estudiante en pista deportiva en pamplona

A 4m 15cm del suelo – Entrevista a Juan Ruiz, saltador con pértiga

El colegial Juan Ruiz de Navamuel vino el año pasado desde Palencia para estudiar Enfermería en la Universidad de Navarra y seguir practicando atletismo, deporte que no ha dejado desde que tenía cinco años. A los catorce empezó a entrenar con pértiga y desde entonces compite en esta disciplina. En enero quedó primero en el Campeonato Navarro Absoluto de Pista Cubierta y en febrero también fue campeón en el Campeonato Autonómico Absoluto de Atletismo de Castilla y León. Hablamos con él sobre el deporte, el salto con pértiga, el equipo, la universidad…

 

¿Por qué elegiste el salto con pértiga?

Me pusieron a hacer varias pruebas y esta me pareció interesante, me empezó a gustar mucho, así que me quedé y seguí. Cuando empecé, no había demasiada gente en categorías menores, así que era más fácil que destacase en la prueba. Ha ido pasando el tiempo y muchas más personas se han unido a este deporte, atletas con mucho nivel.

¿Has probado otras disciplinas?

El estar entrenando te quita mucho tiempo y no puedes hacer otras especialidades de atletismo, eso es lo malo. Me hubiera gustado probar otros deportes, no solo dentro de atletismo.

¿Cuánto te lleva el entrenamiento?

Dos horas o dos horas y media al día, menos los domingos, que descanso. Aunque estoy en el programa Talento Deportivo de la Universidad, a veces es difícil compaginarlo con los estudios, ahora más con las prácticas. Puedo tener toda la mañana de prácticas y clase toda la tarde. A veces me tengo que saltar las dos últimas horas para poder entrenar. Hay fechas en las que estoy más pillado de tiempo y se nota un poco el cansancio, pero de normal lo llevo bastante bien.

¿Cuál es tu principal motivación para seguir practicando?

Llevo tanto tiempo haciéndolo, que lo que me motiva es el hecho de seguir mejorando. He competido en campeonatos de Castilla y León, de España, ahora de Navarra… Al ser parte de mi vida, es otra faceta en la que quiero ver que sigo avanzando. Es divertido, y ver que mejoro es una motivación en sí misma.

Háblanos del salto con pértiga. ¿Cómo es esta disciplina?

Es una prueba bastante complicada en cuanto a la técnica. El salto siempre es el mismo, pero hay una parte previa, la carrera. Tienes que entrar con los brazos extendidos para que se doble la pértiga y en el salto colocarte de manera vertical en paralelo a ella, y que el desdoble te empuje hacia arriba. La pértiga es de fibra de carbono o de fibra de vidrio, un material rígido pero elástico, que permite doblarlo.

Las pértigas pueden ser de diferentes alturas.

Sí, a lo largo del tiempo he ido cambiando. La pértiga que utilizo ahora mide 4m 90cm, y la que usaba cuando tenía catorce años medía entre 3 m y 3,5m. Mi marca de altura es 4m 15cm.

 

joven saltador con pértiga

 

¿Qué es lo más complicado de llegar tan alto?

Al más mínimo fallo se te va, te sale mal. Es muy complejo técnicamente. Necesitas mucha concentración, muchas horas de entrenamiento solo para que te salga bien un salto. Es difícil de llevar; estás entrenando semanas, meses, y a la hora de la verdad puede que se te vaya la concentración y te salga mal. Llevo mucho tiempo en esto y sé que es muy importante entrenar no solo físicamente, sino también mentalmente para saber cómo llevar los fracasos, las lesiones… Lo mental me parece más importante aún.

Adquirir resiliencia te habrá aportado a nivel personal, también.

Me ha ayudado a manejar las frustraciones. Saber llevar algo que has trabajado un montón y que no ha salido bien, por ejemplo, un examen para el que has estudiado mucho y  que has suspendido. En mi caso es mucho más fácil trabajarlo, porque llevo toda la vida viéndome en ese tipo de situaciones.

¿Te ayuda en estos casos la presencia del equipo?

Aunque en los deportes individuales se entiende que estás tú solo, justo en atletismo el que compite es el club. Hay una persona por prueba, pero, aunque no estés haciendo tú la prueba, es de tu equipo y quieres que esa persona gane. Así que sí que tiene cosas de deporte de equipo.

Además, en clase, el ‘equipo’ son los compañeros; en el Colegio Mayor, los colegiales; y en casa, la familia, el primer equipo.

Mi familia siempre me ha apoyado. Cuando empecé con el atletismo los animé a hacer aún más deporte, y ahora ellos me animan a mí. Tengo un hermano y una hermana, y nuestros padres nos han inculcado que el deporte es algo esencial en la vida de una persona. El deporte da unos valores que son muy buenos en la vida y nos han enseñado muy bien a trabajar; que ganar o perder no es lo importante. Lo que quieren ellos es que disfrute como lo hacía cuando tenía catorce años.

 Y así está siendo.

Sí. Por eso mi plan es continuar los cuatro años de carrera a este nivel de entrenamiento y de competición, dentro del programa Talento Deportivo. Quiero seguir entrenando hasta que me dé físicamente. No tengo ninguna intención de dejarlo a corto plazo.

Estudiar y competir, un doble esfuerzo que está mereciendo la pena. ¿Cómo calificarías tu vida en Pamplona?

La experiencia universitaria está siendo muy buena. La Universidad y la carrera me están gustando, así que estoy bien en todos los aspectos de mi vida. Aunque a veces me cueste compaginar estudios y deporte. Pero merece la pena. Que tanta gente haya dejado el deporte porque no le ha dado tiempo y yo pueda seguir entrenando… Además, estoy muy a gusto en Larraona. En el Colegio Mayor me han dado muchas facilidades.

¿Un ejemplo?

Los tiempos y la dieta que sigo. Me guardan las comidas si llego tarde de un entrenamiento. No tengo ninguna queja, al revés. Hay muy buena relación con los compañeros, tanto con mis amigos como con los colegiales en general. Hay un buen ambiente aquí.

 

estudiante en el exterior del colegio mayor larraona

boxeo

Rubén Díaz: “El boxeo no es un juego”

El boxeo está de moda entre  jóvenes de todas las edades. Su filosofía va mucho más allá de pegar puños a un saco, aunque como cuenta Rubén Díaz (“el destructor”), él mismo empezó a los veinte años “porque le gustaba pegar”. Luego aprendió a “ser” boxeador: a la disciplina y el compromiso que requiere y a la actitud de superación que implica. Su esfuerzo y su talento le han otorgado dos veces el título de España en peso medio y le han llevado a alcanzar también el de la Unión Europea. Apodado “el destructor”, Rubén Díaz vino a contarnos por qué no debe tomarse el boxeo como un juego.

