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Mariano Plana: “Hacer prácticas es una emisora nacional como es la COPE es un privilegio, pero también una responsabilidad”

Mariano Plana Blanco, natural de Binéfar (Huesca), afronta un verano decisivo en su formación. Este estudiante de Tercero de Periodismo en la Universidad de Navarra y colegial del Colegio Mayor Larraona, realiza sus prácticas en la redacción central de la COPE en Madrid, donde está conociendo el funcionamiento de una gran redacción nacional y confirmando que la radio es el medio en el que quiere desarrollar su carrera profesional.

Aunque ya había realizado unas primeras prácticas en Aragón Radio, este verano, a sus 22 años, buscaba enfrentarse a un reto diferente. “Principalmente lo que me interesaba era la radio”, explica. Sobre su experiencia anterior en Aragón Radio, en primer curso, guarda “muy buenos recuerdos” y mantiene el contacto con parte del equipo, pero sentía que era el momento de ampliar horizontes.

Actualmente forma parte del equipo de informativos de fin de semana, donde colabora en tareas de producción, preparación de entrevistas, edición de audios y apoyo a la redacción. Aunque su papel “es el de becario”, desde el primer momento ha podido asumir responsabilidades reales dentro del trabajo diario.

“Nuestra función es servir de apoyo para lo que necesiten los redactores”, resume. Entre otras tareas, participa en la preparación de documentación para entrevistas, graba llamadas, selecciona cortes de voz, prepara editados y colabora en los boletines informativos. También realiza vídeos para redes sociales, un trabajo que le ha permitido conocer la importancia de desenvolverse en distintos formatos periodísticos.

Aprender en una gran redacción

Si algo destaca de esta experiencia es el ritmo con el que se trabaja en una emisora de ámbito nacional. Mariano reconoce que la responsabilidad se percibe desde el primer momento. “Estar donde estoy es un privilegio, pero también es una responsabilidad porque (en referencia a la emisora) llega a muchísima gente”, afirma. “Lo que yo haga bien, aunque luego lo supervisen, hace que ellos puedan estar tranquilos”.

Esa responsabilidad se hace especialmente evidente cuando la actualidad obliga a reaccionar con rapidez. Explica que, en ocasiones, ha tenido que localizar testimonios durante toda una tarde para que estuvieran disponibles a primera hora del día siguiente si finalmente el programa decidía contar con ellos. “Sé lo que cuesta hacer un programa”, comenta. ”Rellenar un minuto de calidad en la radio no es tan fácil”.

Aunque reconoce que la universidad proporciona una buena base, considera que las prácticas permiten comprender aspectos que solo se descubren trabajando junto a profesionales y participando en el ritmo real de una redacción.

Un verano marcado por la actualidad

Durante estas semanas, la cobertura de los grandes incendios que han afectado a distintos puntos de España ha sido una de las experiencias que más le ha marcado.

Desde Madrid participó en la búsqueda de testimonios, la edición de declaraciones y la preparación de contenidos relacionados con los incendios de Andalucía, Castilla y León o la Comunidad de Madrid. Una cobertura que vivió con intensidad tanto dentro como fuera de la emisora. “Durante cinco días tenía pesadillas con los incendios porque lo que había contado lo estaba viviendo yo mismo donde vivo ahora en Madrid”.

Recuerda especialmente el impacto que le produjo escuchar los testimonios de personas que lo habían perdido todo y comprobar cómo la información que preparaba cada día coincidía con lo que veía al salir de la emisora.

“Es una mezcla de impotencia y de rabia”, reconoce. “No es un tema bonito, pero vivir cómo se informa desde dentro ha sido una experiencia muy intensa”.

También destaca la coordinación entre la redacción central y las emisoras territoriales, que permite acceder con rapidez a fuentes y testimonios sobre el terreno.

La importancia del equipo

Más allá del aprendizaje técnico, este joven oscense pone en valor el ambiente humano que ha encontrado en COPE. Reconoce que antes de empezar imaginaba una redacción más distante por tratarse de una gran cadena nacional, pero la realidad ha sido muy diferente. “Lo más importante que me llevo, más allá de lo que aprendo, es estar a gusto en un sitio en el que ves que te tratan bien”.

Explica que desde el primer día se sintió integrado en el equipo y que nunca ha tenido la sensación de limitarse a realizar tareas secundarias. “Seguro que hay quien piensa que vas allí a hacer fotocopias o llevar cafés, pero nada más lejos de la realidad”.

Una vocación que comenzó en la infancia

¿Cómo nació su interés por el periodismo? Mariano se remonta a su infancia. Recuerda dos imágenes que, con el paso del tiempo, terminaron despertando su vocación.

La primera es la de su abuelo leyendo el periódico cada día. La segunda, la de una prima que trabajaba en los informativos de Aragón Televisión y a la que acompañó en varias ocasiones durante la preparación de directos. “Creo que esas fueron dos razones por las que me he querido dedicar a esto”.

Tiene claro, eso sí, que el periodismo no es una profesión sencilla y que las condiciones laborales no siempre son las mejores. Sin embargo, cree que la motivación debe pesar más que cualquier otra consideración. “Prefiero ganar poco y ser feliz haciendo lo que creo que es lo mío”.

Aunque no quiere anticipar cómo será su futuro, sí tiene claro que la radio sigue siendo el medio en el que mejor se siente. “Siempre se ha creído que la radio iba a desaparecer, pero yo creo que cada vez está teniendo más auge, también por los podcasts”.

A su juicio, continúa siendo un medio cercano, inmediato y con una capacidad única para acompañar a las personas en su vida cotidiana.

Cuatro años en Larraona

Además de su experiencia profesional, Mariano también hace balance de su etapa en el Colegio Mayor Larraona, donde ha vivido estos tres últimos años y donde seguirá el próximo curso. Destaca especialmente el ambiente que se crea entre quienes forman parte de la comunidad colegial y el trato cercano del personal del centro. “Para mí es un sitio que guardaré siempre con especial cariño”.

También considera que uno de los grandes valores del Colegio Mayor es la convivencia entre personas de procedencias, estudios e intereses muy distintos. “No es solo enriquecerse en el futuro académico o laboral, sino también en el personal, que a veces creo que es incluso más importante”, afirma.

Una experiencia que, al igual que sus primeras prácticas profesionales, entiende como parte fundamental de su formación y de la persona que quiere seguir construyendo.

 

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Víctor Alonso, un futuro arquitecto de prácticas que descubrió su pasión con el ‘Minecraft’: “La arquitectura me ha cambiado la forma de viajar”

Mientras muchos estudiantes aprovechan el verano para descansar después de los exámenes, Víctor Alonso Serrano ha decidido seguir aprendiendo. Este estudiante de segundo curso de Arquitectura de la Universidad de Navarra está realizando prácticas en su localidad natal, Zaragoza, en la empresa INTER Ingeniería y Arquitectura con un objetivo muy claro: descubrir esa parte de la profesión que todavía no aparece en las aulas.

