qué otros momentos te vienen a la cabeza cuando piensas en tu etapa colegial?

 

El primer momento es cuando entré. Es decir, el día en el que fui con mis padres, me despedí y ya empezó una etapa totalmente nueva, con gente que no conocía y también con los veteranos. Es un momento que recuerdo con mucho cariño, esa sensación de “¿y ahora qué?”, “¿qué viene ahora?”. Podría contar una infinidad de anécdotas de esos años. Por último, algo que siempre recordaré es cuando me dieron la Beca de Honor. Que me dijeran que había pasado por allí y había dejado huella es algo que a mí me llena, algo por lo que estoy muy agradecido.

 

Dejaste huella en Larraona, pero también el colegio mayor dejó huella en ti. ¿Qué ha aportado en tu vida?

 

Sobre todo, a nivel personal, me ayudó en mi proceso de madurez. Conocí y entablé amistad con estudiantes de personalidades tantas veces opuestas, con diferentes maneras de ver el mundo. Eso enriquece mucho y me aportó toda una serie de valores que van más allá de la titulación académica. Es lo que ofrece el colegio mayor y hay que aprovecharlo.

 

colegial con beca en larraona

 

En ese sentido, ¿qué consejo le darías a un colegial actual?

 

Que se involucre en todo lo que pueda dentro y fuera de la universidad. Que sus recuerdos de la universidad no se limiten a estudiar. La carrera te abre muchas puertas, pero el desarrollo personal es tanto o más importante. Y para eso son fundamentales todas las actividades que se ofrecen en el Colegio Mayor y en Pamplona, aunque no estén relacionadas directamente con los estudios. Y, por último, ¡que aprovechen los pintxos! Luego se echan de menos cuando estás en el extranjero.

 

¿Qué otras cosas echas en falta?

 

Vivo en una ciudad, Nueva York, que te ofrece lo que quieras y adaptado a tu bolsillo, si eres un poco inquieto. Pero sí que es verdad que la calidad de vida que hay en España es muy valorable. Y por supuesto, el tema de la sanidad pública, que no existe en los Estados Unidos.

 

¿Y qué aprecias más de estar allá?

Una cosa que me ha gustado descubrir es que el sueño americano existe. Es decir, la gente tiene una capacidad de reciclaje espectacular y esto se ha visto con la pandemia. Han cerrado muchos negocios, pero otros nuevos han abierto; aquí es muy típico cambiar de trabajo y atreverse a emprender. Me parece muy interesante esa inquietud de querer avanzar, querer mejorar. El perfil del funcionario que lleva cuarenta años en el mismo puesto es muy difícil de ver. Otro aspecto es la multiculturalidad; yo no me siento extranjero en Nueva York, ¡conviven 180 culturas y se hablan más de 190 idiomas! Es muy enriquecedor trabajar y tener amigos de todas partes del mundo. Quedamos para hacer un picnic en Central Park y cada uno lleva algo de su país, yo, por ejemplo, preparo una tortilla de patatas. Eso está a la orden del día y, personalmente, me encanta.

 

Debido al covid, no has podido viajar a España en los últimos tres años. ¿Cómo ha sido la experiencia de la pandemia ahí?

 

A nivel personal fue muy duro. Estaba fuera de casa y lejos, al otro lado del charco, y claro, cerraron las fronteras con Europa. Es verdad que afloró un sentimiento social que yo no me esperaba. Aquí la gente se volcó, los investigadores también. En el laboratorio estuvimos haciendo PCRs e íbamos todos los días al hospital. Fue un gran choque ver a médicos en urgencias que vivían las veinticuatro horas allá por el miedo a contagiar a sus familiares en casa. Yo cogía la bici y hacía veinte o treinta kilómetros llevando por Manhattan kits para extraer ARN o lo que hiciera falta. En los grupos que se formaron, en unas semanas se habían procesado casi 25.000 muestras, una barbaridad. Fue duro, pero todos sentíamos la necesidad de ayudar. Ahora estamos mucho mejor.