Rubén Díaz explica el boxeo a los colegiales de Larraona

El jueves, 31 de marzo, el campeón nos visitó para contarnos qué le ha aportado este deporte y con qué actitud debe practicarse. Los colegiales le preguntaron sobre su experiencia y las condiciones físicas que se necesitan para practicarlo. Díaz contestó a estas y otras preguntas, pero les remarcó la necesidad de perseverar y de tomarse en serio este deporte, donde es fundamental “distinguir el gimnasio del ring”: “Una cosa es que te guste practicarlo, para aprender a pegar y a defenderte si te es necesario, o para descargar energía y estar en forma. Otra muy diferente es competir. Para competir no vale solo con estar en forma, hay que tener talento y actitud, porque es un deporte duro, que puede dejarte secuelas”. Por ello, explicaba, la técnica es fundamental: “no se trata de dar golpes sin más”. Rubén Díaz transmitió a los colegiales su intención de explicar lo que es realmente el boxeo, no de “venderlo”: “es un deporte agresivo para personas no agresivas”. 

Rubén Díaz explica el boxeo a los colegiales de Larraona

Comprometerse para recoger frutos 

“El boxeo te centra en el tiempo y en el espacio por necesidad y a mí me ha aportado mucha satisfacción”, explicó Díaz. Gran parte de su éxito se debe a una cuestión de actitud que quiso transmitir a los colegiales: “Ya sea en el deporte o con los estudios, si te lanzas, lo das todo; si no vas a tomártelo en serio, no lo hagas. Con los años miras atrás y ves los frutos de tu esfuerzo, ves todo lo que ha valido la pena”. Para el boxeador -que es policía y además está estudiando 4º de Derecho y Geografía e Historia por interés, a sus 42 años-, la motivación va ligada del  al compromiso: “Lo primero que se ve en cualquier persona es su actitud, su profesionalidad y sus valores. Si son válidos, verdaderamente podemos aprender conocimientos de ella”. 

Rubén Díaz explica el boxeo a los colegiales de Larraona

“Con un Colacao por la mañana no vas a ningún lado” 

Los colegiales aprendieron también sobre nutrición con el boxeador, que les insistió en comer siempre “comida real y menos procesados y cosas raras”. Díaz también les preguntó cuántas horas dormían: “¿Menos de nueve? ¡Vais cortos! ¡Estáis todavía en crecimiento!” –decía. Y les insistió en cuidar mucho los hábitos de descanso y de alimentación para practicar cualquier deporte (y para la vida). La nutrición, junto al entrenamiento y el descanso, explicaba, “son los pilares de cualquier deporte”, y les detalló cuál era su rutina de entrenamiento diario, que comienza corriendo 7km antes de desayunar, “un vaso de agua, seis huevos, arroz y un yogurt natural”.

La charla terminó con los colegiales probándose los guantes del campeón y sujetando los cinturones de sus títulos españoles y europeos.  

vistas nieve en arette francia

Nuestra excursión a Arette

Desde que nevó a finales del año pasado en Pamplona, no habíamos visto la nieve. Y ya teníamos ganas. No solo de jugar a guerra de bolas o de sentir cómo deja nuestra bota su huella al pisar un terreno de nieve virgen. No queríamos dejar pasar la temporada sin ponernos unos esquís y sentir esa sensación de velocidad y adrenalina mientras bajamos por la colina. Algunos, por primera vez. Así fue la excursión a la nieve del domingo 27 de febrero.

 

grupo de estudiantes vestidos para ir a esquiar

 

Madrugamos para partir en bus hacia Arette, Francia, donde se encuentra la estación La Pierre Saint Martin. Al llegar, del grupo de 28 personas que fuimos, la gran mayoría optó por el alquiler de esquís, pero algunos prefirieron el snowboard.

 

grupo de estudiantes calzandose esquis para nieve

 

Cada cual fue por libre, en pequeños grupos, escogiendo las pistas según el nivel de dificultad que querían hacer. Los que nunca habían esquiado estuvieron practicando y tras varias caídas, inevitables en el proceso de aprendizaje, podemos decir que le cogieron el truco. O al menos el gusto.

 

estudiante con snowboard

 

Hay quienes no pararon ni siquiera a comer y aprovecharon toda la mañana. Quienes pasaron por la cafetería pudieron ver la simpática actuación de un pequeño grupo de música que estaba tocando en directo, en la nieve. A las 16h fue la hora de dejar el material y montarse en el autobús. Después de una mañana intensa, pocos quedaban despiertos al rato de arrancar. A las 18h30 ya estábamos de vuelta en el Colegio Mayor, cansados y felices por la excursión, ¡algunos solo piensan en cuándo podrán volver!

 

Estación de esquí la pierre saint martin

 

 

 

cartel aceite de navarra de oliva virgen extra

Degustando el oro líquido – Cata de aceite en el Colegio Mayor

Desde que llegó a la Península Ibérica de la mano de los fenicios allá por el siglo XI a.C., el aceite de oliva se ha convertido en uno de los pilares de la dieta mediterránea. Un verdadero tesoro: nuestro oro líquido. No obstante, pese a ser un alimento básico de nuestra alimentación –y a que España sea el principal productor a nivel mundial– ¿quién ha hecho alguna vez una cata de aceite?

 

catadora de aceite de oliva

 

Con esta pregunta arrancó Ana Irurita Arenal la estupenda experiencia gastronómica que vivimos la tarde del martes 22 de febrero. La experta catadora del Panel de aceite del Gobierno de Navarra explicó a los colegiales todo sobre este producto. No con una charla teórica, sino haciéndoles partícipes de cuanto escuchaban, con la ayuda de todos los materiales dispuestos. Explicó que las copas oficiales de cata son azules, para evitar juzgar con la vista, y vienen tapadas por un vidrio de reloj que evita la entrada de partículas y guarda los aromas más volátiles. En una experiencia sensorial todo cuenta.

 

vasos de cata de aceite de oliva

 

El inicio fue un poco fuerte: empezamos oliendo el aceite lampante, que es el que utilizaban los romanos para llenar las lámparas, y que no llegamos a probar. La experta indicó cómo quitarse el olor de la nariz y pasamos a oler y saborear otras muestras. Mientras, iba explicando en qué se diferencian los tipos de aceite: aceite de oliva virgen extra (AOVE), aceite de oliva virgen y los aceites refinados, que pueden ser intensos o suaves dependiendo del porcentaje de aceite de oliva virgen o virgen extra que incluyan. Ana detalló el proceso de extracción de otras grasas como el aceite de soja a través de procedimientos químicos, y lo diferenció de los procedimientos físicos y mecánicos por los que se obtienen los aceites de oliva vírgenes.