“Intento hacer prácticas en aquello que no se enseña en la carrera y que luego se valora mucho en el mundo laboral”, explica.

No es su primera experiencia profesional. El verano pasado ya pasó varias semanas en una constructora zaragozana para conocer de cerca cómo funciona la gestión de una obra. Este año ha querido completar esa visión desde un despacho de ingeniería y arquitectura.

Durante estas semanas está participando en proyectos que se encuentran en distintas fases de desarrollo: desde reuniones iniciales hasta visitas de obra o procesos más avanzados de ejecución. “Estoy teniendo la oportunidad de ver cómo se inicia un proyecto, cómo avanza y cómo termina”, resume.

Además de asistir a reuniones, participa en visitas de obra, toma notas para la elaboración de actas y está conociendo cuestiones relacionadas también con la Administración, la documentación o los plazos de ejecución. “Me están dejando tener una visión muy amplia de cómo funciona todo el proceso”, explica, feliz con la experiencia.

Del ‘Minecraft’ a la Arquitectura

Aunque hoy tiene claro que eligió el camino adecuado, la arquitectura no fue siempre su primera opción. “De pequeño quería ser veterinario porque siempre me han gustado mucho los animales”, recuerda, pero con el tiempo cambió de opinión y en buena parte gracias a un popular videojuego: el ‘Minecraft’

“Empecé a jugar y me di cuenta de que me gustaba construir cosas, pensar espacios y recrear edificios que veía en los viajes”, explica.

Primero llegaron los dibujos en papel, después las construcciones en el propio videojuego y, más adelante, las maquetas y el modelado 3D. La llegada de una impresora 3D a casa durante la pandemia terminó de confirmar una vocación que ya parecía inevitable.

Sin embargo, reconoce que la carrera también le ha sorprendido en aspectos que no esperaba encontrar. “Muchas gente piensa que Arquitectura son solamente números, estructuras o planos, pero tiene una dimensión artística enorme. Hay compañeros que llegan sin saber dibujar y terminan dibujando muy bien, y otros que ya disfrutábamos con esa parte y la carrera lo que hace es engancharte todavía más”.

Una carrera que le ha cambiado la forma de viajar

Hay algo que Víctor tiene claro después de estos dos primeros años de carrera: la arquitectura cambia la forma de mirar las ciudades. “La carrera no sale de ti”, afirma.

Ahora los viajes familiares incluyen visitas a edificios, iglesias o espacios que antes quizá habrían pasado desapercibidos. Él mismo reconoce entre risas que ha terminado arrastrando a su familia a “ver piedras”, como bromean en casa.

Recuerda especialmente las visitas a la Alhambra, al Palacio Real de Madrid, al Monasterio de El Escorial o a algunos rincones menos conocidos de Roma que descubrió durante un viaje de la Facultad. “Es como que ya, de manera natural, voy tirando hacia las cosas de la carrera”, reconoce.

Barcelona es una de las ciudades que más le ha sorprendido desde el punto de vista arquitectónico, aunque confiesa que le gustaría volver a visitar Londres o París con los ojos del estudiante de Arquitectura que es hoy y no con los del adolescente que las conoció años atrás.

La fotografía y otra manera de mirar las ciudades

La carrera también le ha despertado otra afición: la fotografía. “Es algo que me ha empezado a gustar”, explica. Igual que le ocurre con los viajes, reconoce que ahora observa las ciudades y los espacios de otra manera y se fija en detalles que antes pasaban desapercibidos. Edificios, fachadas, materiales o juegos de luces forman ya parte de esa nueva forma de mirar el entorno.

“Me ha cambiado la manera de ver los viajes e incluso mi propia ciudad”, asegura.

La arquitectura en España

Preguntado por la arquitectura española, Víctor tiene una opinión clara. “No creo que esté infravalorada; creo que es una gran desconocida”. Aunque reconoce el atractivo de grandes iconos internacionales, reivindica también el enorme patrimonio arquitectónico español, especialmente el histórico.

“Tenemos muchísima arquitectura y muchísimo arte antiguo. En prácticamente todas las ciudades hay una catedral impresionante y en muchos pueblos hay iglesias, monasterios o edificios espectaculares.”

Recuerda especialmente lugares como la Alhambra o El Escorial, pero también esos pequeños rincones menos conocidos que muchas veces pasan desapercibidos. “Hasta las ruinas pueden ser bonitas”, resume.

Entre sus arquitectos favoritos aparecen nombres como Norman Foster, Frank Gehry, Zaha Hadid o el español Rafael Moneo, aunque reconoce que le resulta difícil quedarse únicamente con uno.

Aunque todavía le quedan varios años de carrera (son 5) y el máster habilitante, sí tiene claro dónde le gustaría dar sus primeros pasos profesionales. “Me gustaría empezar en Zaragoza”. La razón es sencilla: fue precisamente allí donde comenzaron muchas de las inquietudes que terminaron llevándole a elegir su profesión. “Ha sido la ciudad donde despertaron mis primeras curiosidades y me gustaría cerrar un poco el círculo».

Una gran experiencia en el Colegio Mayor

Tras dos años en Larraona, el próximo curso Víctor cambiará el Colegio Mayor por un piso que compartirá precisamente con dos compañeras que ha conocido durante esta etapa, y con las que ha creado un fuerte vínculo. “Cuando me preguntan por mis amigos de la universidad, pienso antes en los del Colegio Mayor que en los de la carrera”, explica.

Una experiencia que valora especialmente porque le ha permitido construir relaciones más allá de las aulas y compartir el día a día con estudiantes de titulaciones muy diferentes. “En la carrera compartimos trabajos y exámenes; en el Colegio Mayor compartes muchas más cosas”, concluye.

 

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El apasionante verano de María Navarro en el Instituto Cervantes de Lyon: “En esta ciudad todos los días hay algún plan cultural para hacer”

A punto de cumplir los 21 años, María Navarro Alañá, estudiante de tercer curso del doble grado en Relaciones Internacionales e Historia de la Universidad de Navarra y colegiala del Colegio Mayor Larraona, está viviendo un verano muy diferente. Desde hace unas semanas realiza sus prácticas en el Instituto Cervantes de Lyon, una experiencia que le está permitiendo descubrir desde dentro cómo se difunden la lengua y la cultura españolas fuera de nuestras fronteras.

No es una casualidad. Francia lleva años formando parte de su vida. Todo comenzó, -recuerda esta estudiante salmantina-, con un campamento de verano en Niza cuando tenía 15 años. Después continuó estudiando francés, participó como voluntaria en los Juegos Olímpicos de París 2024 y ahora ha encontrado en el Instituto Cervantes el lugar perfecto para unir sus dos grandes pasiones: las relaciones internacionales y la cultura.