 

Si pudieras venir volver este año a España, ¿te animarías a venir al evento del cincuenta aniversario?

 

Ojalá. Honestamente, me encantaría. De hecho, tenemos un grupo de WhatsApp con amigos del colegio mayor y ya están todos comentándolo. Me haría mucha ilusión poder ir.

 

Y a nosotros que vinieras, ¡esperamos poder verte aquí pronto! Te mandamos desde Pamplona un abrazo muy fuerte y nuestros mejores deseos.

 

beca colegio mayor larraona

Nuestro día de Becas: tres promociones se reencuentran

El pasado 2 de abril se celebró uno de los días más especiales para nuestro Colegio Mayor: el día de Becas. Se trata de un evento con especial tradición en el colegio, en el que se reconoce a los colegiales que han pasado tres años con nosotros y se da un regalo a los que residen aquí hasta finalizar sus estudios. Asimismo, otorga Becas de Honor a ciertas personas que tienen un vínculo especial con nosotros. 

Este curso, nuestras becas han sido especialmente importantes, ya que, a excepción de las Honor, tres generaciones de colegiales han sido becados: los del curso actual y los dos anteriores (2019-2020 y 2020-2021). A raíz de la pandemia, no pudimos celebrar el acto para estas dos promociones. Como explica Juan Gallego García, director de nuestro colegio, “fue muy emotivo para estos, especialmente para los que vivieron el confinamiento, ya que por culpa de la pandemia no tuvieron una despedida en condiciones”. Parece mentira que se hayan cumplido dos años desde entonces… ¡Qué rápido pasa el tiempo! Por todo esto, nuestro día de becas fue una jornada llena de reencuentros y homenajes significativos.  

colegiales becados del colegio mayor larraona

Unas 150 personas, entre becados, familiares y personal del Colegio Mayor nos reunimos a las 19 de la tarde en el salón de actos, donde se celebró el evento. Previamente, estaba previsto realizar un paintball entre colegiales y excolegiales, pero la tremenda nevada que cayó Pamplona ese día lo impidió. Sin embargo, al final del acto los becados celebraron una cena para disfrutar de su reencuentro. Y es verdad que la nieve dio un toque especial a las fotos para el recuerdo. 

dia de becas en el salón de actos

El acto fue inaugurado por Rosalía Baena Molina –Vicerrectora de alumnos de la Universidad de Navarra-, primera Beca de Honor y a la que pedimos presidir el homenaje. Se proyectó a continuación el vídeo del 50 aniversario de nuestro colegio, que podéis ver aquí. Tras esto, Javier Calvo, decano actual del colegio, hizo una lectura sobre la memoria de actividades en estos últimos dos años en el que pudimos disfrutar de una amena y sentida presentación con fotografías. En su discurso, el colegial reconoció las dificultades vividas a raíz de la pandemia: “el COVID no trajo solo la ausencia de becas, sí, durante dos años. Esta pandemia trajo una ardua batalla entre esta familia y la pandemia. Compaginar estudios con pasárnoslo bien y cumplir las medidas se hizo duro”. Además quiso hacer una mención especial a Félix Zubiría, antiguo director, claretiano, que falleció el año pasado: Yo no lo conocí tanto, pero siempre fue una persona cercana, muy atenta y observadora y que hice mucho por este Colegio y la Comunidad”.  

Rosalía Baena en el dia de becas Colegio Mayor Larraona

El actual decano del colegio terminó alegrándose de la vuelta a la normalidad en el colegio después de estos dos años tan difíciles: “Aunque me deje muchas cosas chulas en el tintero, el colegio mayor durante estos años se ha renovado, pero también ha vuelto a lo que solía ser. Un espacio para empezar esa vida universitaria, ese camino por la carrera, e ir ganando experiencia con otros colegiales, con otros que acabarán siendo tus amigos en lo que decían mis padres, y digo también yo, una de las mejores etapas de nuestra vida”. Seguidamente a sus palabras, el antiguo colegial y decano Jesús Zorrilla Ruiz -actualmente Gerente de Comunicación y Relaciones Externas de Volkswagen Navarra, también becado honoríficamente-, compartió con nosotros una elocuente lección magistral bajo el nombre de “Nuevos tiempos, viejas preguntas”.