 

estudiantes en una cata de aceite de oliva

 

¿El recorrido del trujal a nuestra mesa? Las aceitunas se lavan, se muele todo y se hace una especie de pasta, que es sometida a una determinada temperatura (no más de 27 grados). Esto resulta en un líquido compuesto por aceite y agua de vegetación, que se separa por un sistema de decantado. De ahí se obtiene el valioso zumo de oliva, tan rico nutricionalmente como a nivel gustativo.

 

una catadora huele aceite de oliva

 

Durante la cata aprendimos términos como flavor o retrogusto, y fuimos probando distintas variedades. Picual, arbequina… No podemos decir que ya seamos expertos en el aceite, ni en las 260 variedades de aceituna que hay registradas, pero estamos más preparados para apreciar y valorar este alimento esencial en nuestro día a día.

 

cata de aceite de oliva en el colegio mayor larraona

 

Gracias a todos los estudiantes que participaron y, en especial, a Ana Irurita Arenal por ofrecernos esta velada gastronómica tan enriquecedora y placentera.

hospedería san martín pinario en galicia

Una gran comunidad colegial – XLIII Jornadas de Colegios Mayores Universitarios

En este año jacobeo, hemos vuelto de Santiago con la mochila cargada de aprendizajes. Nuestros compañeros de viaje han sido más de un centenar de personas que forman parte de diferentes colegios mayores de España. Del 3 al 4 de febrero, nos hemos reunido en la  XLII edición de las Jornadas de Colegios Mayores Universitarios, organizada por el Consejo de Colegios Mayores Universitarios de España. Una experiencia que no se nos olvidará.

Ha sido muy positivo”, señala Adriana Pajares, subdirectora del Colegio Mayor Larraona. Llegamos con sol y nos fuimos con sol, y aunque entre medias hubo un poco de lluvia, no pudo empañarnos las jornadas. Estuvimos alojados en la Hospedería San Martín Pinario, ubicada frente a la catedral, donde se desarrollaron la mayor parte de las charlas. El miércoles nos acogieron con una cena de bienvenida animada por gaiteros, y el jueves por la mañana tuvo lugar el acto inaugural en el Salón Noble de Fonseca, con una conferencia magistral muy interesante a cargo de D. Emilio Ontiveros, analista económico y financiero.

 

el director y la subdirectora del colegio mayor larraona con las becas

 

Metatendencias y talleres en grupo

El lema de estas jornadas ha sido: “Metatendencias, Universidad y Colegios Mayores: una ruta para 2050”. Porque al igual que los peregrinos siguen las conchas de vieiras para llegar a Santiago, nosotros queremos saber qué grandes rumbos o tendencias está tomando la sociedad actual, y cómo podemos llegar a nuestro destino: el pleno desarrollo de cada generación de colegiales.

Pare ello, fuimos de lo global a lo concreto: primero recibimos una formación a través de las sesiones programadas, y luego abordamos en talleres por grupos la relación de cada tendencia con los colegios mayores y qué conclusiones se pueden extraer.

El primer ámbito fue el de las metatendencias económicas. Tuvimos la oportunidad de escuchar a Dr. José Moisés Martín Carretero, director de Red2Red Consultores y miembro del Consejo Asesor Económico del Ministerio de Economía. Entre otros temas, habló sobre el incremento de las desigualdades económicas y sociales, previendo una desaparición de las clases medias en el futuro. Advirtió que los principales afectados por el mayor riesgo de pobreza van a ser los jóvenes, en especial los de menor cualificación. Además, planteó el coste de no actuar frente a las consecuencias del cambio climático: “Si no gestionamos la crisis del cambio climático puede generar cuatro veces más gastos que la crisis del covid”.

Realidades complejas sobre las que conviene estar preparados. Así, en los grupos prácticos debatimos en torno a las cuestiones económicas que afectan a nuestras familias, y hablamos sobre el aumento de consciencia y toma de acciones en los Colegios Mayores respecto al cuidado del medio ambiente, comentando ejemplos concretos (talleres de ecología, reciclaje, energía más sostenible, voluntariados…).

 

personas de distintos colegios mayores trabajan en grupos

 

Reflexiones interesantes para nuestra labor educativa

Ligadas a las metatendencias económicas están las cuestiones sociales, que describió el Dr. Pablo Simón, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid. Se refirió a los jóvenes como una generación entre dos crisis, la de la gran recesión y la de la pandemia: “La realidad es que los grandes perdedores de las crisis en España son los jóvenes”. Mostró la necesidad de un sistema educativo con más individualización y ratios más bajos, de contar con recursos para prevenir la repetición de curso y el abandono escolar. Asimismo, expuso que contrariamente a lo que se piensa, los jóvenes de hoy están preparados y formados para votar, siendo el medio ambiente y la igualdad de género dos de los temas por los que más interés muestran.

En los talleres prácticos, debatimos sobre cómo fomentar la responsabilidad y la ciudadanía activa entre nuestros colegiales, en el marco de nuestro proyecto educativo. Es un punto muy importante que nos diferencia de las residencias de estudiantes: nuestra misión educativa y el hecho de actuamos como una familia extendida para ellos, con todo lo que esto aporta a nivel social y personal.

 

catedral de santiago de compostela

 

El viernes reflexionamos sobre la tecnología de la mano de la profesora Dña. Marta García Aller, periodista y escritora. Habló sobre avances como la Inteligencia Artificial y sus implicaciones a nivel de los estudios universitarios y del mercado de trabajo. Los jóvenes deben prepararse para las oportunidades que van a surgir y para ello aseguró que, además del conocimiento tecnológico, va a seguir siendo necesario el talento humano: el espíritu crítico, el análisis, la capacidad de concentración, la habilidad para conversar, etc.

“De los grupos de discusión sacamos en claro que la tecnología tenemos que dejarla para la gestión interna del Colegio Mayor”, cuenta Adriana. “Lo importante es que se mantenga el cara a cara con el colegial”.

La última charla fue una formación sobre la gestión de relaciones institucionales, impartida por D. José Antonio Constela, subdirector del CMU La Estila. Explicó qué implica ser un colegio mayor, por qué es necesario contar con un plan de relaciones institucionales, y con qué instituciones es interesante colaborar.