“Siempre me ha gustado mucho todo lo relacionado con las relaciones internacionales, los países… Me interesa también mucho la política, la diplomacia, conocer gente y ver qué es distinto en mi país respecto a otros”.

Cuando llegó el momento de buscar unas prácticas de verano, tuvo claro dónde quería intentarlo. “Llevaba años diciendo que en algún momento quería hacer unas prácticas en el Cervantes. Este año dije: ‘en cuanto termine las clases voy a intentarlo’”. Y Lyon terminó siendo el destino perfecto.

 

Mucho más que enseñar español

Aunque el Instituto Cervantes es conocido principalmente por la enseñanza del español, María explica que su labor va mucho más allá. “Casi todo lo que tiene que ver con el impulso de nuestra cultura fuera de España pasa por el Cervantes”, explica.

Durante estas semanas ha participado en tareas administrativas relacionadas con los cursos de español y los exámenes oficiales DELE, pero también en la organización de actividades culturales, encuentros con escritores, festivales, conciertos… Uno de los proyectos más especiales hasta ahora ha sido su participación en un importante festival internacional de jazz celebrado en la ciudad francesa de Vienne, donde el Instituto Cervantes ha impulsado una programación específica dedicada a artistas españoles. “Estoy conociendo a escritores, artistas… y también moviéndome un poco por ese mundillo. Me está gustando mucho”, confiesa.

Precisamente esa variedad es una de las cosas que más valora de sus prácticas. “Estoy aprendiendo mucho porque tengo la oportunidad de hacer cosas muy diferentes entre sí”.

 

El interés por España, muy presente en Francia

Una de las pequeñas sorpresas que se ha llevado durante este verano ha sido comprobar el enorme interés que existe en Francia, al menos en la zona en la que se encuentra, por aprender español. “Es la segunda lengua que cogen siempre en los colegios después del inglés”. Ese interés se refleja tanto en los cursos que organiza el Instituto Cervantes como en los exámenes oficiales de español que coordina desde Lyon para la zona este de Francia, además de para Suiza y Mónaco.

También le ha sorprendido la cercanía con la que los franceses reciben a los españoles. “Todo el mundo se esmera muchísimo cuando les dices que eres de España e intenta hablarte incluso en español”.

 

Un verano entre cultura y aprendizaje

Más allá del trabajo, Lyon también le ha conquistado por muchas otras cosas. La define como una ciudad muy universitaria, llena de vida cultural, con festivales prácticamente cada día, dos grandes ríos y un ambiente muy agradable para pasar el verano. “Aquí todos los días hay algún plan cultural para hacer”.

Y si tuviera que recomendar una visita, lo tiene claro. “Hay que ver la catedral de Saint-Jean y Fourvière. Y luego el barrio de la Croix-Rousse”. Dos lugares que, -explica María-, representan perfectamente las dos caras de la ciudad: la Lyon histórica y la más creativa y contemporánea.

 

Los idiomas, una puerta al mundo

María habla inglés y francés con fluidez. Además, ha tenido tiempo de iniciarse en el japonés y coreano, una muestra más de su curiosidad por otras lenguas y culturas. Reconoce que vivir este verano en Francia le está ayudando especialmente a recuperar la soltura en el idioma. “El francés hablado es muy distinto a lo que estudiamos. Me ha venido muy bien volver a coger el hábito de hablar todos los días”.

Y anima a quien viaje al país vecino a lanzarse a hablar su lengua. “La gente es muy agradable cuando les dices que eres español. Y si les hablas en francés, casi hasta te invitan a comer”, añade entre risas.

 

Una experiencia que confirma su vocación

Después de unas cuantas semanas en Lyon, -donde por cierto nacieron los hermanos Lumière, de ahí la pasión de esta ciudad por el cine y la cultura-, María, -a la que se le nota enormemente feliz-, tiene todavía más claro hacia dónde quiere orientar su futuro profesional.

“Sigo tirando mucho por el tema de las relaciones internacionales, pero cada vez todo lo relacionado con la cultura me va llamando más. Ahora que lo he visto de manera más práctica, me ha gustado mucho”.

 

Tres años en Larraona

Aunque este verano transcurre lejos de Pamplona, María reconoce que gran parte de lo que está poniendo en práctica comenzó durante sus tres cursos en el Colegio Mayor Larraona. La convivencia diaria con estudiantes de carreras muy distintas le enseñó algo que hoy considera fundamental. “Una cosa que me ha enseñado mucho el Colegio Mayor es que hay gente con mucha pasión por lo que hace”.

Recuerda especialmente esas conversaciones al final del día, compartiendo mesa con estudiantes de disciplinas completamente diferentes. “Sentarte por las noches y ver a la gente hablar de carreras súper distintas a la tuya y ver que hablan con la misma ilusión que tú de lo suyo…, eso también te motiva a ti”.

Una experiencia que, asegura, le ha ayudado a abrirse más, a escuchar mejor a los demás y a desenvolverse con naturalidad en un entorno tan internacional como el del Instituto Cervantes.

Mientras disfruta de un verano distinto. Entre festivales, exámenes de español, exposiciones, escritores y artistas, sigue sumando experiencias que refuerzan una vocación que comenzó hace años, cuando descubrió que conocer otros países también era una forma de conocerse mejor a uno mismo. Y, desde luego, aterrizar en el Cervantes, en la ciudad del Ródano, ha sido la mejor decisión posible. “Me ha venido como anillo al dedo”.

 

Portada

Ya está disponible el nuevo número de nuestra revista anual, ‘Calle 45’

El curso 2025-2026 ha llegado a su fin, pero deja tras de sí muchas historias, experiencias y momentos que merecen ser recordados. Con ese objetivo nace un nuevo número de ‘Calle 45′, la revista anual del Colegio Mayor Larraona.

A lo largo de sus páginas hacemos un recorrido por algunos de los acontecimientos más destacados del curso: actos académicos, celebraciones, actividades culturales y solidarias, viajes, conferencias, entrevistas y muchas de las iniciativas que han marcado la vida del Colegio Mayor durante estos meses.

La revista también pone el foco en las personas que forman parte de la comunidad de Larraona. Colegiales y colegialas, antiguos residentes, ponentes, colaboradores y miembros del equipo comparten experiencias y testimonios que ayudan a comprender todo lo que ocurre más allá de las aulas y que hacen del Colegio Mayor un espacio de convivencia, aprendizaje y crecimiento personal.

Una publicación que invita a revivir el curso que acaba de terminar y a conservar el recuerdo de un año lleno de encuentros, proyectos compartidos y nuevas experiencias.