becados en el colegio mayor larraona

Tras los discursos, pasamos a otorgar las becas a los excolegiales que pasaron tres años en el Colegio Mayor: Enrique Basterrechea Ortolachipi, Alfonso Boned Torres, Javier Calvo Serrano, Sergio Cámara Peña, Diego Gutiérrez Misas, Guillermo Magallanes Santesteban, José Cristóbal Barrabés Santa-Bárbara y Carlos San Pedro Araújo. Los de la promoción 20-21, Roberto Bolívar Trueba, Francisco Javier Crego Martínez, Álvaro García Leciñena, Pablo Nieto Pérez, Raefe Philips, Ricardo Romaní Eusa y Aner Urbón Jiménez. En cuanto a la promoción del curso actual, los colegiales becados han sido Eduardo Díaz Pérez, Ignacio Domingo Cardelnal, José Manuel Fábregas Urzola, Ignacio Iribarnegaray Barrenechea, Gonzalo Molina-Olea Portales, Emilio Pedrosa Cardenal, Manuel Suárez Jiménez y Guillermo Urra Aspe y Borja Rodriguez Manzano.  A continuación, recibieron una placa como obsequio aquellos que terminaron y van a terminar sus estudios junto a nosotros. Fueron Álvaro Casado Iglesias, Igor García Díez-Andino y Daniel Orive Mauleón (promoción 19-20); Saúl Palomo Álvarez y Sergio Cámara Peña (promoción 20-21); y por último Ander Aristondo González y Jorge Pellejero Fernández (promoción 21-22). 

Por último, entregamos las Becas de Honor a cuatro personas que hemos considerado fuentes de inspiración, apoyo y que guardan una relación importante con nuestro centro. Además de a Rosalía Baena y Jesús Zorrilla, las recibieron el p. Ricard Costa-Jussà, miembro de la congregación claretiana y, recientemente, nombrado máximo responsable de la Provincia a la que ha pasado a corresponder este Colegio Mayor Larraona; a Alumni Collegecompuesto por los Colegios Mayores Aldaz, Goimendi, Goroabe y Olabidea en Pamplona, y por el Colegio Mayor Jaizkibel en San Sebastián-, en reconocimiento a su importante labor educativa, humana y profesional.

Durante el acto, tuvimos la fortuna de contar con un conjunto de vientos del Conservatorio Superior de Música de Navarra para amenizar el evento. En el cierre, todos entonamos junto a los músicos el tradicional himno académico Gaudeamos Igitur. Después, disfrutamos todos de un aperitivo-cena en el que continuaron los reencuentros, las fotografías, los recuerdos y las “puestas al día”.

 

dia de becas en el colegio mayor larraona

A los colegiales y excolegiales becados: muchísimas felicidades. Gracias por haber compartido estos años junto a nosotros, y a vuestras familias por haber confiado en el Colegio Mayor Larraona para acompañaros durante una de las etapas decisivas de vuestras vidas. Gracias también a los Becados de Honor de este curso, por vuestra guía y consejo. Os agradecemos especialmente a todos vosotros, colegiales, familias y amigos, el apoyo y el trabajo realizado durante estos dos últimos años de pandemia, que sin duda han supuesto un reto para afrontar el día a día.
A todos los que habéis hecho posible este día: ¡muchísimas gracias!

Continuaremos trabajando para compartir y crear un universo irrepetible para los colegiales, con un apoyo cercano y comprometido con vuestro crecimiento libre y único. 

 

publico en el salón de actos del colegio mayor larraona

Nuevos tiempos, viejas preguntas

La lección magistral del día de Becas fue impartida por Jesús Zorrilla Ruiz, doctor en Filosofía y Letras, profesor en la Universidad de Navarra y actualmente gerente de comunicación en Volkswagen Navarra. El antiguo colegial y decano, becado honoríficamente este curso, estuvo en el Colegio Mayor Larraona durante sus estudios de Ciencias de la Información en la Universidad de Navarra (1979-1984).   

