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Visita a Larraona de los nuevos delegados y coordinadores del servicio de Admisión de la Universidad de Navarra

El pasado martes 8 de septiembre recibimos en el Colegio Mayor Larraona la visita de un grupo de nuevos delegados y coordinadores del Departamento de Admisión de la Universidad de Navarra que se encontraban en Pamplona con motivo de unas jornadas de formación y preparación del nuevo curso.

En el encuentro participaron una decena de profesionales vinculados a diferentes áreas de admisión e incorporación de estudiantes de la Universidad: coordinadores de centros, responsables de ámbito nacional e internacional y delegados que desarrollan su labor en distintos lugares de España y otros países, entre ellos Japón, los países bálticos, Polonia o India.

Dentro de estas jornadas, visitaron varios colegios mayores en Pamplona, conscientes de que el alojamiento constituye uno de los aspectos que los futuros y futuras estudiantes valoran a la hora de elegir universidad. Larraona fue uno de los centros que pudieron conocer de primera mano.

Durante la visita, nuestro director, Juan Gallego García, tuvo la oportunidad de explicarles qué es Larraona, cuál es su origen y cómo se articula su relación con la Universidad de Navarra. Nuestro Colegio Mayor está adscrito a la Universidad y es titularidad de los Misioneros Claretianos, que confían la gestión del proyecto académico al Equipo Directivo que, eso sí, trabaja en coordinación con la comunidad claretiana.

Una parte importante del encuentro estuvo dedicada a presentar nuestro proyecto educativo y la identidad que lo sostiene. Desde los principios rectores de los Misioneros Claretianos, el ideario y el proyecto educativo hasta el régimen de convivencia, compartimos con ellos cómo se concreta en el día a día nuestra propuesta formativa.

Larraona quiere ser un espacio de formación integral, inspirado en los valores del humanismo cristiano y respetuoso con la forma de pensar de cada persona. Nuestro proyecto contempla las dimensiones individual, social y trascendente, y busca acompañar a cada colegial y colegiala en su proceso de crecimiento.

Uno de los ejes de este acompañamiento es nuestro lema: ‘Libertad responsable’. Se trata de ayudar a quienes pasan por Larraona a ganar autonomía, asumir responsabilidades y desarrollar valores como el esfuerzo y la generosidad. Para ello, procuramos estar presentes y ofrecer diferentes herramientas y espacios de acompañamiento durante toda la etapa universitaria.

El proceso de admisión, en noviembre

También hubo tiempo para abordar cuestiones más prácticas relacionadas con la incorporación al Colegio Mayor: el proceso de admisión, los plazos, los servicios, las tarifas y las diferentes opciones de alojamiento. En este sentido, explicamos también la importancia de solicitar plaza con suficiente antelación, ya que el proceso de admisión de Larraona comienza pronto: en noviembre.

La visita permitió además recorrer las diferentes instalaciones y espacios de Larraona: las habitaciones, la biblioteca, las zonas de estudio, el comedor y la elaboración de un menú saludable, y las instalaciones deportivas, entre otros. De esta manera, pudieron conocer de primera mano los espacios en los que se desarrolla el día a día de quienes viven en el Colegio Mayor y los servicios que tienen a su disposición.

Fue, en definitiva, una visita muy fructífera que permitió al equipo de Admisión de la Universidad de Navarra, -que se va renovando continuamente-, conocer más de cerca el modelo de alojamiento y formación que ofrece Larraona, y a nuestro equipo le permitió compartir el proyecto que desarrollamos cada día junto a la comunidad claretiana.

Un encuentro que refuerza la colaboración entre ambas instituciones y que nos permite seguir trabajando para que quienes estén pensando en estudiar en la Universidad de Navarra puedan conocer, desde el primer momento, las diferentes opciones para vivir y formarse durante sus años universitarios.

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Una noche muy esperada: así vivimos la tradicional Fiesta de Bienvenida

El pasado jueves por la noche, Larraona volvió a celebrar una de las citas más esperadas de los primeros días del curso: la tradicional Fiesta de Bienvenida, una noche especialmente pensada para quienes se incorporan por primera vez al Colegio Mayor.

La celebración comenzó con un encuentro con la comunidad claretiana y una eucaristía, un momento de reflexión y bienvenida, en el que se habló de lo que significa formar parte de Larraona y de esta comunidad que, más allá de ser un lugar donde vivir durante los años universitarios, quiere ser también una familia que acoge, acompaña y ayuda a crecer.

Después llegó uno de los momentos más esperados de la noche. Las escaleras y el pasillo que conducen al comedor se convirtieron en el escenario de la tradicional entrada de los nuevos y nuevas colegiales. Uno a uno, con sus mejores galas, fueron bajando las escaleras y atravesando el pasillo mientras los veteranos y veteranas les recibían entre aplausos. Un gesto sencillo, pero cargado de significado: una forma de decirles que ya forman parte de Larraona y que aquí tienen su sitio.