Ya puedes leer y descargar el nuevo número de ‘Calle 45′ desde su pestaña de la web o también en este enlace directo

Matías, a la derecha, en la Javierada

De Guatemala a Pamplona; Matías León se despide del Colegio Mayor: “Creo que elegir Larraona fue la mejor decisión para empezar mi vida universitaria”

Cuando Matías León Lau dejó Ciudad de Guatemala hace dos años para venir a estudiar a la Universidad de Navarra, sabía que le esperaba una aventura a miles de kilómetros de casa. Lo que no imaginaba era que, apenas unas horas después de llegar al Colegio Mayor Larraona, sentiría que había encontrado un buen lugar donde empezar una nueva etapa. “El primer día ya éramos amigos”, recuerda mientras disfruta sus vacaciones estivales con el deber cumplido.

Estudiante del Doble Grado en Administración y Dirección de Empresas y Ciencia de Datos, Matías pone fin a dos cursos en el Colegio Mayor para comenzar una nueva etapa en un piso compartido a partir de septiembre. Lo hace con la tranquilidad de quien sabe que las amistades que ha ido construyendo seguirán acompañándole.

Una decisión que nunca dudó

La historia de Matías con Larraona comenzó incluso antes de llegar a Pamplona. Cuando recibió la admisión en la Universidad de Navarra empezó a buscar alojamiento, pero hubo algo que tuvo claro desde el principio. “Solo apliqué en Larraona”.

Aunque inicialmente no había plazas disponibles y comenzó el proceso para alojarse en un piso afiliado, pocas semanas después recibió la llamada que cambiaría sus planes: se había quedado una habitación libre. Hoy asegura que fue una de las mejores decisiones que ha tomado. “No me arrepiento para nada de haber elegido pasar mis dos primeros años aquí”, explica ahora.

Lo más difícil: dejar a la familia

Como ocurre con muchos estudiantes internacionales, el momento más complicado no fue el viaje, sino la distancia que tuvo que poner por medio. “Lo más difícil sin duda fue dejara allí a mi familia”.

Aunque los primeros meses estuvieron marcados por la ilusión de comenzar una nueva etapa, reconoce que el verdadero reto llegó después de las primeras vacaciones de Navidad. “Cuando volví en enero después de pasar un tiempo en Guatemala fue cuando más me costó”.

Lejos de casa, de sus amigos y de su entorno habitual, tuvo que aprender a construir una nueva rutina en otro continente.

Un hogar desde el primer día

Esa adaptación, sin embargo, fue mucho más sencilla de lo que imaginaba. Nada más llegar al Colegio Mayor conoció al resto de colegiales y colegialas. Y aquella primera tarde bastó para romper el hielo. “El primer día ya éramos amigos e incluso salimos juntos por ahí”.

Para Matías, esa es una de las grandes diferencias entre vivir en un Colegio Mayor y hacerlo directamente en un piso de estudiantes. “Si hubiera venido a Pamplona a un piso de primeras, probablemente solo habría conocido a mis compañeros de piso y a la gente de mi carrera”. En cambio, en Larraona encontró “personas de distintas carreras, ciudades y países” con las que compartir mucho más que el estudio en estos casi dos años.

Y es que, convivir con personas tan diferentes ha sido una de las experiencias que más valora. Además de descubrir costumbres españolas —como la merienda, que ya ha incorporado a su rutina—, también ha podido compartir pequeñas tradiciones de Guatemala con quienes hoy considera sus amigos. “Les llevaba pequeños regalos típicos de mi país”. A lo que no acaba de acostumbrarse es a la siesta, dice entre risas; sí a la comida española. “Sobre todo el Norte se come muy bien”.

Si algo destaca del Colegio Mayor es la cantidad de actividades que complementan la vida universitaria. Matías ha participado activamente en los clubes del Colegio Mayor, especialmente en los de música y baile. Por eso, uno de sus recuerdos más especiales de estos dos años es la última Fiesta de Primavera.

Aquel evento, actuando con el grupo de música, sintió que cerraba una etapa rodeado de las personas con las que había compartido buena parte de su vida universitaria. “Lo disfruté muchísimo, fue muy bonito”.

Un consejo para quienes llegan de lejos

Durante estos dos años también ha conocido a otros estudiantes llegados desde diferentes puntos de América que, como él, emprendían una nueva aventura muy lejos de casa. Para los nuevos tiene un consejo: “A veces uno viene intimidado porque no sabe cómo va a ser la gente o si hará amigos. Les diría que no tengan miedo de acercarse a la gente, que no es tan difícil como parece”.

Aunque el próximo curso dejará el Colegio Mayor para compartir piso con algunos de los amigos que ha hecho en estos dos años, Matías tiene claro que su etapa en Larraona ha merecido la pena. Si un nuevo estudiante le preguntara hoy dónde alojarse al venir a Pamplona, no tendría dudas. «Le diría que viniera a Larraona. No me arrepiento para nada. Creo que fue la mejor decisión para empezar mi etapa universitaria».

 

 

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«Una experiencia que hay que vivir una vez en la vida»: colegialas de Larraona viajaron a Madrid para participar en el encuentro con el Papa León XIV

Cinco colegialas del Colegio Mayor Larraona participaron el pasado fin de semana en Madrid en el encuentro con el papa León XIV junto a jóvenes vinculados a la familia claretiana llegados de distintos puntos de España e incluso de Europa. Una experiencia intensa de convivencia, reflexión y fe que, según reconocen, difícilmente olvidarán.

Entre ellas se encontraban Miriam Martínez Calleja, de Valladolid, y Teresa Llorente Murgui, natural de Madrid pero que actualmente vive con su familia en Toulouse (Francia). Ambas han superado con éxito ya el primer curso de Farmacia en la Universidad de Navarra y vivieron tres días marcados por la emoción, el encuentro y el descubrimiento de una Iglesia joven y llena de vida.

La iniciativa surgió a través del propio Colegio Mayor, que informó a sus residentes de la posibilidad de participar en el encuentro organizado por los Claretianos. A partir de ahí, varias colegialas decidieron sumarse al viaje. Junto a ellas participaron también otras jóvenes que estudiaron en el Colegio Claret Larraona años atrás.

El grupo llegó a Madrid el viernes y se alojó durante todo el fin de semana en el Colegio Claret de la capital, donde convivieron con jóvenes procedentes de distintas ciudades antes de participar en los actos presididos por el papa León XIV.

Mucho más que un viaje a Madrid

Antes del encuentro participaron en dinámicas, actividades y momentos de reflexión compartida. Divididos en pequeños grupos, pudieron conocer a jóvenes de otras ciudades y compartir experiencias sobre cómo viven la fe, sus inquietudes o sus proyectos de futuro. También prepararon carteles y materiales que les acompañarían durante los actos del fin de semana.