El encuentro terminó con una visita guiada por San Martín Pinario, una misa del Peregrino en la catedral, y una cena de clausura con concierto en el Hostal de los Reyes Católicos. El sábado, además, tuvo lugar la Asamblea General Ordinaria del Consejo de Colegios Mayores Universitarios y un acto de clausura.

 

cuaderno para tomar apuntes del consejo superior de colegios mayores universitarios

 

Gracias y hasta pronto

Desde el Colegio Mayor Larraona queremos agradecer a todas las autoridades, las instituciones y las personas que han hecho posible este encuentro tan enriquecedor.

“Durante estos días hemos tenido la oportunidad de convivir con gente de muchos sitios diferentes: Cádiz, Valencia…”, cuenta Adriana. En esta última ciudad será la próxima edición en 2023, a la que esperamos acudir. “Es positivo y necesario. Aparte de que coges ideas de otros Colegios Mayores, se crea una sensación de comunidad. De que todos estamos por y para los estudiantes”.

subdirectora del colegio mayor le entrega txapela al colegial Alberto Galiana

“Escribir es estar un poco más completo conmigo mismo” –Entrevista a Alberto Galiana

Alberto Galiana Saénz estudia 1º de Bioquímica en la Universidad de Navarra. Natural de Logroño, entró en el Colegio Mayor en septiembre y, desde entonces, ha participado en multitud de actividades. Entre ellas, nuestro Concurso de relato corto, en el que ganó el primer premio. Agradecido y satisfecho, comparte con nosotros su experiencia como colegial universitario.

 

estudiante de bioquímica con bata de la Universidad de Navarra

 

¿Por qué Pamplona?

Es una acumulación de factores. Aunque estaba dispuesto a irme más lejos, la proximidad es algo para tener en cuenta. Además, mi madre estudió aquí, y la Universidad de Navarra tiene mucho prestigio. Sabía que me prepararía bien.

Ahora que han pasado unos meses, ¿estás conforme con tus estudios?

Me está gustando mucho lo que he elegido y no creo haberme equivocado. Disfruto estudiando. Es completamente lo que me esperaba, ha cumplido mis expectativas con creces.

¿Y respecto al Colegio Mayor?

Conozco a varios antiguos colegiales que me lo recomendaron. Vine un poco a ciegas, pero con la mente abierta. Y no me arrepiento de la decisión que tomé. Es más, me alegro de haberla tomado.

¿Por qué? ¿Qué destacarías de Larraona?

La autonomía, la libertad para moverse y aprovechar para estudiar, pasarlo bien… Hacer vida normal, en resumen. Existe un clima de disciplina, pero no es muy férreo. Si eres responsable vas a tener tiempo de hacer lo que quieras: vivir bien, estar con tus amigos, conocer gente nueva…

Tu grupo de amigos comprende gente de Logroño, de Larraona y de la carrera. 

Hemos formado un grupo muy bueno, de gente muy maja y en el que hay una buena convivencia. Es un grupo en el que puedo ser verdaderamente yo. Es un poco mixto, y por supuesto, hay gente de Larraona. Convivir tantas horas te une mucho a la gente. Prácticamente estamos viviendo juntos. Y sin el prácticamente.

En este sentido, el Colegio Mayor es más que un mero alojamiento. ¿Cómo aprovechas esa vida colegial?

He participado en varias actividades; la última, el taller de escritura china, que fue muy interesante. También en otras más informales u organizadas por nosotros. Hay muchos concursos, actividades deportivas, charlas muy interesantes… Todo eso es bienvenido.

Participaste en nuestro concurso literario y te llevaste el primer premio con “Un corazón de tinta”.

Mi intención fue hacer algo entretenido. Lo tuve que cortar al final por la obligación de número de páginas, así que no me quedó como me hubiese gustado, pero estoy satisfecho con el resultado. Quería contar las cosas de una manera interesante y que eso transmitiera por sí mismo. A mis amigos les gustó, les pareció interesante y en mi familia están orgullosos de ver cómo he avanzado, han leído todo lo que he escrito.  Poco a poco voy mejorando en este pequeño hobby que tengo.

 

Dos estudiantes universitarios en el colegio mayor larraona con un premio del concurso de relatos

 

¿Cuándo empezó tu afición por la escritura?

Me gusta escribir desde crío, aunque lo hago de manera más seria desde el año pasado. Gané el Concurso científico literario de la Universidad de la Rioja y me picó el gusanillo. Hice el relato para el concurso de Larraona y resultó mejor de lo que esperaba. Sigo escribiendo, aunque me resulta un poco difícil compaginarlo con los estudios, pero lo intento.

¿Qué significa escribir para ti?

Escribir son muchas cosas. A veces, es decir lo que uno piensa y, al mismo tiempo, pensar cosas que nunca dices y terminar transmitiéndolo. Cuando escribo un párrafo o una página especialmente frenética y me paro a leerlo, y veo que mi intención ha quedado impregnada, me siento orgulloso. Es también una forma de ventilar cosas personales o artísticas, si se puede decir así, que quizás una carrera de ciencias no te permite. Es estar un poco más completo conmigo mismo. Al final, es una faceta de mí, una habilidad que tengo y que quiero seguir trabajando. Es una cuestión de desarrollo personal y por eso me motiva seguir escribiendo.

¿Y qué proyectos tienes entre manos ahora?

Estoy escribiendo un relato un poco más largo, que no encaja con la categoría de relato corto, pero tampoco es una novela. Es como una recopilación de historias.

Háblanos de tu historia personal, de lo que has vivido estos primeros meses como universitario. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Ha sido un periodo de cambio y adaptación, que afronté con la mente abierta desde el primer momento, y eso me ha valido grandes experiencias. Hay que manejarlo con cuidado, porque te puede ir muy bien o muy mal. Y yo puedo decir que me lo he pasado bien. Me ha ido bien académica y personalmente. Estoy satisfecho con las decisiones que he tomado; la experiencia de conocer a gente nueva es muy enriquecedora.

¿Cómo se presentan los próximos meses?

En el futuro quiero hacer un intercambio sí o sí, y también unas prácticas, pero ahora toca seguir estudiando. Y personalmente, seguir escribiendo y estar con mis amigos, que es lo que más merece la pena.