La emoción dio paso a una cena de picoteo, con una amplia variedad de platos que permitió disfrutar de la gastronomía y, sobre todo, de la conversación. Fue también una noche para las fotografías: vestidos, trajes y muchas ganas de guardar un recuerdo de una de las primeras grandes celebraciones del curso.

Y después de la cena llegó el momento del baile. La música, a cargo de un DJ, se adaptó a los gustos de los colegiales y colegialas, que pudieron disfrutar de la noche junto al personal del Colegio Mayor, que también se sumó a la celebración.

Además, cada colegial tuvo la posibilidad de invitar a una persona cercana. De esta manera, las puertas de Larraona se abrieron también a amistades y personas importantes para quienes viven aquí. Incluso algunos antiguos colegiales regresaron a la que durante un tiempo fue su casa para compartir la noche con sus amistades.

Hasta las doce de la noche, la pista de baile fue un espacio de encuentro, diversión y convivencia. La última canción marcó el cierre de la fiesta en el Colegio Mayor, después de una noche intensa que se disfrutó hasta el último momento.

Más allá de la celebración, esta Fiesta de Bienvenida tiene un significado especial dentro de la vida de Larraona. Es una de las primeras ocasiones en las que las nuevas incorporaciones pueden relacionarse de una manera más distendida con quienes ya llevan tiempo en el Colegio Mayor. Poco a poco, los nombres empiezan a convertirse en caras conocidas, las conversaciones se multiplican y los primeros grupos comienzan a formarse.

Una noche alegre, elegante y, sobre todo, de acogida. Una celebración para dar la bienvenida a quienes comienzan su camino en Larraona y para recordar que la vida colegial se construye también a través de estos momentos compartidos.

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Una aventura en el Irati: rafting, naturaleza y nuevos vínculos

Este pasado sábado 5 de septiembre, 38 nuevos colegiales y colegialas de Larraona participaron en una actividad de rafting organizada en la Foz de Lumbier. Una jornada de naturaleza y aventura que permitió seguir conociéndose y compartiendo experiencias fuera del entorno habitual del Colegio Mayor y de la Universidad.

La jornada comenzó desde primera hora, con el viaje en autocar hasta la Foz de Lumbier. El trayecto fue también una primera oportunidad para compartir conversaciones y seguir creando ese ambiente de confianza que poco a poco va dando forma al nuevo grupo.

Una vez allí, llegó el momento de ponerse el casco, subir a las barcas y lanzarse al río Irati. Organizados en grupos de unas ocho personas por embarcación, tuvieron que remar en equipo, coordinarse y seguir las indicaciones de los guías para avanzar por el recorrido. Cada barca contaba además con sus propios capitanes, que ayudaban a orientar al grupo durante la actividad.

El día acompañó con un tiempo espectacular, perfecto para disfrutar de un entorno natural tan especial. El recorrido estuvo marcado por las risas, el trabajo en equipo y algún que otro chapuzón. De hecho, la jornada terminó con toda la expedición en el agua, poniendo el broche más divertido a una mañana que se disfrutó muchísimo.

Pero el rafting fue también una oportunidad para conocer mejor la Foz de Lumbier. Los guías fueron explicando diferentes aspectos del entorno, desde su formación geológica hasta la fauna y la flora de la zona, además de compartir detalles sobre esta reserva natural y uno de los lugares más emblemáticos del paisaje navarro.

Más allá de la actividad deportiva, compartir una experiencia de aventura como esta tiene un valor especial durante los primeros días de vida colegial. Remar juntos, ayudarse, afrontar cada tramo del recorrido y compartir las mismas emociones permite descubrir a las demás personas de una manera diferente a la que ofrece el día a día en el Colegio Mayor o en las diferentes facultades.

El turismo de aventura, y además tan cerca de Pamplona, ofrece un contexto privilegiado para generar vínculos. En una barca, cada persona tiene un papel y el grupo necesita trabajar unido para avanzar. Son experiencias que ayudan a romper el hielo, favorecen la convivencia y permiten que las nuevas amistades comiencen a surgir de una forma natural.

 

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Una bienvenida para compartir, descubrir y disfrutar: deporte y barbacoa

Las Jornadas de Bienvenida de Larraona, como cada curso, han estado llenas de momentos pensados para que los nuevos colegiales y colegialas comenzaran a conocer el Colegio Mayor, sus instalaciones y, sobre todo, a las personas con las que compartirán esta nueva etapa.

Entre las actividades del primer fin de semana hubo tiempo, además de para la visita guiada por Pamplona, también para el deporte y para disfrutar de una comida al aire libre.

El sábado por la mañana tuvieron la oportunidad de conocer el polideportivo. La visita sirvió para descubrir sus instalaciones, conocer al personal y acercarse a las diferentes actividades que se pueden realizar durante el curso.