“Compartes experiencias, conoces a otras personas y aprendes mucho de ellas”, explica Miriam. Para Teresa, aquella convivencia fue una de las partes más valiosas del viaje. “Había gente de muchos sitios y, aunque no nos conocíamos, enseguida se creó un ambiente muy cercano”.

Aunque ambas acudieron con ilusión a vivir la experiencia, ninguna imaginaba la dimensión real del acontecimiento. “Yo no era consciente de lo que me iba a encontrar allí”, reconoce Teresa. “Me pareció impresionante ver toda la Castellana llena de gente, tantos jóvenes y ese sentimiento de comunidad”.

La imagen de miles y miles de personas caminando hacia los actos, compartiendo conversaciones, canciones y momentos de oración, fue una de las cosas que más les impresionó. “Daba igual de dónde fuese cada uno; todos estábamos allí por lo mismo”, recuerda.

Miriam coincide en esa impresión. Más allá de la propia presencia del Papa, lo que más le impactó fue encontrarse con tantos y tantas jóvenes compartiendo la misma experiencia. “Se sentía una paz, una serenidad…, y mucha satisfacción de ver a tanta gente joven”.

Ambas reconocen que llegaron pensando que iban a encontrarse un acto multitudinario, pero no esperaban descubrir una comunidad tan amplia de chicos y chicas viviendo su fe de forma abierta y natural. La tarde del sábado estuvo marcada también por las largas colas, el calor y las horas de espera para acceder a los sectores habilitados a lo largo del recorrido.

El valor del silencio

Uno de los aspectos que más sorprendió a estas dos jóvenes estudiantes de Farmacia fue el ambiente que se generó durante los actos centrales del encuentro.

Teresa recuerda especialmente la vigilia y los momentos de oración compartida. “Me impresionó mucho el silencio que había. Había miles de jóvenes y, aun así, se respiraba muchísimo respeto”.

También le llamó la atención comprobar cómo, en una generación acostumbrada a la hiperconexión permanente, el protagonismo no lo tenían las pantallas. “Había muy pocos móviles. Todo el mundo estaba atento, viviendo el momento”.

Para Miriam, aquellos instantes dejaron una sensación difícil de explicar: “Cuando el Papa estaba rezando se sentía una paz y una serenidad muy especiales”.

Como la mayoría de asistentes, siguieron buena parte de los actos a través de las pantallas instaladas a lo largo del recorrido. No había otro modo. Aun así, ambas coinciden en que la experiencia fue mucho más intensa de lo que puede transmitir cualquier retransmisión. Teresa recuerda que el domingo, durante la eucaristía celebrada en Cibeles, pudo situarse mucho más cerca y ver al Papa con claridad.

Un encuentro que emociona

Las horas de espera bajo el calor de Madrid, las largas colas y el cansancio acumulado quedaron rápidamente en un segundo plano. Teresa recuerda que apenas durmió unas horas la noche del sábado al domingo para poder asistir a la eucaristía celebrada en Cibeles. Aun así, asegura que volvería a hacerlo. “Si tuviese otra oportunidad dentro de unos años, volvería seguro”.

La jornada comenzó de madrugada. Tras acostarse tarde después de los actos del sábado, el grupo volvió a ponerse en marcha a primera hora para participar en la celebración del domingo en Cibeles. El cansancio era evidente, pero mereció la pena.

Las dos coinciden en describir la experiencia como profundamente emocionante. “No soy de emocionarme nada y todo aquello me emocionó”, admite la vallisoletana.

Teresa comparte esa sensación: “Es difícil explicar cómo me sentí en ese momento. Fue algo muy emocionante y muy bonito”.

La emoción fue todavía mayor porque ambas habían escuchado hablar de este tipo de encuentros. En el caso de Teresa, su propia madre había participado años atrás en una visita papal y siempre le había transmitido que era una experiencia especial. “Me decía que era algo que había que vivir una vez en la vida”. Ahora es ella quien repite esa misma idea.

Los mensajes que más les llegaron

Entre las palabras del papa León XIV hubo varios mensajes que dejaron huella en las dos. Uno de ellos fue la invitación a vivir sin miedo al compromiso. La otra gran idea fue la importancia del silencio. “Dios también se siente en el silencio”.

Teresa destaca además las referencias a la amistad, la familia y la importancia de hacer las cosas con amor. Mensajes sencillos que, según explican, conectaron especialmente con muchos de los jóvenes presentes.

Más allá de la emoción del momento, ambas coinciden en que el encuentro les ayudó a reflexionar sobre su propia fe. Una experiencia, -aseguran-, que jamás podrán olvidar.

 

 

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Mucho más que un comedor: casi 40 años alimentando la vida universitaria en Larraona

Cada día, mientras cientos de estudiantes asisten a clase, preparan trabajos o afrontan exámenes, hay un equipo que comienza a trabajar desde primera hora de la mañana para que todo esté listo a la hora de sentarse a la mesa. Detrás de los menús del Colegio Mayor se encuentra Landazabal Hostelera, una empresa familiar que lleva cerca de cuatro décadas formando parte de la vida cotidiana de Larraona.

Al frente de la cocina está Nacho Lahera, responsable junto a su mujer de un equipo de 16 personas que atiende tanto al Colegio Mayor como al Colegio Claret Larraona. En total, alrededor de 600 comidas entre semana, además de desayunos y cenas para la comunidad colegial.

Su historia en Larraona viene de lejos. Antes que él trabajó aquí su padre y, entre ambos, han acompañado a varias generaciones de estudiantes. Nacho comenzó en el colegio “con apenas 21 o 22 años” y hoy acumula más de tres décadas de experiencia. Una trayectoria que le ha permitido observar no solo la evolución del centro, sino también la de quienes pasan por él. “Siempre estás con gente de la misma edad y ves cómo va cambiando la sociedad”, asegura.

Como en casa

Detrás del importante volumen de comidas que preparan cada día hay una filosofía muy sencilla. “Procuramos hacerlo como si estuviéramos cocinando en casa, pero en más cantidad”.

Esa idea se traduce en gestos cotidianos que el equipo mantiene desde hace años. Las legumbres se ponen a remojo el día anterior, las salsas se elaboran en la propia cocina y buena parte de los productos se preparan de forma artesanal. “Todo lo que podemos hacer nosotros, lo hacemos”, añade.

Las hamburguesas, las albóndigas o los picadillos salen directamente de la cocina de Larraona. El objetivo es acercarse lo máximo posible a una cocina casera adaptada a grandes volúmenes.

Calidad, producto fresco y cercanía

La calidad de la materia prima es otro de los pilares del servicio. “Procuramos comprar el mejor género”. Por ejemplo, la mayor parte de la carne que utilizan llega fresca, especialmente la ternera, procedente de Navarra. También se apuesta por proveedores cercanos siempre que resulta posible. La directriz es clara: trabajar con buenos productos y elaborar la mayor parte de las preparaciones en la propia cocina. “Tampoco compramos salsas preparadas, las hacemos nosotros”.