 

hombre haciendo un discurso en el salón de actos

 

Contactamos con él en 2020 para que fuera el ponente de las becas de ese curso, pero debido a la pandemia, hemos tenido que esperar hasta este año para becar a los colegiales de 2021-2022 y de los cursos pasados (2019-2020 y 2020-2021). En medio, en noviembre de 2020, Jesús Zorrilla vino a dar una charla sobre imagen personal a los colegiales. Ya entonces coincidió con el hijo de un compañero antiguo colegial, Borja Rodríguez Manzano, que fue quien condujo la ceremonia el pasado 2 de abril. Una historia de reencuentros, de muchos recuerdos, que se producen inevitablemente al volver a un lugar considerado una casa. Así comenzó el discurso de Zorrilla: 

“No recuerdo la fecha exacta. Pero sería un día cualquiera de septiembre de 1980. Llegué al Colegio Mayor Larraona como imagino que llegamos todos: con una mezcla de despiste descomunal e ilusión incontrolable por la salida definitiva del nido. Me imagino que la primera persona a la que vi fue a Tere o a Mariángeles en la recepción. Sí recuerdo los saludos protocolarios entre el entonces director del colegio, mis padres y yo. Y la primera entrada a la habitación 241 en la que estuve todos los años de la carrera. También recuerdo, y en este caso con mucha nitidez, que tras la despedida de mis padres salí a dar un paseo hasta el centro de Pamplona. Pío XII se parecía más a un camino de cabras que a la avenida que conocéis”. 

 

estudiante colegial en el dia de becas

Jesús Zorrilla estrecha la mano al colegial becado Borja Rodríguez

 

Una época que puede parecer lejana para los colegiales de ahora, así como lo son los acontecimientos que se produjeron en aquel entonces a nivel internacional. Sin embargo, volviendo la vista atrás y mirando a la actualidad, hay circunstancias que no se llevan tanto: “Antes fue la guerra de Irak, ahora es la de Ucrania; antes fue Chernobil, ahora es Fukushima; antes fue el Nevado del Ruiz, ahora es Cumbre Vieja; antes fue la dictadura de Pinochet, ahora es la de Maduro…”, señaló. “Pero hay algo que os aseguro que no ha cambiado en absoluto desde que el mundo es mundo. Es la búsqueda del sentido de la vida. Miles de millones de personas se han hecho y se siguen haciendo las tres viejas preguntas de siempre: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? 

El ponente habló del relativismo que impera en la sociedad e incluso la falta de interés por el planteamiento de estas cuestiones más profundas: “Os debéis formular esas preguntas para que vuestras acciones respondan a un plan de vida coherente. Porque, como decía el filósofo, dramaturgo y crítico francés Gabriel Marcel: ‘Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive’. Y creo que no hace falta que os diga lo peligroso que es autojustificarse para no ver lo que no se quiere ver. O, dicho de otra manera, pocas cosas hay más peligrosas que acertar por la razón equivocada. Porque el aprendizaje es negativo”. 

Incidió en el valor del esfuerzo, más que en el resultado, apoyado en el famoso poema de Antonio Machado, Caminante no hay camino: “En ese caminar del que hablaba Antonio Machado no todo vale. En contra de lo que pensaba Maquiavelo, el fin no justifica los medios. Aunque no seáis creyentes, recordad, en cualquier caso, lo que dijo san Juan Pablo II el 16 de octubre de 1978, al iniciar su pontificado, dirigiéndose a los jóvenes: ‘No tengáis miedo’. Y, si sois creyentes, recordad que tras esa frase añadió con voz firme: ‘¡Abrid las puertas a Jesucristo!’”.  

 Zorrilla terminó citando a Aristóteles, animando a los jóvenes a leer al filósofo como ayuda para para responder al quién soy, de dónde vengo y dónde voy: “’La verdadera felicidad consiste en hacer el bien’. Que seáis felices. Hoy y el resto de vuestra vida”. 