Para ello, se organizaron cuatro grupos que fueron rotando por distintas propuestas. Cada grupo pudo participar en una sesión de spinning de media hora, probar MMA y kick boxing, acercarse a actividades como zumba o GAP y terminar con una sesión de cross training.

Además de practicar deporte, fue una buena ocasión para conocer las salas y todas las posibilidades que ofrece el polideportivo, con una amplia variedad de actividades y horarios.

Una barbacoa para terminar el fin de semana

El domingo, después de la visita guiada por Pamplona, llegó otro de los momentos más distendidos de la bienvenida: una barbacoa al aire libre en el patio del Colegio Claret Larraona que ya se ha convertido en tradición.

Con música, buena comida y un ambiente relajado, el grupo pudo disfrutar de un rato diferente. Hamburguesas, panceta, txistorra, ensaladas y otros platos preparados desde el servicio de comedor acompañaron una comida en la que también participaron colegiales y colegialas más veteranos, que estaban invitados a compartir este momento con las nuevas incorporaciones.

Más allá de la comida, la barbacoa permitió disponer de un espacio de tiempo libre para conversa y conocerse mejor.

Así, entre deporte, convivencia y momentos de encuentro, fueron avanzando las primeras jornadas del nuevo curso.

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Descubriendo Pamplona: una mañana para conocer la ciudad

Dentro de las actividades de bienvenida, el pasado domingo los nuevos colegiales y colegialas tuvieron la oportunidad de descubrir Pamplona de una manera diferente: a través de una visita guiada por el centro histórico de la ciudad.

A las 9:30 de la mañana, el grupo salió caminando desde el Colegio Mayor Larraona rumbo a la Plaza del Castillo, punto de encuentro con las guías. Allí se organizaron en tres grupos y comenzó una ruta por algunos de los lugares más representativos de Pamplona.

Durante el recorrido conocieron parte de la historia de la ciudad, además de numerosas curiosidades y detalles relacionados con sus calles, sus tradiciones y, cómo no, con los Sanfermines. La división en grupos hizo que la visita fuera más cercana y permitiera disfrutar de las explicaciones con tranquilidad.

La ruta pasó por lugares como la Plaza del Castillo, el Ayuntamiento, el Caballo Blanco y diferentes calles del Casco Histórico. Para quienes ya conocían Pamplona, fue una oportunidad para descubrir nuevos detalles de la ciudad; para quienes acababan de llegar, una primera toma de contacto con el centro y con el lugar que será su casa durante los próximos años.

Al finalizar la visita, cada grupo quedó libre para regresar al Colegio Mayor a su ritmo. Algunas personas aprovecharon además para participar voluntariamente en la misa antes de poner el broche a la mañana con una barbacoa en Larraona.

Una jornada pensada para conocer la ciudad, pero también para compartir tiempo, conversar y seguir creando los primeros vínculos entre quienes empiezan ahora su etapa en el Colegio Mayor.

*A: MONTXO A.G.
*F: 2026-08-28
*L : PAMPLONA  (NAVARRA)
*T: COLEGIO MAYOR LARRAONA LLEGADA PADRES Y ESTUDIANTES

Un nuevo comienzo: así fue este fin de semana la bienvenida en Larraona

El pasado viernes, 28 de agosto, el Colegio Mayor Larraona volvió a llenarse de maletas, familias, nervios y mucha ilusión. Comenzaba una nueva etapa para las colegialas y colegiales que este curso se incorporan al Colegio Mayor, -más de 120-, y, con ella, también empezaba a tomar forma la comunidad que compartiremos durante los próximos meses.

Desde primera hora los espacios de Larraona fueron cobrando vida. Llegaban las primeras maletas, tocaba registrarse y las habitaciones comenzaban a convertirse en nuevos hogares. Para muchas personas era también el primer encuentro con quienes serán sus compañeros y compañeras de estudios, de actividades y de vida colegial durante el curso.

Primeras caras, primeras conversaciones

Una llegada siempre tiene algo de especial. Hay quien llega con ganas de conocerlo todo, quien necesita unos minutos para ubicarse y quien ya empieza a preguntar por la carrera, la universidad o la planta en la que vivirá.

Durante estos primeros momentos, el acompañamiento del equipo de Larraona y de los colegiales y colegialas veteranos ha sido muy importante para hacer que las nuevas incorporaciones se sintieran acogidas desde el primer momento.

Pero la bienvenida no terminaba con la instalación en las habitaciones. El viernes por la tarde tuvo lugar una charla dirigida a las familias, en la que pudieron conocer mejor el funcionamiento del Colegio Mayor, la vida colegial y algunos de los aspectos que acompañarán a sus hijos e hijas durante esta nueva etapa.

Después de la charla llegó uno de los momentos más emotivos del día: el café de despedida con las familias en nuestra cafetería.