 

vinilos antiguos en la mediateca del colegio mayor larraona

Recuerdos de un colegial – La experiencia de Pablo Vega Panedas

Hay cosas que nunca se olvidan. Aquellos lugares donde fuimos felices y, sobre todo, las personas que nos acompañaban. Lo sabe bien Pablo Vega Panedas, antiguo colegial de Larraona y amigo nuestro ya para siempre. Cuando le preguntamos cuáles son sus mejores recuerdos de aquí, responde sin dudarlo: “Cuando nos juntábamos todos en las cenas de Navidad. También las celebraciones de la primera semana, cuando recibíamos a los nuevos colegiales. Siempre se les recibía con cariño, con los brazos abiertos. Se les intentaba integrar.”

acto de becas colegio mayor larraona
Alfonso Sánchez-Tabernero impone la beca al colegial Pablo Vega Panedas

 

Vínculos que no se pierden

Pablo dejó Palencia para venir a Larraona en septiembre de 2008, dispuesto a comenzar sus estudios de Periodismo en la Universidad de Navarra (2008-2012). “Me junté con gente de la carrera, de Periodismo y Comunicación Audiovisual, un grupillo bastante majo de gente, y con los que entraron nuevos ese año”, cuenta. Aun sin considerarse una persona especialmente sociable, señala que siempre se sintió bien en el Colegio Mayor.

“Personalmente, me vino muy bien convivir con gente de otras especialidades y provincias de España: Asturias, Galicia, Aragón, País Vasco, Andalucía… ¡De todos los lados! Me sirvió para abrirme y hacer un esfuerzo de convivencia, de estar en contacto con otras realidades. Fue una experiencia muy bonita, uno se siente realizado”, señala.

Ese grupo de compañeros se convirtió en amigos, y no de cualquier tipo. “Yo me sigo llevando ahora con ellos. Había gente estupenda, empezando por la dirección, los de secretaría, los de recepción, los de la limpieza… Hay que aprovechar para establecer vínculos que te acompañen en la vida de adulto, en Larraona se hacen amigos para toda la vida. ”

estudiantes brindan
Inauguración de la mediateca

 

El plus: mucho más por descubrir

Pablo describe esta época como muy completa. “Te dejaban libertad para poder expresarte y entrar en las dinámicas de grupo según tus afinidades. Organizábamos charlas, conferencias… Había vidilla en el Colegio Mayor, y eso es lo que se valora”.

Como colegial, contribuyó a crear ese ambiente, apoyando que vinieran invitados del mundo de la comunicación y de la política. Por ejemplo, en marzo de 2011, organizó junto a Carlos Larroy e Íñigo Gómez Zubeldía un ciclo de conferencias para dar voz a las minorías nacionales, con invitados como Gaspar Llamazares (IU) o Rosa Díez (UPyD). También recuerda a Antonio Basagoiti (PP), Patxi Zabaleta (Nafarroa Bai)… “Intentábamos aumentar la pluralidad, que vinieran personas de todo el arco parlamentario, a nivel local y nacional”.

Pablo recuerda la sensación de estar pendiente y sentirse responsable, del momento en que se llenaba el Salón de Actos y aparecía el invitado.  “Es una época en la que todavía estás saliendo del cascarón. Hasta los dieciocho años vives en un entorno más cercano, aquí tienes el vértigo de sentirte más responsable. No te van a estar vigilando, eso te permite  madurar ciertos comportamientos y darte cuenta de que no estás tú solo en el mundo. Estás en contacto con la vida social, no solo estás encerrado en las carreras y preocupaciones. El Colegio Mayor te ayuda a darte cuenta de que no todo empieza y acaba en tus cosas. Hay mucho más por descubrir.”

Como que una sala usada para almacenar trastos viejos puede convertirse en una estupenda mediateca. “Los que estábamos en esa época hicimos una propuesta para mejorar la sala. Organizamos los vinilos y pedimos una tele de plasma para poder ver películas”.  Dieron buen uso al nuevo espacio, a la que acudían a escuchar música y, en el caso de Pablo, a “los más grandes”: “El rock de los 60-70, muchos clásicos de esa época: David Bowie, Dylan, los Beatles…”, lista.

un grupo de estudiantes amigos en la plaza del castillo en pamplona
Pablo y un grupo de amigos en la Plaza del Castillo

 

Acompañamiento, la clave también en lo profesional

Pablo explica que se organizaba con tiempo para el tema de los apuntes, repartiendo el trabajo entre los compañeros. Y asegura que le fue bien. “Entre varios hacíamos un esfuerzo para estudiar cooperativamente. Trabajábamos en equipo y nos iba mejor. También venía gente de fuera de Larraona a estar con nosotros”. Se reunían en una de las salas de estudio de abajo para hacer las tareas y preparar bien los exámenes. “Es mejor ir con tiempo, más tranquilo, así vas poco a poco interiorizando las cosas”.

Cuando acabó Periodismo, Pablo realizó el máster de la Universidad de Navarra en Comunicación Corporativa, y después de trabajar en el mundo de la comunicación, actualmente se dedica a la docencia en Palencia, dando clases a estudiantes de ESO y FP. Intenta guiar a estos jóvenes, que atraviesan una etapa importante. “Viven cambios y transformaciones a nivel intelectual, físico y emocional. Hay que guiarles en eso. Uno intenta hacer de mentor, de figura de referencia, para que ellos vayan descubriendo su propio camino”.

Él encontró el suyo poco a poco, en el marco de un proceso de maduración personal.

“Desde el principio vas a la universidad con una idea preconcebida. Y vas encontrando a gente que te va marcando, influenciando, si eres un poco abierto. Cuanta más gente te acompaña y te ayude, mejor te darás cuenta de lo que eres capaz de hacer”.

Por eso recomienda socializar lo máximo posible y estar abierto a buscar alternativas. “Igual tienes una idea y en la práctica no te funciona. Cuando tienes dieciocho años y te pones a hacer una carrera, piensas que va a ser la carrera de tu vida, pero quizás tienes que estar abierto a hacer algo más: otra carrera, un máster, unas oposiciones… Hay que seguir formándose todos los días. Eso a nivel profesional se valora mucho”.

Hay momentos para todo, lo importante es saber aprovecharlos, por eso anima a exprimir al máximo la experiencia a todos los colegiales actuales, y a no preocuparse con lo que venga. “El camino es largo y está lleno de oportunidades. Que disfruten a tope de la experiencia, del momento, de lo que se puede sacar del estudio, del Colegio Mayor y de la gente que lo forma. El futuro no está escrito, no hay que angustiarse por eso”.

estudiantes en el taller de historia de pamplona del colegio mayor larraona

“Paseando” por la historia de Pamplona

Nuestros universitarios provienen de todas partes de España y del mundo. Esto es una fuente de enriquecimiento muy grande para todos, y también para ellos. Porque estudiar fuera de casa no es solo hacer nuevos amigos y  vivir diferentes experiencias. Es también encontrar otros modos de hacer y de ser, adentrarse en una cultura nueva y en un entorno concreto e intentar comprenderlo. Para eso es imprescindible conocer la Historia. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que con una serie de talleres en grupo?