 

dos hombres se estrechan la mano en el día de becas

El director Juan Gallego impone la beca y felicita a Jesús Zorrilla

 

vinilos antiguos en la mediateca del colegio mayor larraona

Recuerdos de un colegial – La experiencia de Pablo Vega Panedas

Hay cosas que nunca se olvidan. Aquellos lugares donde fuimos felices y, sobre todo, las personas que nos acompañaban. Lo sabe bien Pablo Vega Panedas, antiguo colegial de Larraona y amigo nuestro ya para siempre. Cuando le preguntamos cuáles son sus mejores recuerdos de aquí, responde sin dudarlo: “Cuando nos juntábamos todos en las cenas de Navidad. También las celebraciones de la primera semana, cuando recibíamos a los nuevos colegiales. Siempre se les recibía con cariño, con los brazos abiertos. Se les intentaba integrar.”

acto de becas colegio mayor larraona

Alfonso Sánchez-Tabernero impone la beca al colegial Pablo Vega Panedas

 

Vínculos que no se pierden

Pablo dejó Palencia para venir a Larraona en septiembre de 2008, dispuesto a comenzar sus estudios de Periodismo en la Universidad de Navarra (2008-2012). “Me junté con gente de la carrera, de Periodismo y Comunicación Audiovisual, un grupillo bastante majo de gente, y con los que entraron nuevos ese año”, cuenta. Aun sin considerarse una persona especialmente sociable, señala que siempre se sintió bien en el Colegio Mayor.

“Personalmente, me vino muy bien convivir con gente de otras especialidades y provincias de España: Asturias, Galicia, Aragón, País Vasco, Andalucía… ¡De todos los lados! Me sirvió para abrirme y hacer un esfuerzo de convivencia, de estar en contacto con otras realidades. Fue una experiencia muy bonita, uno se siente realizado”, señala.

Ese grupo de compañeros se convirtió en amigos, y no de cualquier tipo. “Yo me sigo llevando ahora con ellos. Había gente estupenda, empezando por la dirección, los de secretaría, los de recepción, los de la limpieza… Hay que aprovechar para establecer vínculos que te acompañen en la vida de adulto, en Larraona se hacen amigos para toda la vida. ”

estudiantes brindan

Inauguración de la mediateca

 

El plus: mucho más por descubrir

Pablo describe esta época como muy completa. “Te dejaban libertad para poder expresarte y entrar en las dinámicas de grupo según tus afinidades. Organizábamos charlas, conferencias… Había vidilla en el Colegio Mayor, y eso es lo que se valora”.

Como colegial, contribuyó a crear ese ambiente, apoyando que vinieran invitados del mundo de la comunicación y de la política. Por ejemplo, en marzo de 2011, organizó junto a Carlos Larroy e Íñigo Gómez Zubeldía un ciclo de conferencias para dar voz a las minorías nacionales, con invitados como Gaspar Llamazares (IU) o Rosa Díez (UPyD). También recuerda a Antonio Basagoiti (PP), Patxi Zabaleta (Nafarroa Bai)… “Intentábamos aumentar la pluralidad, que vinieran personas de todo el arco parlamentario, a nivel local y nacional”.

Pablo recuerda la sensación de estar pendiente y sentirse responsable, del momento en que se llenaba el Salón de Actos y aparecía el invitado.  “Es una época en la que todavía estás saliendo del cascarón. Hasta los dieciocho años vives en un entorno más cercano, aquí tienes el vértigo de sentirte más responsable. No te van a estar vigilando, eso te permite  madurar ciertos comportamientos y darte cuenta de que no estás tú solo en el mundo. Estás en contacto con la vida social, no solo estás encerrado en las carreras y preocupaciones. El Colegio Mayor te ayuda a darte cuenta de que no todo empieza y acaba en tus cosas. Hay mucho más por descubrir.”