Tras acompañar a sus hijos e hijas en la llegada, tocaba dar un paso atrás y dejarles comenzar esta nueva aventura. Un momento de conversación distendida, sonrisas y alguna emoción, también con la tranquilidad de saber que no están solos y que en Larraona encontrarán un lugar en el que crecer, convivir y ganar autonomía.

Un fin de semana para empezar a conocernos

El fin de semana ha estado marcado por las actividades de bienvenida y las dinámicas de grupo. El objetivo no era otro que romper el hielo, facilitar los primeros encuentros y que poco a poco las nuevas incorporaciones empiecen a poner nombres y caras a quienes compartirán con ellos este curso.

 

Juegos, dinámicas, actividades y momentos para estar juntos han permitido que las primeras conversaciones surgidas en recepción continúen creciendo. Porque una parte esencial de la experiencia de Larraona empieza precisamente ahí: conocer a personas diferentes, salir de la propia rutina y aprender a convivir.

Comienza el curso 2026/2027

El viernes y el sábado fue solo el comienzo. Por delante queda todo un curso para estudiar, compartir, participar en actividades, descubrir nuevas inquietudes y, sobre todo, construir una comunidad.

A quienes os incorporáis este año, bienvenidos y bienvenidas a Larraona y a Pamplona. Ojalá que dentro de unos meses podáis mirar atrás y recordar estos primeros días como el comienzo de una etapa que mereció la pena vivir.

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Jordi Sorio, de Larraona a Mozambique como voluntario: otra mirada sobre la Medicina

Jordi Sorio Creus, colegial de Larraona y estudiante en breve de tercer curso de Medicina, ha pasado cinco semanas durante este verano en Mozambique realizando una estancia de voluntariado en un centro de investigación en salud y en un hospital. La experiencia le ha permitido conocer de cerca otra realidad sanitaria, participar en distintas áreas asistenciales y descubrir una forma diferente de entender la prevención y la atención médica.

Para Jordi, este verano ha sido una oportunidad para acercarse a la medicina desde una perspectiva diferente. Natural de Barcelona, ha viajado al país africano junto a otros siete compañeros de clase para realizar una estancia en un centro de investigación en salud y conocer el funcionamiento de un hospital local.

La experiencia surgió gracias al padre de uno de sus compañeros, director del centro de investigación, que facilitó que el grupo pudiera realizar allí una estancia. Durante cinco semanas, pudieron combinar la observación y el aprendizaje con algunas tareas concretas dentro del ámbito sanitario.

Jordi decidió participar, entre otras razones, porque antes de comenzar tercero de Medicina quería conocer otra realidad sanitaria y comprobar cómo se trabaja en un contexto diferente al español. “Pensaba que un poco de formación antes de tercero no vendría mal”, explica ahora, casi recién llegado. Y reconoce que la experiencia le ha permitido aprender mucho y descubrir cómo se afronta la atención sanitaria con recursos diferentes.

Una realidad sanitaria diferente

Al llegar, una de las cosas que más le sorprendió de Mozambique fue comprobar que la organización del sistema sanitario era mejor de lo que esperaba. Aunque algunas herramientas y procedimientos son diferentes, los profesionales han desarrollado sus propios métodos de trabajo y, según explica cuenta, son capaces de atender a muchas personas de manera eficaz.

Una de las diferencias más visibles estaba en la gestión de la información. Mientras que en España gran parte de los procesos están digitalizados, “allí todavía se utiliza mucho el papel”. Las consultas y los datos de pacientes se registran manualmente, lo que hace algunos procedimientos menos eficientes. Sin embargo, Jordi destaca la rapidez con la que funciona la atención y la capacidad del personal sanitario para desenvolverse con los medios disponibles.

La experiencia también le permitió conocer enfermedades que aquí tienen una presencia muchísimo menor. La tuberculosis y el VIH forman parte de la realidad cotidiana de la atención sanitaria en la zona, y el grupo pudo conocer los sistemas de seguimiento de las personas que necesitan controles periódicos.

Precisamente ese seguimiento fue uno de los aspectos que más llamó su atención. En un contexto en el que puede resultar especialmente difícil mantener el contacto con quienes necesitan acudir periódicamente a consulta, comprobó que el sistema tenía mecanismos de seguimiento y que muchas personas acudían regularmente a sus revisiones.

La malaria era otra de las enfermedades que esperaba encontrar con mayor frecuencia. Sin embargo, la estancia coincidió con la época seca y no pudieron observar ningún caso. El grupo había tomado previamente medicación preventiva y finalmente ninguno de sus integrantes estuvo expuesto a la enfermedad durante la experiencia.

Del centro de investigación al hospital

La estancia no se limitó al centro de investigación. Jordi y sus compañeros fueron rotando por diferentes departamentos del hospital y pudieron conocer de cerca el trabajo de profesionales de distintas áreas.