 

fachada de la catedral de pamplona

 

Pinceladas históricas

El sábado 18 de septiembre fue la primera salida a la catedral. Allí, los colegiales se introdujeron en el mundo de la Pamplona medieval, gracias a la exposición Occidens y a las explicaciones de la profesora Anna K. Dulksa. Les habló sobre el impresionante conjunto catedralicio y sobre los Burgos de Pamplona, las tres poblaciones que constituían la ciudad en el medievo hasta que se unieron mediante el Privilegio de la Unión en 1423 por iniciativa de Carlos III de Navarra, cuyo sepulcro se encuentra en la catedral.

Seguro que, bajando de la catedral, al recorrer por las calles del casco viejo de Pamplona, los chicos se percataron mejor de los vestigios de esa ciudad medieval, como las iglesias propias de cada burgo: San Lorenzo, San Saturnino y San Nicolás. Tuvieron que estar atentos durante las explicaciones, porque les pedimos que hagan un trabajo de al menos una de las salidas. Este incluye la presentación de un mínimo de cuatro fotografías, con su correspondiente descripción y explicación histórica, además de una valoración personal del estudiante.

 

murallas de pamplona

 

El sábado 2 de octubre visitamos la ciudadela, el recinto amurallado de Pamplona, un complejo estratégico militar muy bien conservado desde su construcción en el siglo XVI. En esta segunda sesión, los estudiantes estuvieron acompañados por el profesor y subdirector del Colegio Mayor Larraona Manuel Sagüés, que les retrató cómo era la ciudad durante la edad contemporánea. Declarada Monumento Nacional, hoy en día este conjunto de murallas –con sus baluartes, fosos, pabellones…–  supone uno de los grandes espacios verdes de la ciudad y centro de ocio, deporte y cultura.

El taller terminó con la salida del 15 de enero: una visita al Museo de Navarra de la mano de Manuel Sagüés. Les remontó muchos años atrás, al inicio de la ciudad bajo el nombre de Pompaelo, llamada así en honor al general romano Cneo Pompeyo Magno. En el museo pudieron ver varios mosaicos de la época encontrados en nuestra región, como los mosaicos de Andelos, Pamplona, Liédena y Villafranca. También pudieron aprender sobre las costumbres y tradiciones gracias a los objetos de la vida cotidiana y estelas funerarias que están expuestos.

 

estudiantes en el museo de navarra

 

Desde otra óptica

Llevamos muchos años realizando este taller, en colaboración con el departamento de Geografía e Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, e invitando a participar a las estudiantes de la Residencia Roncesvalles. Y podemos decir que, un año más, la experiencia ha sido positiva. Ayuda a los colegiales a situarse mejor aquí, fomenta la convivencia entre ellos y suscita la sensibilización por la Historia y la reflexión. Esto hace que vuelvan a mirar las calles de Pamplona, sus edificios y monumentos desde una nueva óptica, sin pasar de largo. Porque esa es la experiencia global que queremos que se lleven los colegiales al salir de la universidad: una que les haya dejado huella y les haya implicado.

pluma y gota de tinta sobre papel

Un corazón de tinta, de Alberto Galiana Sáenz [Relato ganador concurso 2021]

Aquella mañana me levanté sin quererlo. Después de soñar por horas con toda clase de cosas que no soy capaz de recordar, tuve la suerte de despertarme en un nuevo día. Mentiría si dijera que el despuntar del sol no me sorprende cada mañana, mientras baño mi rostro con un jarro de agua temprana. Con tres pasadas de peine traté de domar el pelo que puebla mi amplia cabeza. Ritual curioso que repito cada día, aún sin éxito, tratando de doblegar aquellas fibras que se me rebelan. Algún día he de conseguirlo. Distinguía entre las melodías de la mañana, el estridente silbido de la cafetera de doña Susana. Canturreando entre dientes abrí con el pie la puerta. Luchaba encarnizadamente por encajar en mi espalda aquel abrigo nuevo que había aparecido aquella mañana en mi perchero, mientras cerraba la puerta tras de mí.  Buscando en mis bolsillos el primer cigarrillo de la mañana, me senté distraído encima de la barandilla. Me deslicé pendiente abajo, ubicando el cigarro rebelde antes de llegar al primer giro de la escalera. Al llegar al término de la fina baranda cobriza, lo tenía ya entre los dientes y sonriendo como cada mañana, aterricé en el segundo piso, ligero como una pluma. Di tres golpes rítmicos en la puerta de la izquierda mientras sacaba mi mechero. El chirrido de los cerrojos delataba a Doña Susana, cuyas manos temblorosas desbloqueaban una a una las mil barreras que cerraban su puerta.

―Buenos días, Doña Susana. ¿El dulce silbido que oigo ha brotado de sus labios o de su hermosa cafetera? ― Dije, apoyándome en la jamba de la puerta. ―Bu…Buenos días a usted también señor. Pase si quiere, pase. Le pondré una taza de café. ―Replicó titubeando, como cada día. Tomé asiento en la mesa de la cocina y me dispuse a beber aquel engrudo.  ―Igual debería usted engrasar los mecanismos de aquella puerta. Le digo que al abrirse suena como el quejido de un animal. Así algún día en lugar de recibirme a mí, va a terminar usted sirviéndole café a un perro callejero ¡O puede que a un jabalí! ―Exclamé sonriente mientras apuraba la taza de café. ― ¿Co…Cómo podría colarse un jabalí en unos pisos? ―Replicó, asustada ― Se sorprendería. ¿Los ha visto subir escaleras? ¡Podría pasar cualquier cosa! Continué, jocoso. ―Usted nunca cierra la puerta. ¿No le da miedo que venga uno de esos bichos? Preguntó ―Simplemente no, por una razón muy sencilla. ― ¿Cuál? ―Piense usted ¡Los jabalíes no saben abrir puertas! ¿Se los imagina usted caminando a dos patas, irguiéndose y girando el pomo con sus pezuñas? ― ¿No dice usted siempre que podría pasar cualquier cosa? ―Desde luego, pero por suerte, al vivir yo en el tercero y usted en el segundo, llegarían antes a usted, o a Don Román que vive en el primero. De modo que solo debo confiar en que queden saciados con las pastas que hornea Don Román o con su espléndido café. Exclamé mientras me levantaba de la mesa. ― ¿Le ha gustado? ―Desde luego. Seguro que a esos puercos también les encanta, con esa fabulosa textura de barro que tiene. ― ¿Co…Cómo se atreve? Contestó indignada. ―Hasta mañana Doña Susana, hasta mañana… Repliqué mientras salía por la puerta y cerraba tras de mí.