Como que una sala usada para almacenar trastos viejos puede convertirse en una estupenda mediateca. “Los que estábamos en esa época hicimos una propuesta para mejorar la sala. Organizamos los vinilos y pedimos una tele de plasma para poder ver películas”.  Dieron buen uso al nuevo espacio, a la que acudían a escuchar música y, en el caso de Pablo, a “los más grandes”: “El rock de los 60-70, muchos clásicos de esa época: David Bowie, Dylan, los Beatles…”, lista.

un grupo de estudiantes amigos en la plaza del castillo en pamplona

Pablo y un grupo de amigos en la Plaza del Castillo

 

Acompañamiento, la clave también en lo profesional

Pablo explica que se organizaba con tiempo para el tema de los apuntes, repartiendo el trabajo entre los compañeros. Y asegura que le fue bien. “Entre varios hacíamos un esfuerzo para estudiar cooperativamente. Trabajábamos en equipo y nos iba mejor. También venía gente de fuera de Larraona a estar con nosotros”. Se reunían en una de las salas de estudio de abajo para hacer las tareas y preparar bien los exámenes. “Es mejor ir con tiempo, más tranquilo, así vas poco a poco interiorizando las cosas”.

Cuando acabó Periodismo, Pablo realizó el máster de la Universidad de Navarra en Comunicación Corporativa, y después de trabajar en el mundo de la comunicación, actualmente se dedica a la docencia en Palencia, dando clases a estudiantes de ESO y FP. Intenta guiar a estos jóvenes, que atraviesan una etapa importante. “Viven cambios y transformaciones a nivel intelectual, físico y emocional. Hay que guiarles en eso. Uno intenta hacer de mentor, de figura de referencia, para que ellos vayan descubriendo su propio camino”.

Él encontró el suyo poco a poco, en el marco de un proceso de maduración personal.

“Desde el principio vas a la universidad con una idea preconcebida. Y vas encontrando a gente que te va marcando, influenciando, si eres un poco abierto. Cuanta más gente te acompaña y te ayude, mejor te darás cuenta de lo que eres capaz de hacer”.

Por eso recomienda socializar lo máximo posible y estar abierto a buscar alternativas. “Igual tienes una idea y en la práctica no te funciona. Cuando tienes dieciocho años y te pones a hacer una carrera, piensas que va a ser la carrera de tu vida, pero quizás tienes que estar abierto a hacer algo más: otra carrera, un máster, unas oposiciones… Hay que seguir formándose todos los días. Eso a nivel profesional se valora mucho”.

Hay momentos para todo, lo importante es saber aprovecharlos, por eso anima a exprimir al máximo la experiencia a todos los colegiales actuales, y a no preocuparse con lo que venga. “El camino es largo y está lleno de oportunidades. Que disfruten a tope de la experiencia, del momento, de lo que se puede sacar del estudio, del Colegio Mayor y de la gente que lo forma. El futuro no está escrito, no hay que angustiarse por eso”.

estudiantes hacen una maniobra de primeros auxilios

Aprendiendo sobre primeros auxilios con antiguos colegiales

Nuestra experiencia es que los colegiales siempre vuelven. A saludarnos, a recordar buenos tiempos, y a compartir con nosotros su experiencia. Y no solo en forma de Think&Beers. El primer martes de noviembre nuestros colegiales tuvieron un taller práctico de primeros auxilios y RCP (Reanimación Cardiopulmonar) impartido por los antiguos colegiales Luis Gómez Rodríguez y Alberto de Juana, de la asociación EqÜES (Equipo de Urgencias y Emergencias Sanitarias). Alberto está en 6º de Farmacia y nos cuenta cómo fue el taller. “Estamos varios antiguos colegiales en la junta directiva y queríamos ofrecer esta formación enriquecedora a un centro que nos ha aportado tantísimo”, señala.

grupo de estudiantes universitarios

Alberto de  Juana (tercero por la izquierda en la fila de abajo) con otros colegiales en la cena de Navidad de 2016.