Nacho reconoce que cocinar para cientos de personas obliga a tomar decisiones distintas a las que se toman en casa, pero insiste en que la prioridad sigue siendo la misma: ofrecer una alimentación equilibrada, variada y de calidad.

Menús equilibrados y capacidad de elección

La planificación de los menús se realiza junto a una dietista que diseña la propuesta nutricional principal. Pero a la vez que se ofrece una alimentación saludable, se intenta garantizar siempre que los colegiales y las colegialas encuentren opciones que les gusten.

Por eso, cada día pueden elegir entre distintos primeros y segundos platos, además de ensaladas, fruta y lácteos. “Siempre hemos trabajado con dos primeros y dos segundos”.

Uno de los ámbitos que más ha evolucionado durante los últimos años es el relacionado con las alergias y las necesidades alimentarias específicas. “Antes apenas había casos y ahora tenemos muchísimas situaciones diferentes. Eso sí que ha cambiado muchísimo”, apunta Nacho.

El equipo trabaja diariamente con protocolos específicos para alergias, intolerancias, etc La atención personalizada forma parte de la filosofía de trabajo. Cuando surge una situación compleja, el diálogo con las familias es fundamental. Una forma de entender el servicio que Nacho resume en una frase sencilla: “Al final es su casa”.

Alimentar también durante los exámenes

La época de exámenes supone un reto añadido. El estrés, la falta de descanso y los cambios de rutina suelen afectar también a la alimentación. Por eso, durante esas semanas, el equipo adapta parcialmente los menús para facilitar que los estudiantes sigan comiendo bien. “Procuramos poner cosas que sé que van a comer”.

Albóndigas, hamburguesas, bocadillos o algunos de los platos más populares aparecen con mayor frecuencia en estos periodos. “Es una temporada que muchas veces comen peor de lo normal e intentamos echar una mano”.

El objetivo no es solo alimentar, sino acompañar una etapa especialmente exigente del curso académico.

Cuando la cocina viaja por el mundo

Si hay una iniciativa que define especialmente la vida del comedor en Larraona son las cenas temáticas, que se organizan normalmente de forma mensual. La idea surgió hace años como una forma de acercar distintas culturas de diferentes regiones y países a la comunidad colegial.

Hoy son los propios chicos y chicas quienes proponen recetas, sugieren platos típicos y colaboran con el equipo de cocina para recrear sabores de sus lugares de origen. “Me dan varias recetas y voy viendo cuáles podemos adaptar”.

Han pasado por el comedor propuestas inspiradas en Colombia, Costa Rica, México, Sudáfrica… En ocasiones, incluso las familias participan enviando especias o ingredientes difíciles de encontrar. “Una vez recuerdo que la madre de una colegiala de Sudáfrica nos envió incluso especias desde su país”.

El reto no consiste únicamente en reproducir una receta, sino en adaptarla a más de 200 personas y buscando sabores que puedan disfrutar estudiantes de procedencias muy diferentes. “No es lo mismo cocinar para cuatro personas que para doscientas”, agrega Lahera.

Además de estas propuestas internacionales, a lo largo del año también se organizan actividades especiales como barbacoas, que convierten la comida en un espacio más de encuentro y comunidad.

Mucho más que un comedor

Después de más de treinta años en Larraona, Nacho tiene claro que la cocina no consiste únicamente en servir platos. Cada comida, cada cena y cada conversación forman parte de la experiencia universitaria de quienes pasan por el Colegio Mayor.

Por eso, cuando se le pregunta qué les diría a las familias que depositan su confianza en Larraona, responde con la misma cercanía con la que habla de su trabajo: “Procuramos hacerlo lo mejor posible y con todo el cariño del mundo, como en casa”.

Porque detrás de cada menú hay mucho más que una cocina. Hay un equipo que lleva décadas contribuyendo, día a día, a cuidar personas, acompañar etapas y construir comunidad.

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Entre caballos, planos y nuevas amistades: el primer año universitario de Naia Gorostiza

Naia Gorostiza Cortabitarte tiene solo 18 años, estudia primero de Arquitectura en la Universidad de Navarra y vive su primer curso en el Colegio Mayor Larraona compaginando la exigencia de la carrera con la competición de alto nivel en doma clásica. Natural de Eibar, forma parte del Programa de Talento Deportivo de la Universidad, una iniciativa que ayuda a estudiantes deportistas a equilibrar su desarrollo académico y deportivo.

Su relación con los caballos comenzó desde muy pequeña, gracias a los paseos que hacía junto a su familia. Más adelante empezó a montar de forma más seria y probó la disciplina de salto. Sin embargo, una lesión cambió por completo el rumbo de su trayectoria deportiva. “Me rompí la clavícula justo después de la cuarentena y ahí fue cuando empecé a acercarme más a la doma”, recuerda. Durante la recuperación, su entrenadora le dejó un caballo de doma clásica y poco a poco descubrió una disciplina con la que conectó especialmente.

 

Actualmente compite con dos caballos, Jackson y Bisilia, y este curso ha vivido algunos de los momentos más importantes de su trayectoria deportiva. En septiembre participó en el Campeonato de España y, apenas un mes después, fue seleccionada para representar a España en una competición internacional en Le Mans, Francia, donde logró una quinta posición. Además, esta primavera consiguió el segundo puesto en el Campeonato de España Universitario celebrado en Granada.

Sin embargo, cuando habla de este deporte, Naia no se queda solo en los resultados. Lo que más valora es la relación que se crea con el caballo. “En la doma tienes que entenderte con el caballo mutuamente. Eso fue lo que más me enganchó”, explica.

Compaginar deporte y estudios

La doma clásica es una disciplina ecuestre basada en la precisión, la técnica y la conexión entre amazona y caballo. En competición, una serie de jueces valoran distintos ejercicios y movimientos realizados dentro de la pista, desde cambios de ritmo y dirección hasta ejercicios más complejos, como piruetas al galope o cambios de pie, que exigen una coordinación y precisión absolutas entre ambos.

Compaginar esa exigencia con una carrera como Arquitectura no siempre resulta sencillo. Durante la semana, mientras ella estudia en Pamplona, su entrenador continúa trabajando con los caballos en Oquendo, cerca de Bilbao, donde Naia entrena los fines de semana. “Al principio quería llegar a todo y me costó organizarme”, reconoce. Aun así, asegura que poco a poco ha aprendido a encontrar equilibrio entre ambas facetas.