Las primeras semanas estuvieron especialmente vinculadas a Pediatría, donde pudieron conocer la atención a la infancia, acompañar consultas y observar el seguimiento de la salud de los niños y niñas. También tuvieron contacto con mujeres embarazadas y pudieron asistir a partos.

Una de las experiencias más intensas llegó durante su paso por Cuidados Intensivos. Allí se encontró con una realidad más difícil: personas en situaciones graves y, en algunos casos, pacientes que fallecían.

Para un estudiante que todavía está en los primeros años de su formación, enfrentarse a esas situaciones resulta especialmente exigente. “Lo que pasa es que te pilla todavía con poca experiencia y es duro”, asevera.

Pero no todo fue observación. En algunas consultas podían colaborar con tareas concretas, como completar los registros en papel mientras el personal sanitario atendía a las personas pacientes. También tuvieron la oportunidad de participar en campañas de vacunación infantil.

Una de las jornadas que más recuerda reunió a alrededor de un centenar de niños y niñas en una mañana. Desde primera hora, el equipo sanitario fue atendiendo las consultas, administrando vacunas y actualizando los correspondientes registros.

La importancia de prevenir

Precisamente el contacto con la atención pediátrica le ha llevado a reflexionar sobre qué tipo de Medicina le interesa más. La experiencia en Cuidados Intensivos le resultó dura, pero el trabajo preventivo con la infancia despertó en él un interés especial. El seguimiento periódico, el control del crecimiento, la administración de vacunas o la prevención de enfermedades le hicieron descubrir el valor de intervenir antes de que aparezca un problema de salud.

Todavía le queda mucho recorrido antes de decidir su especialidad, pero reconoce que cada vez se ve más cerca de la Pediatría. Uno de sus abuelos fue pediatra, una circunstancia que también ha influido en su interés por esta especialidad.

Más allá de la Medicina

La experiencia en Mozambique no se ha limitado a la formación sanitaria. También ha sido una oportunidad para conocer otra cultura y desenvolverse en un entorno diferente. El grupo estaba formado por ocho compañeros de clase y, además de la estancia en el centro de investigación y el hospital, tuvieron tiempo para conocer algunos lugares cercanos durante los fines de semana. La playa fue uno de los destinos de esas escapadas.

También tuvo que enfrentarse a una pequeña barrera lingüística. En Mozambique el portugués es una de las lenguas oficiales y, antes de viajar, el grupo recibió material para familiarizarse con algunas expresiones básicas. La convivencia diaria hizo el resto. “Al final ya no me daba ninguna vergüenza hablar”, cuenta Jordi, consciente de que probablemente cometía errores, pero también de que la experiencia le permitió aprender y desenvolverse cada vez mejor.

Para él, por tanto, el viaje ha sido también una oportunidad para aprender portugués y acercarse a una cultura que hasta entonces desconocía.

Una realidad que va más allá de los estereotipos

Quizá uno de los aprendizajes más personales ha sido descubrir que la imagen que muchas veces llega desde Europa sobre determinados países africanos no siempre refleja toda su realidad. Jordi reconoce que antes de viajar esperaba encontrarse con una situación más precaria y menos estructurada. Sin embargo, se encontró con una sociedad que, pese a contar con menos recursos que Europa en muchos ámbitos, ha desarrollado sus propios sistemas y avanza en diferentes áreas.

“En los medios solo ves los casos más extremos y nunca ves nada positivo”, reflexiona. Pero la experiencia le ha ayudado a mirar Mozambique con una perspectiva más amplia y a comprender que una realidad sanitaria con dificultades también puede ser una realidad en la que existen avances, profesionales comprometidos y sistemas que funcionan.

También le llamó la atención el trabajo que se realiza en materia de nutrición infantil. Los niños y niñas reciben suplementos de vitamina A y tratamientos periódicos para prevenir los parásitos, además de un seguimiento de su crecimiento. Son medidas que buscan reducir problemas de nutrición y favorecer un desarrollo saludable.

Una experiencia que repetiría

Después de cinco semanas, Jordi regresa con una experiencia que, según reconoce, repetiría sin dudarlo. “Si pudiera volverlo a hacer, lo haría”, afirma. Aunque todavía no sabe dónde ni cuándo, sí tiene claro que le gustaría participar de nuevo en algún voluntariado durante los próximos años. Mozambique, precisamente, no sería necesariamente su primera opción: después de haber conocido ese país, le gustaría descubrir también otras realidades.

En breve comienza tercero de Medicina y con él una nueva etapa de formación práctica en España. Volverá a las aulas con más conocimientos, pero también con una mirada diferente sobre la profesión que ha elegido.

Así ha quedado.

Una nueva imagen para la fachada del Colegio Mayor Larraona

Durante muchos años, la hiedra ha formado parte de la imagen del Colegio Mayor Larraona. Este verano, su retirada ha permitido recuperar y poner en valor la fachada del edificio, después de décadas cubierta en buena parte por la vegetación.