 

Enseñando a salvar vidas

EqÜES nació en febrero de 2016 de la mano de tres estudiantes de Medicina: Raquel García, Inés Zugasti y Rebecca Peña, que por entonces estaban en 2º de carrera. Un año más tarde, en 2017, se incorporaba Alberto, atraído por las formaciones que daban y por la premisa de que todo el mundo tiene derecho y debería tener unos conocimientos mínimos sobre primeros auxilios.

“Se dieron cuenta de que la primera causa de mortalidad en España son los accidentes cardiovasculares, y la segunda, los cerebrovasculares”, explica el antiguo colegial. “El tiempo es vital. En estos casos, un retraso de 10 o 15 min en la actuación puede suponer la muerte. Por eso pensamos que, si más o menos todo el mundo tuviera una base sobre cómo actuar, podríamos darle la vuelta a la situación”.

Empezaron a dar charlas en colegios e institutos y se constituyeron como asociación. Han impartido formaciones en multitud de centros educativos en Navarra (centros de Formación FP, cursos CAP) y, recientemente, también en La Rioja y Barcelona. En 2019 ganaron el premio ABC de salud en la categoría de voluntariado universitario. Gracias a una subvención, ese verano pudieron viajar hasta Abancay, Perú, en colaboración con Tantaka, el servicio de voluntariado de la Universidad de Navarra.

“Por desgracia, la educación sanitaria en otros países no tiene nada que ver con la nuestra”, comenta Alberto. Ayudaron en hospitales y formaron a policías y bomberos, entre otros. “Fue una locura. Formamos a más de 10.000 personas. Pudimos realizar una gran labor”, declara.

equipo de voluntarios en perú

La aportación de la Farmacia

Alberto fue el primer farmacéutico en ser parte de EqÜES, proporcionando un punto de vista más centrado en la farmacología y en sustancias como las drogas.

“En clase vimos el último ESTUDES, una encuesta sobre el uso de drogas que realizan cada dos años en alumnos de secundaria de España. Es alucinante la cantidad de menores que consumen, y cada año va en aumento”. El estudiante alerta de que muchos problemas como enfermedades mentales o comportamientos delictivos se podrían prevenir si se evitase el consumo de drogas.

Nuestros actos tienen consecuencias más allá de nosotros mismos. Se podría mejorar la calidad de vida de los jóvenes que consumen y de sus familias, porque no solo brinda infelicidad para ellos, su familia y entorno también queda afectado. Es una realidad un poco dura, pero a la que es necesario enfrentarse”.

Alberto ha decidido hacerlo impartiendo formación específica sobre estos temas en centros educativos como institutos y centros de FP, para fomentar entre los estudiantes el pensamiento crítico y aportar información veraz sobre esta cuestión. “Han tenido muy buena aceptación. Incluso ha habido personas que pasado un tiempo nos han dado las gracias, porque han podido decir que no a las drogas y se han dado cuenta de cómo han afectado a sus compañeros”, cuenta.

alumno practica reanimacion con un maniquí

De vuelta en Larraona

El taller sobre primeros auxilios en el Colegio Mayor incluyó diferentes ejercicios de inmovilización, reanimación, etc., que los colegiales que participaron pudieron practicar. Acudieron más de una decena de ellos, entre los que se encontraba el decano, Javier Calvo, que conocía a Alberto.

“Cuando entré en Larraona, además de hacer mi grupo de amigos, entablé mucha relación con mis veteranos de Farmacia y con estudiantes de Medicina”, explica. “Los veteranos me acogieron desde el primer momento, como a un cachorro. Ahora me sigo llevando con ellos. Son amistades muy arraigadas, que con suerte, espero conservar toda la vida”, confiesa.

Llegado desde un pueblo de Huelva, “en la otra punta de España”, Alberto comenzó su vida universitaria con los miedos y la ilusión de quien empieza de cero. “Cuando llegué a Larraona me sentí en casa desde el primer instante. El ambiente familiar, las actividades… Me pareció una maravilla. Recuerdo con cariño ese año, me marcó bastante”, concluye.

Queremos agradecer a la asociación EqÜES su labor, y aprovechamos para recordar y animar a todos nuestros antiguos colegiales a visitar la que fue y seguirá siendo su casa.