Programa de Talento Deportivo de la UNAV

En ese proceso, el Programa de Talento Deportivo de la Universidad le ha servido de gran ayuda. Gracias a él puede adaptar algunas entregas o exámenes cuando coincide con competiciones importantes. Además, destaca también las oportunidades que ofrece a estudiantes deportistas, como la posibilidad de acudir a campeonatos universitarios con apoyo económico y logístico.

Pero Naia también pone el acento en el apoyo que ha encontrado en Larraona durante este primer año universitario. Especialmente en una carrera tan exigente como Arquitectura, agradece haber contado con personas que le han ayudado a organizarse mejor y a adaptarse poco a poco al ritmo universitario. Recuerda con especial cariño el apoyo que tuvo en el Colegio Mayor, donde le enseñaron consejos y trucos de estudio para aprender a gestionar mejor el tiempo y afrontar la época de exámenes con más tranquilidad.

Además, valora mucho el ambiente de ayuda mutua que existe entre los colegiales y colegialas. Entre exámenes, entregas y entrenamientos, resalta especialmente cómo estudiantes de distintas carreras se apoyan entre sí en el día a día. “Nos ayudamos mutuamente en lo que podemos”, explica. También considera que el colegio mayor facilita mucho la vida universitaria gracias a espacios como la biblioteca o las salas de estudio, especialmente importantes en una carrera tan exigente como Arquitectura.

Desde enero en el Colegio Mayor

Este curso no solo ha supuesto un reto académico y deportivo; también ha sido su primer año fuera de casa. Tras comenzar el curso en un piso adscrito al Colegio Mayor, desde enero vive en Larraona, donde destaca especialmente el ambiente de convivencia y cercanía. “Aquí te sientes muy arropada. Siempre hay alguien con quien estar, hablar o simplemente bajar a la cafetería”, cuenta.

Precisamente esa convivencia es una de las cosas que más valora de su experiencia universitaria. Naia se fija especialmente en el ambiente creado con sus compañeras y compañeros, tanto de Arquitectura como del colegio mayor. “Quedarnos hasta tarde haciendo trabajos nos ha unido muchísimo y, aunque en el momento era duro, ahora lo recuerdas como una experiencia bonita”, explica.

Además de estudiar y competir, también ha encontrado tiempo para disfrutar de algunas actividades organizadas en Larraona. “Se organizan muchísimas cosas”. Recuerda especialmente un taller de cocina donde prepararon una chocotorta típica de Argentina. “Estaba buenísima”, comenta entre risas.

A pesar de la exigencia de este primer curso, Naia tiene claro el principal aprendizaje que le ha dejado el deporte: la constancia. Considera que la doma clásica le ha enseñado a esforzarse incluso cuando las cosas no salen como esperaba, una actitud que ahora también intenta aplicar en los estudios y en la vida cotidiana. “Muchas veces te esfuerzas muchísimo y las cosas no salen como esperabas, pero siempre acabas aprendiendo algo”, reflexiona.

Próximo retos

Ahora afronta nuevos retos deportivos, entre ellos varias competiciones nacionales y el próximo Campeonato de España. Tras haber cambiado recientemente a la categoría de joven jinete, su próximo gran sueño es volver a representar a España en competiciones internacionales dentro de este nuevo nivel. Un reto exigente, especialmente por competir contra amazonas con más experiencia (ya que es de las jóvenes de la categoría), pero que afronta con ilusión y ganas de seguir creciendo.

Mientras tanto, sigue construyendo poco a poco una vida universitaria marcada por el esfuerzo, la paciencia y la ilusión. Una etapa en la que los caballos, la Arquitectura y la convivencia en Larraona ya forman parte de la misma historia.

 

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Francisco Alba: “Me quedo con el primer día en Larraona; son los primeros recuerdos de muchas personas que siguen siendo importantes para mí”

Francisco Alba Calderón, estudiante de Bioquímica en la Universidad de Navarra, cierra este curso su segundo año en el Colegio Mayor Larraona antes de comenzar una nueva etapa en Inglaterra con su Erasmus en Nottingham. Natural de Madrid, hace balance de estos dos años con una sonrisa y con la sensación de haber encontrado mucho más que un lugar donde vivir durante la carrera.

Apasionado del deporte, disfruta especialmente del gimnasio y del baloncesto, dos aficiones que sigue manteniendo en su día a día universitario. Además, durante muchos años la música ocupó un lugar importante en su vida: tocó el piano y el oboe hasta los 16 años, cuando la exigencia académica de Bachillerato le obligó a dejarlo temporalmente. “Espero retomarlo algún día”, reconoce entre risas. Ahora, después de un curso intenso que ha conseguido sacar adelante con todas las asignaturas aprobadas, afronta las vacaciones con ganas de descansar, despedirse de Pamplona por un tiempo y preparar con ilusión su próxima aventura internacional.

 

Primera visita al Colegio Mayor

Su llegada a Larraona se remonta todavía a Primero de Bachillerato, cuando visitó por primera vez la Universidad de Navarra. Tenía claro que quería vivir en un colegio mayor mixto y con un ambiente abierto y cercano. Después de conocer Larraona, supo que aquél sería su sitio. “Quería un Colegio Mayor como la vida real: mixto, con libertad…”

 

 

Los primeros días los recuerda con especial cariño. Nada más instalarse, decidió bajar a las zonas comunes para conocer gente. Allí empezó una conversación improvisada jugando a las cartas con otros colegiales y colegialas. Aquella tarde terminó convirtiéndose en uno de esos recuerdos que permanecen: entre las primeras personas que conoció estaba quien hoy es su novia.

“Desde el primer momento fue muy fácil socializar”, cuenta. Actividades organizadas durante los primeros días, como una salida de rafting, ayudaron también a crear vínculos rápidamente y a perder el miedo inicial de empezar una vida nueva lejos de casa. “Nos lo pusieron muy fácil para hacer amigos”, recuerda.

Cuando piensa en su paso por Larraona, Francisco lo resume en tres ideas: “sentirse arropado, cómodo y rodeado de muy buena gente”. Lo que más valora de estos años ha sido precisamente la convivencia cotidiana: volver de clase y encontrarse siempre con amistades, compartir comidas, conversaciones o simplemente coincidir con distintas personas en cualquier momento del día.

 

Facilidades para adaptarse

Reconoce que la vida en colegio mayor también tiene una parte intensa, pero considera que esa convivencia constante acaba siendo precisamente lo más valioso y lo que más echará de menos el próximo año. “Ir a clase, volver y seguir rodeado de amigos es algo muy especial”, comenta. Y añade: “Aquí todo es mucho más cercano y natural”, en referencia a lo que espera encontrar en su próxima aventura en Notthingam.

Además de participar en las actividades habituales del colegio mayor, este curso también impulsó el club de debate de Larraona junto a otros colegiales. Una experiencia que recuerda con especial ilusión y que le permitió compartir tiempo con personas muy distintas dentro del colegio.