Los trabajos han servido para limpiar, mejorar y adecuar la fachada, así como para recuperar elementos que permanecían ocultos, entre ellos las letras originales del Colegio Mayor.

Además, la nueva imagen incorpora un elemento especialmente significativo para nuestra identidad: un gran cartel con la oración apostólica de san Antonio María Claret, fundador de los Misioneros Claretianos.

El resultado es una fachada renovada que mantiene la memoria de Larraona y, al mismo tiempo, mira hacia el futuro.

Galería con imágenes de cómo estaba antes la fachada y el resultado final.

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Nerea Grandoso: un verano de biología, naturaleza y convivencia en la Amazonía peruana

Nerea Grandoso Domínguez, colegiala de Larraona y estudiante de tercer curso de Biología en la Universidad de Navarra, ha realizado durante cinco semanas unas prácticas de campo en la Amazonía peruana, donde ha podido acercarse a la biodiversidad de la zona y convivir con familias de la comunidad de San Rafael, cerca de Iquitos (noreste del país andino).

Para Nerea, este verano, a sus 20 años, ha sido una oportunidad para salir de las aulas y acercarse a la naturaleza de una manera muy diferente. La posibilidad surgió a través de las prácticas de verano de la Universidad de Navarra. Cuando Nerea, natural de Vitoria, descubrió que el programa incluía trabajo de campo con mariposas, murciélagos, aves, anfibios y reptiles, no tuvo muchas dudas. “En cuanto leí de qué eran las prácticas, dije: ‘esto es lo que quiero hacer’”. La experiencia le permitía, además, conocer la vida de una comunidad amazónica desde dentro, conviviendo con familias de la zona que acogían a los estudiantes en sus propias casas.

Aprender Biología sobre el terreno

Las prácticas se desarrollan a través de la Universidad de Navarra en colaboración con Evergreen, una empresa vinculada al proyecto en la comunidad de San Rafael. El programa combina el aprendizaje universitario con el trabajo de campo y la convivencia con las familias de la zona, de manera que parte de los beneficios de la actividad revierten también en la comunidad.

El grupo estaba formado por estudiantes de distintas universidades españolas. Nerea viajó junto a otras dos personas de la Universidad de Navarra y, en total, eran alrededor de 20 participantes. Durante su estancia pudieron acercarse a diferentes ámbitos de la investigación y el estudio de la fauna amazónica.

En ornitología, por ejemplo, colocaban redes para capturar aves, las anillaban y tomaban sus medidas, además de realizar censos. Con los murciélagos llevaban a cabo un trabajo similar, identificando las diferentes especies y tomando datos biométricos. También aprendieron a reconocer familias de mariposas y, durante las salidas nocturnas, buscaron anfibios y reptiles.

Uno de los aprendizajes que más le llamó la atención fue precisamente el relacionado con las serpientes. Durante las prácticas aprendió a manipularlas y a utilizar el recuento de escamas, entre otros aspectos, para contribuir a su identificación y distinguir entre especies venenosas y no venenosas.

La experiencia se amplió también al río Amazonas. Durante un fin de semana participaron en un censo de delfines de río, donde pudieron observar tanto ejemplares grises como rosados. Para una estudiante de Biología, el entorno ofrecía prácticamente un aula al aire libre difícil de igualar.

Cuando intenta escoger qué especie o grupo animal le impresionó más, le resulta difícil quedarse con uno. “Todo, me ha encantado todo”, reconoce. La enorme diversidad de formas, colores y sonidos hacía difícil elegir. Los cantos de las aves, por ejemplo, le sorprendieron especialmente: algunos eran tan diferentes que al principio ni siquiera identificaban qué animal los producía.

La selva desde la mirada de quienes la conocen

Pero quizá uno de los aprendizajes más interesantes no tuvo que ver directamente con una especie animal, sino con las personas que la acogieron.

Las cenas en las casas de las familias permitían a los estudiantes conocer de cerca cómo es la vida cotidiana en San Rafael. Cada diez o doce días cambiaban de familia, lo que les daba la oportunidad de convivir con distintas personas de la comunidad.

Nerea recuerda especialmente a Robin, uno de los padres de familia que la acogió. En una de las tardes libres, él mismo se ofreció a llevarla a la selva para enseñarle los diferentes tipos de árboles y sus usos. Era un conocimiento que no aparecía en el programa de prácticas, pero que le permitió descubrir el entorno desde otra perspectiva.

“No es lo mismo verlo como con conocimientos científicos desde fuera que desde dentro”, explica. Robin conocía las especies y la selva desde la experiencia cotidiana, desde una relación con el entorno transmitida durante generaciones. Para Nerea, ese encuentro fue una manera de comprender que el conocimiento no se encuentra únicamente en los libros o en las aulas.