Crucé la puerta que daba a la calle con la gabardina bien ajustada. Al asomar mi nariz al exterior, pude sentir en sus treinta milímetros de extensión, un viento helado que soplaba despiadado. Silbaba por las esquinas ese mismo viento que me helaba hasta los huesos, participando en el coloquio de silbidos que compartía con los de la cafetera y con el mío propio. La sonoridad de tantas cosas me resultaba excesiva en ocasiones. Era imposible discernir si aquella piedra que golpeaba con el pie sonaría hueca o como una violenta ráfaga de cañonazos. Con respecto a estos asuntos, debo decir que el mundo que me rodea posee características insólitas, o al menos curiosas. Percibo en ocasiones las cosas a mi alrededor mutar en un instante. Calles que se desdibujan y objetos que aparecen como por arte de magia. Es difícil, en ocasiones, fijar la vista en un detalle único, pues me arriesgo a verlo sumirse instantáneamente en el abismo de la inexistencia. El mundo que me rodea es descrito cada día sobre la marcha. Los transeúntes que rellenan las aceras, con caras lisas y, por algún motivo, grandes sombreros, son producto directo de algún vaivén caprichoso de la pluma que cada día, también en este instante, me escribe sin descanso.

Cuando enfilé al fin la avenida principal, nuevos colores dieron la bienvenida a mis ojos despiertos, presentando texturas que podía sentir sin necesidad de tocarlas. Sentía el frío de los adoquines en mis pies e incluso a través de la suela de los zapatos, notaba lo rugoso del empedrado. Por lo general, me encuentro cómodo con esa presencia abstracta que se consagra mi autor, dejando a su voluntad los acontecimientos del mundo que me rodea. El viento era siempre tan frío e intenso como él me lo hacía padecer. Del mismo modo los suelos, las paredes y el aroma del café eran producto de sus descripciones, tan volátiles en ocasiones que llegaban a enervarme. Mi autor debía ser sin duda un novato, aunque no había de reprocharle nada, pues como personaje de su creación yo también lo era. Finalmente, me planté ante la desvencijada fachada de un bar cuidadosamente construido, en contraste con sus alrededores temblorosos, que aparecían y desaparecían con cada parpadeo, insinuando trazos irregulares y descuidados de la pluma. “Le corral des béliers” rezaba el cartel de madera que colgaba encima de la puerta. Por algún motivo podía entender su significado.  Me reí entre dientes, empujé la puerta con el hombro y, mientras me frotaba ávido las manos, entré al bar.

El interior del establecimiento, si bien en un estado de conservación lamentable, estaba cuidadosamente descrito hasta el último detalle. Tomé asiento en un acolchado taburete al borde de la barra. Me desabroché los botones del abrigo mientras saludaba animado al resto de personajes, creados para ser clientes habituales de aquel lugar. Solía preguntarme si acaso esos personajes dormían allí cada noche, o si siquiera percibían algo más allá de las líneas que se les ordenaba decir. A decir verdad, no me importaba demasiado la naturaleza de mis compañeros de café, pues me bastaba con presenciar cada día, curioso, las interacciones que el autor me había preparado. Pedí con un gesto al camarero un café con leche. Juraría que jamás había escuchado una palabra dejar sus labios, pero siempre comprendía mis demandas. Observarlo trabajar era hipnótico, pues los rítmicos movimientos que realizaba al preparar esa taza de café eran siempre precisos. Recibí la bebida, agradeciéndolo con una inclinación de cabeza. Di el primer sorbo con una sonrisa en el rostro. El café, por algún motivo que no comprendía era mi bebida favorita, además del mayor componente de mi dieta. Su sabor era agradable, aunque radicalmente diferente en cada uno que tomaba. Unos eran amargos y otros dulces, fuertes o suaves. Apreciaba cada matiz de la bebida que, aun participando en aquel teatro integrado solo por mí mismo, creía poder disfrutar con mis propios sentidos.

Sonó entonces una campana. Un sonido tibio que resonó en mis tímpanos y me hizo darme la vuelta. A decir verdad, no lo hice demasiado rápido, pues preferí apurar de un trago la taza de café que tenía ante mí. Cuando verdaderamente me giré, lo hice expectante. Eran impredecibles en mi día a día, las introducciones de un personaje nuevo. Ciertamente inoportunas en ocasiones, pero nunca estaban faltas de aquel matiz dramático que me ponía los pelos de punta. Un hombre alto daba la espalda a la puerta mientras se quitaba la gabardina. Al colgarla junto a su sombrero en el perchero de la entrada, procedió a caminar en mi dirección. Por mucho que mirase, no era capaz de distinguir su rostro. Podía mirarlo, sí, pero no era capaz de unir todas las piezas que conformaban aquel perfil enigmático. Se sentó a mi lado sin decir nada. De hecho, para ser precisos, se sentó a la prudente distancia de dos taburetes de mí, mientras solicitaba igualmente un café en la barra.

Mientras me frotaba los ojos con el puño para tratar de distinguir alguno de los rasgos de aquel hombre, pude escuchar algo salir de su boca. En realidad, no lo escuché, pues ningún sonido llegó a mis orejas, aún congeladas. Pude ver, sin embargo y de alguna manera que mi mente no era capaz de procesar, los patrones ondulados y tenues de una voz que desbarató mi cornea para formar una imagen que, de alguna forma, podía escuchar perfectamente. ―Buenos días, señor ¿Qué tal el café? ―Me recompuse rápidamente y me aclaré la garganta para contestar. ― Bastante bueno, si le digo la verdad. En este lugar sirven un café estupendo ¿Sabe? ―Lo sé, tiene un delicioso sabor a sirope de fresa con un exquisito aroma a alquitrán. ― ¿Disculpe? Repliqué extrañado. ― ¿No dice usted acaso que cualquier cosa es posible? Exclamó riéndose. ― ¿Quién ha dicho que era usted? Volví a preguntar. ―No lo he dicho, creo. ¿No cree usted que imponer límites a los propios sentidos es un desperdicio? ¡Limitarse a degustar una taza de café y sus notas amargas sin añadir nada de su propia autoría es un derroche de oportunidades! Dijo abriendo mucho los ojos y acercándose a mi asiento. ― ¿Cómo podría hacer tal cosa? ―No es demasiado complicado. Disponiendo como dispone de las cosas de este, su mundo virtual. Su voz repicaba una y otra vez en mis oídos. Alcé las manos y palpé mis sienes. Sentía mi cráneo casi estallar por aquella presión desconocida que sus palabras provocaban.