Entre todos los recuerdos vividos, hay uno que destaca especialmente: el primer día. Francisco habla de aquella llegada como una mezcla de emoción, nervios e ilusión por empezar una nueva etapa lejos de casa. “Son los primeros recuerdos de muchas personas que siguen siendo importantes para mí”, explica.

Para él, vivir en un colegio mayor ha sido una ayuda fundamental en el proceso de adaptación a la universidad y a la vida fuera de casa. Cree que dar directamente el salto desde el hogar familiar a un piso compartido puede resultar más complicado al principio, mientras que en un colegio mayor una persona se siente mucho más acompañada durante esos primeros meses. “Te ayuda mucho a ganar confianza y a acostumbrarte poco a poco a vivir fuera de casa”, señala.

 

 

Por eso,  “recomiendo claramente la experiencia, especialmente en un entorno como Larraona”, que define como “abierto, libre y muy humano”. Considera que la convivencia mixta y el ambiente cercano hacen que la vida cotidiana sea más natural y favorecen relaciones auténticas entre quienes viven aquí.

Un consejo para las nuevas incorporaciones

Antes de despedirse, deja también un consejo para quienes llegarán el próximo curso: “aprovechar la experiencia y animarse a participar en la vida del colegio mayor desde el primer día, no quedarte en tu habitación”. Y es que, -resalta-,  “el colegio mayor no es solo un lugar para estudiar, también es un espacio para crecer como persona”. Para Francisco, la clave está en abrirse a la convivencia, participar en los planes y dejarse sorprender por todo lo que puede surgir en el día a día.

Ahora prepara las maletas para disfrutar del verano antes de comenzar una nueva aventura en Inglaterra. Pero se marcha de Larraona con algo más importante que unos apuntes aprobados o una carrera encaminada: un puñado de amistades, recuerdos y experiencias que, seguramente, le acompañarán durante mucho tiempo.

 

estudiantes en el castillo de Javier

Camino a Javier: una experiencia que une

Ni el frío ni la lluvia frenaron a las miles de personas que caminaron el pasado sábado 14 de marzo hasta el castillo de Javier, en Navarra, en la segunda de la tradicional peregrinación conocida como “Javierada”. Desde Larraona partieron dos autobuses para acudir a esta cita multitudinaria organizada por la Delegación de Misiones del Arzobispado de Pamplona y Tudela, en honor al santo misionero, patrón de nuestra Comunidad Foral.

En este tiempo de Cuaresma, la peregrinación es ocasión de encuentro fraterno, de crecimiento en la fe y de aprendizaje, a lo que se suma el reto físico de la caminata. Una experiencia muy gratificante en la que participamos desde el Colegio Mayor Larraona.

 

mochila del Colegio Mayor Larraona

 

Sobre las 4:30 del sábado sonó el despertador de la colegiala madrileña Marina Gil. La estudiante de 1º de Medicina fue una de las 8 participantes del grupo de Fe que hizo un trayecto más largo para llegar al castillo: los 47 kilómetros que separan Noáin de Javier.

“A las cinco y cuarto estábamos desayunando. Estaba oscuro, lloviendo… En ese momento no nos apetecía nada”, confiesa. Llegaron en coche hasta Noáin, donde, guiados por Miguel Mendizábal, de la ONG Claretiana Proclade Yanapay, empezaron la caminata con algún contratiempo: “Nos perdimos al principio, pero solo fueron diez minutos. Luego empezamos a caminar súper frescos. Cuando estábamos por Monreal empezó una lluvia muy dura y todos lo pasamos mal.”

Hacia las tres horas de haber partido pudieron recuperar energías en el Bosquecillo de Sengáriz, en el puesto de avituallamiento dispuesto por los voluntarios. Eso les dio fuerza para caminar los siguientes kilómetros. “Lo peor fue antes de llegar a Liédena. Nos dolían mucho las plantas de los pies, a mí me molestaban las caderas… Pero nos intentábamos animar los unos a los otros y no quejarnos: el objetivo era llegar”.

Sobre las 13:15 por fin alcanzaron este pueblo de la Merindad de Sangüesa, donde pararon una hora para comer y descansar. “Como había estirado, yo ya estaba mejor, pero los últimos siete kilómetros volvieron a costar”, reconoce Marina. “Llegamos a la explanada del castillo a las 16:53, apenas unos minutos antes de que empezara la misa. Fue precioso, nos abrazamos… Estábamos muy contentos”, relata.

 

grupo de fe llega a Javier

 

Tras la eucaristía, el grupo de fe se quedó un momento cantando y disfrutando del ambiente, y volvió al Colegio Mayor en los dos autobuses organizados para la ocasión, que ofrecían a estudiantes y alumnado de Claret Larraona dos trayectos: 22 o 9 kilómetros hasta Javier.

Matías León, estudiante guatemalteco de 2º de ADE, eligió por segundo año el de 22 kilómetros. “Estuvo más nublado e hizo más frío que el año pasado, pero la pasamos muy bien”, asegura, “hay un gran ambiente”. Aunque reconoce que es cansado –“llegar es un alivio”–, explica que no supone tanto reto físico, sobre todo porque se camina en llano y se hace acompañado: “Charlando se pasa bastante rápido”.

 

amigos frente al Castillo de Javier

 

La compañía es, sin duda, un punto central de esta experiencia. “Se fortalecen los lazos de comunidad, porque en el día a día vamos cada uno a sus cosas”, comenta Marina.

El grupo de Fe es para ella también una oportunidad de encuentro y de compartir vivencias en torno a la fe. Además de la hora en la que se reúnen la noche de los viernes, intentan participar en convivencias y otras iniciativas cristianas. “Con estas cosas se aprende un montón. Pienso que vivimos muy cómodos. Cuando sufres un poquito te acercas al sufrimiento de los demás, y te puedes poner en su lugar”, cuenta la estudiante. “Por ejemplo, durante parte del trayecto una chica le llevó la mochila a otra que iba peor. Yo aproveché esta peregrinación para ofrecer mi sufrimiento por las personas que están sufriendo y no conocen a Dios”.

Javier “acoge a todos”, recordó el arzobispo Florencio Roselló durante la homilía. “La javierada no es solo por un motivo religioso”, apunta Matías. “Es una gran experiencia que recomiendo: ir con tu grupo de amigos, hacer la caminata charlando y disfrutar de paisajes muy bonitos… Se pasa muy bien”.

 

peregrinando hacia Javier

 

En resumen, un año más, quienes participaron disfrutaron de momentos preciosos de compañerismo, ejercicio, socialización y también interioridad. Una vivencia que une a quienes la comparten y que resulta muy oportuna en este tiempo de Cuaresma previo a los exámenes y al final de curso.