También le sorprendió la forma de entender la vida de las personas de la comunidad. Frente a una sociedad que vive muchas veces demasiado pendiente del futuro, allí descubrió una manera diferente de afrontar el día a día. “Siento que nosotros estamos bastante en una burbuja y ellos están como más con los pies en la tierra”, reflexiona. La convivencia le permitió comprobar que, pese a las diferencias culturales y de contexto, las personas de la comunidad poseen un conocimiento profundo de su entorno y de la naturaleza que les rodea.

Sabores de la Amazonía

La convivencia también permitió a Nerea acercarse a la gastronomía local. Las comidas formaban parte de la experiencia y fueron otra forma de conocer la cultura y las costumbres de la zona.

Durante estas semanas probó diferentes platos y productos, entre ellos paiche, doncella y lagarto. Pero, curiosamente, su gran descubrimiento gastronómico fue algo mucho más sencillo: el plátano. “Me encanta en todas sus formas”, cuenta. Lo probó preparado de distintas maneras y descubrió así uno de los alimentos más presentes en la cocina de la zona.

Más allá de los platos concretos, sentarse cada día a la mesa con las familias le permitió mantener conversaciones, conocer sus costumbres y comprender mejor una forma de vida muy diferente a la suya.

Las familias no solo compartían con los estudiantes sus casas y su comida, sino que también estaban pendientes de ellos. Nerea recuerda, por ejemplo, cómo la cuidaron cuando estuvo con molestias en el estómago. A pesar de encontrarse a miles de kilómetros de casa, se sintió acompañada y bien acogida.

Una experiencia que refuerza su vocación

Después de cinco semanas, la experiencia también ha servido para confirmar su vocación. Nerea siempre había tenido claro que la Biología era su camino, pero estas prácticas han reforzado todavía más esa certeza. Le gustaría poder dedicarse en el futuro a un trabajo relacionado con la fauna, la flora y la investigación, aunque es consciente de las dificultades que existen en algunos campos y de la limitada financiación de determinados proyectos. “Esto es lo mío”, afirma al recordar el momento en que descubrió el programa de prácticas.

La despedida de San Rafael no fue fácil. Tanto ella como el resto del grupo habían creado vínculos con las familias y con el lugar, hasta el punto de bromear con la posibilidad de quedarse allí. Ahora toca regresar a Pamplona en unos días, preparar el inicio de curso y afrontar su último año de Biología.

Larraona, parte de su etapa universitaria

La Amazonía no ha sido la única experiencia que ha marcado estos años de universidad. Nerea afrontará este curso su cuarto y último año de Biología y también su cuarto año en el Colegio Mayor Larraona, donde ha vivido toda su etapa universitaria.

Durante estos años ha encontrado en el Colegio Mayor un grupo de amistades con el que ha compartido buena parte de su experiencia universitaria. “Hemos hecho un grupo muy majo y estoy muy contenta”, explica.

Para ella, vivir en Larraona también supone una oportunidad para conocer a personas de diferentes carreras y compartir el día a día más allá de los estudios. Además, reconoce que vivir en el Colegio Mayor le permite ahorrar tiempo y facilita la vida universitaria.

Después de un verano tan intenso en la Amazonía peruana, volverá a Pamplona con una experiencia que, además de haber reforzado su vocación, le ha permitido aprender de la naturaleza y de las personas con las que convivió durante cinco semanas.

 

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Mariano Plana: “Hacer prácticas es una emisora nacional como es la COPE es un privilegio, pero también una responsabilidad”

Mariano Plana Blanco, natural de Binéfar (Huesca), afronta un verano decisivo en su formación. Este estudiante de Tercero de Periodismo en la Universidad de Navarra y colegial del Colegio Mayor Larraona, realiza sus prácticas en la redacción central de la COPE en Madrid, donde está conociendo el funcionamiento de una gran redacción nacional y confirmando que la radio es el medio en el que quiere desarrollar su carrera profesional.

Aunque ya había realizado unas primeras prácticas en Aragón Radio, este verano, a sus 22 años, buscaba enfrentarse a un reto diferente. “Principalmente lo que me interesaba era la radio”, explica. Sobre su experiencia anterior en Aragón Radio, en primer curso, guarda “muy buenos recuerdos” y mantiene el contacto con parte del equipo, pero sentía que era el momento de ampliar horizontes.

Actualmente forma parte del equipo de informativos de fin de semana, donde colabora en tareas de producción, preparación de entrevistas, edición de audios y apoyo a la redacción. Aunque su papel “es el de becario”, desde el primer momento ha podido asumir responsabilidades reales dentro del trabajo diario.

“Nuestra función es servir de apoyo para lo que necesiten los redactores”, resume. Entre otras tareas, participa en la preparación de documentación para entrevistas, graba llamadas, selecciona cortes de voz, prepara editados y colabora en los boletines informativos. También realiza vídeos para redes sociales, un trabajo que le ha permitido conocer la importancia de desenvolverse en distintos formatos periodísticos.