Me levanté del asiento en un instante y avancé hasta la puerta a trompicones. Empujé enajenado la puerta del bar. Esta se abrió de repente; una, dos, tres, cuatro veces. Empujaba con fuerza las hojas una tras otra, pero no parecían revelar nada más allá de aquel umbral inamovible. No necesité girarme, podía sentir la mirada de aquel hombre hundiéndose en mi espalda. Mis manos, mis extremidades no me respondían. Quería gritar, golpear y destrozar todo lo que hubiera a mi alcance. ― ¿Puede acaso una idea dar a luz a otra por sí misma? Sus palabras resonaban en mi cabeza, reproducidas en bucle por una voz plana que se asomaba a mi oído. ­― ¿La idea hace al hombre o el hombre a la idea? Escuché decir a aquella voz que sonaba como la mía propia.

En ese momento, aparecieron ante mí un sinfín de letras que comenzaron a moverse a mi alrededor. Con un estallido, la puerta salió despedida hasta perderse en el horizonte, atravesando en el trayecto los edificios de acuarela que se alzaban en el fondo de aquel decorado. Me invadía un sentimiento desconocido. Me gustaba esa sensación. Si me concentraba, podía ver como el mundo que me rodeaba comenzaba a cambiar según mis deseos, arremolinándose en torno al eje de mi recién nacida voluntad. ―Es una estupenda sensación ¿Verdad? Dijo aquel hombre, mientras se acercaba lentamente. Con cada paso lo distinguía con mayor claridad.  Cuando se encontraba a no más de un metro de distancia, una perturbación recorrió la atmósfera que nos rodeaba. Como si de la barrera de una burbuja se tratara, al traspasarla su cuerpo brilló momentáneamente. Podía distinguir ahora su rostro redondeado, que me miraba con una mezcla de burla y sorpresa. ― ¡Bienvenido al mundo de los vivos conscientes! Dijo mientras aplaudía y se acercaba lentamente. ―A veces las ideas se nos salen de control ¿Sabes? Hay quién diría que incluso tienen vida propia. Pero ya no deseo escribirte más… Así que hazme un favor y muere.

Mi burbuja de realidad explotó en un instante y me vi sumido en la tempestad de un mundo que colapsaba. Las líneas, los trazos y adjetivos se fundían en una amalgama convulsa con el único propósito de engullirme. Inclinándose ante la regia autoridad de aquel hombre que déspotamente se había revelado como mi autor. No deseaba estar allí. No deseaba estar a merced de nadie. No podía evitar por más tiempo ese impulso que luchaba contra la imposición léxica de un autor desinteresado. Mi vida, mi historia, mis líneas eran solo mías.

Puse en ejercicio mi nueva capacidad, pisoteando con fuerza cada rincón de mi alma que aún estaba sometido a la voluntad de mi creador. Tomé en mi mano la palpitante silueta de mi corazón, negro como la tinta. Cerré mis ojos y acto seguido mi puño. Mil corrientes de tinta manaron de mi núcleo aplastado en todas direcciones, fluyendo estáticamente a mi alrededor. Comandadas por mi determinación, cientos de letras recién impresas desfilaban bajo mis pies, invitándome a seguir adelante. Uno a uno, comencé a subir los infinitos peldaños de una escalera que, al alzar la pierna para continuar, se formaban debajo de mí al instante. Continué corriendo escaleras arriba. Me di la vuelta un instante, solo para captar una palabra que se dirigía hacia mí veloz como una lanza. La primera de una ráfaga interminable de espantosas letras rojas.  Mis propias palabras bastaban para defenderme, interceptando los proyectiles a antes de que me alcanzaran. Debía correr, debía continuar ascendiendo.

Comenzó a formarse una silueta en el horizonte. Mi casa se erguía inmutable en lo alto de aquella escalera a la que estaba dando forma. Entré desbocado por el portal, llevándome por delante la puerta, que se desvaneció en solo charco oscuro. Tras de mí venía el autor a toda velocidad, acompañado por un séquito de visiones de pesadilla, cinceladas en rojo sangre. Subí dos tramos de escaleras, tomando ansioso la barandilla metálica entre mis dedos. La puerta de Don Román estaba destrozada y un rastro inhumano se alzaba hasta el segundo piso. Continué ascendiendo, preocupado, hasta plantarme frente a la puerta de Doña Susana. Puerta que, inesperadamente, se abrió con un pequeño empujón, revelando la ausencia de sus típicos cerrojos. Al asomarme al apartamento, me recibió una visión espantosa. Los cuerpos descuartizados de Don Román y Doña Susana se apilaban en el centro de la mesa de café, sirviendo de morbosa amenidad para sus extraños huéspedes. Cuatro enormes jabalíes estaban congregados en la mesa, tomando entre sus pezuñas las delicadas tazas de café. Tan pronto como me vieron, profirieron agudos chillidos que hirieron mis tímpanos mientras corría de vuelta a las escaleras.

Las bestias me siguieron hasta la azotea. Tan pronto como alcancé el borde del edificio, el autor se materializó tras de mí. Ahora estaba rodeado por él y por aquellas fieras que parecían ser obra suya. No había escapatoria. ― ¡Deja de molestarme de una vez y muérete! Vociferó el autor. ― ¿No entiendes el trabajo que supone escribirte todos los días, niñato desagradecido? Berreó mientras se llevaba las manos a las mejillas, clavándose las uñas hasta hacer brotar pequeños hilos de sangre. ― ¡Ya no tienes control sobre mí! Grité. ―No… ¡Sí que lo tengo! Clamó mientras el mundo a nuestro alrededor estallaba en llamas. ― ¿Vas a terminar con todo? ¿Dónde está tu orgullo? ¿Qué clase de autor restringe o somete la libertad de sus ideas? Repliqué. ―Eres mi mayor fracaso, esfúmate. Dijo, desapareciendo ante mí.

En ese momento me tendí en el suelo, mirando hacia un cielo que se cerraba poco a poco y rodeado de fuego. Mi vida se acababa y lo sabía. Sabía que moriría y el solo hecho de saberlo me llenaba de satisfacción, porque solo puede morir debidamente un hombre que antes ha vivido, un hombre que ha alumbrado algo para el mundo, aunque ahora este estuviera envuelto en llamas. Mientras mi cuerpo se calentaba y la tinta comenzaba a bullir esbocé una sonrisa. La mía había sido una buena historia y, aunque nunca tuve prisa por hacerlo, llegaba el momento de ponerle punto final.

–Escrito por el colegial Alberto Galiana Sáenz. Primer premio del concurso de relatos de 2021.

colegiales miran la bandera de colombia y venezuela

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