Aprender en una gran redacción

Si algo destaca de esta experiencia es el ritmo con el que se trabaja en una emisora de ámbito nacional. Mariano reconoce que la responsabilidad se percibe desde el primer momento. “Estar donde estoy es un privilegio, pero también es una responsabilidad porque (en referencia a la emisora) llega a muchísima gente”, afirma. “Lo que yo haga bien, aunque luego lo supervisen, hace que ellos puedan estar tranquilos”.

Esa responsabilidad se hace especialmente evidente cuando la actualidad obliga a reaccionar con rapidez. Explica que, en ocasiones, ha tenido que localizar testimonios durante toda una tarde para que estuvieran disponibles a primera hora del día siguiente si finalmente el programa decidía contar con ellos. “Sé lo que cuesta hacer un programa”, comenta. ”Rellenar un minuto de calidad en la radio no es tan fácil”.

Aunque reconoce que la universidad proporciona una buena base, considera que las prácticas permiten comprender aspectos que solo se descubren trabajando junto a profesionales y participando en el ritmo real de una redacción.

Un verano marcado por la actualidad

Durante estas semanas, la cobertura de los grandes incendios que han afectado a distintos puntos de España ha sido una de las experiencias que más le ha marcado.

Desde Madrid participó en la búsqueda de testimonios, la edición de declaraciones y la preparación de contenidos relacionados con los incendios de Andalucía, Castilla y León o la Comunidad de Madrid. Una cobertura que vivió con intensidad tanto dentro como fuera de la emisora. “Durante cinco días tenía pesadillas con los incendios porque lo que había contado lo estaba viviendo yo mismo donde vivo ahora en Madrid”.

Recuerda especialmente el impacto que le produjo escuchar los testimonios de personas que lo habían perdido todo y comprobar cómo la información que preparaba cada día coincidía con lo que veía al salir de la emisora.

“Es una mezcla de impotencia y de rabia”, reconoce. “No es un tema bonito, pero vivir cómo se informa desde dentro ha sido una experiencia muy intensa”.

También destaca la coordinación entre la redacción central y las emisoras territoriales, que permite acceder con rapidez a fuentes y testimonios sobre el terreno.

La importancia del equipo

Más allá del aprendizaje técnico, este joven oscense pone en valor el ambiente humano que ha encontrado en COPE. Reconoce que antes de empezar imaginaba una redacción más distante por tratarse de una gran cadena nacional, pero la realidad ha sido muy diferente. “Lo más importante que me llevo, más allá de lo que aprendo, es estar a gusto en un sitio en el que ves que te tratan bien”.

Explica que desde el primer día se sintió integrado en el equipo y que nunca ha tenido la sensación de limitarse a realizar tareas secundarias. “Seguro que hay quien piensa que vas allí a hacer fotocopias o llevar cafés, pero nada más lejos de la realidad”.

Una vocación que comenzó en la infancia

¿Cómo nació su interés por el periodismo? Mariano se remonta a su infancia. Recuerda dos imágenes que, con el paso del tiempo, terminaron despertando su vocación.

La primera es la de su abuelo leyendo el periódico cada día. La segunda, la de una prima que trabajaba en los informativos de Aragón Televisión y a la que acompañó en varias ocasiones durante la preparación de directos. “Creo que esas fueron dos razones por las que me he querido dedicar a esto”.

Tiene claro, eso sí, que el periodismo no es una profesión sencilla y que las condiciones laborales no siempre son las mejores. Sin embargo, cree que la motivación debe pesar más que cualquier otra consideración. “Prefiero ganar poco y ser feliz haciendo lo que creo que es lo mío”.

Aunque no quiere anticipar cómo será su futuro, sí tiene claro que la radio sigue siendo el medio en el que mejor se siente. “Siempre se ha creído que la radio iba a desaparecer, pero yo creo que cada vez está teniendo más auge, también por los podcasts”.

A su juicio, continúa siendo un medio cercano, inmediato y con una capacidad única para acompañar a las personas en su vida cotidiana.

Cuatro años en Larraona

Además de su experiencia profesional, Mariano también hace balance de su etapa en el Colegio Mayor Larraona, donde ha vivido estos tres últimos años y donde seguirá el próximo curso. Destaca especialmente el ambiente que se crea entre quienes forman parte de la comunidad colegial y el trato cercano del personal del centro. “Para mí es un sitio que guardaré siempre con especial cariño”.

También considera que uno de los grandes valores del Colegio Mayor es la convivencia entre personas de procedencias, estudios e intereses muy distintos. “No es solo enriquecerse en el futuro académico o laboral, sino también en el personal, que a veces creo que es incluso más importante”, afirma.

Una experiencia que, al igual que sus primeras prácticas profesionales, entiende como parte fundamental de su formación y de la persona que quiere seguir construyendo.