Naia Gorostiza Cortabitarte tiene solo 18 años, estudia primero de Arquitectura en la Universidad de Navarra y vive su primer curso en el Colegio Mayor Larraona compaginando la exigencia de la carrera con la competición de alto nivel en doma clásica. Natural de Eibar, forma parte del Programa de Talento Deportivo de la Universidad, una iniciativa que ayuda a estudiantes deportistas a equilibrar su desarrollo académico y deportivo.
Su relación con los caballos comenzó desde muy pequeña, gracias a los paseos que hacía junto a su familia. Más adelante empezó a montar de forma más seria y probó la disciplina de salto. Sin embargo, una lesión cambió por completo el rumbo de su trayectoria deportiva. “Me rompí la clavícula justo después de la cuarentena y ahí fue cuando empecé a acercarme más a la doma”, recuerda. Durante la recuperación, su entrenadora le dejó un caballo de doma clásica y poco a poco descubrió una disciplina con la que conectó especialmente.

Actualmente compite con dos caballos, Jackson y Bisilia, y este curso ha vivido algunos de los momentos más importantes de su trayectoria deportiva. En septiembre participó en el Campeonato de España y, apenas un mes después, fue seleccionada para representar a España en una competición internacional en Le Mans, Francia, donde logró una quinta posición. Además, esta primavera consiguió el segundo puesto en el Campeonato de España Universitario celebrado en Granada.
Sin embargo, cuando habla de este deporte, Naia no se queda solo en los resultados. Lo que más valora es la relación que se crea con el caballo. “En la doma tienes que entenderte con el caballo mutuamente. Eso fue lo que más me enganchó”, explica.
Compaginar deporte y estudios
La doma clásica es una disciplina ecuestre basada en la precisión, la técnica y la conexión entre amazona y caballo. En competición, una serie de jueces valoran distintos ejercicios y movimientos realizados dentro de la pista, desde cambios de ritmo y dirección hasta ejercicios más complejos, como piruetas al galope o cambios de pie, que exigen una coordinación y precisión absolutas entre ambos.

Compaginar esa exigencia con una carrera como Arquitectura no siempre resulta sencillo. Durante la semana, mientras ella estudia en Pamplona, su entrenador continúa trabajando con los caballos en Oquendo, cerca de Bilbao, donde Naia entrena los fines de semana. “Al principio quería llegar a todo y me costó organizarme”, reconoce. Aun así, asegura que poco a poco ha aprendido a encontrar equilibrio entre ambas facetas.
Programa de Talento Deportivo de la UNAV
En ese proceso, el Programa de Talento Deportivo de la Universidad le ha servido de gran ayuda. Gracias a él puede adaptar algunas entregas o exámenes cuando coincide con competiciones importantes. Además, destaca también las oportunidades que ofrece a estudiantes deportistas, como la posibilidad de acudir a campeonatos universitarios con apoyo económico y logístico.
Pero Naia también pone el acento en el apoyo que ha encontrado en Larraona durante este primer año universitario. Especialmente en una carrera tan exigente como Arquitectura, agradece haber contado con personas que le han ayudado a organizarse mejor y a adaptarse poco a poco al ritmo universitario. Recuerda con especial cariño el apoyo que tuvo en el Colegio Mayor, donde le enseñaron consejos y trucos de estudio para aprender a gestionar mejor el tiempo y afrontar la época de exámenes con más tranquilidad.

Además, valora mucho el ambiente de ayuda mutua que existe entre los colegiales y colegialas. Entre exámenes, entregas y entrenamientos, resalta especialmente cómo estudiantes de distintas carreras se apoyan entre sí en el día a día. “Nos ayudamos mutuamente en lo que podemos”, explica. También considera que el colegio mayor facilita mucho la vida universitaria gracias a espacios como la biblioteca o las salas de estudio, especialmente importantes en una carrera tan exigente como Arquitectura.
Desde enero en el Colegio Mayor
Este curso no solo ha supuesto un reto académico y deportivo; también ha sido su primer año fuera de casa. Tras comenzar el curso en un piso adscrito al Colegio Mayor, desde enero vive en Larraona, donde destaca especialmente el ambiente de convivencia y cercanía. “Aquí te sientes muy arropada. Siempre hay alguien con quien estar, hablar o simplemente bajar a la cafetería”, cuenta.
Precisamente esa convivencia es una de las cosas que más valora de su experiencia universitaria. Naia se fija especialmente en el ambiente creado con sus compañeras y compañeros, tanto de Arquitectura como del colegio mayor. “Quedarnos hasta tarde haciendo trabajos nos ha unido muchísimo y, aunque en el momento era duro, ahora lo recuerdas como una experiencia bonita”, explica.
Además de estudiar y competir, también ha encontrado tiempo para disfrutar de algunas actividades organizadas en Larraona. “Se organizan muchísimas cosas”. Recuerda especialmente un taller de cocina donde prepararon una chocotorta típica de Argentina. “Estaba buenísima”, comenta entre risas.
A pesar de la exigencia de este primer curso, Naia tiene claro el principal aprendizaje que le ha dejado el deporte: la constancia. Considera que la doma clásica le ha enseñado a esforzarse incluso cuando las cosas no salen como esperaba, una actitud que ahora también intenta aplicar en los estudios y en la vida cotidiana. “Muchas veces te esfuerzas muchísimo y las cosas no salen como esperabas, pero siempre acabas aprendiendo algo”, reflexiona.
Próximo retos
Ahora afronta nuevos retos deportivos, entre ellos varias competiciones nacionales y el próximo Campeonato de España. Tras haber cambiado recientemente a la categoría de joven jinete, su próximo gran sueño es volver a representar a España en competiciones internacionales dentro de este nuevo nivel. Un reto exigente, especialmente por competir contra amazonas con más experiencia (ya que es de las jóvenes de la categoría), pero que afronta con ilusión y ganas de seguir creciendo.

Mientras tanto, sigue construyendo poco a poco una vida universitaria marcada por el esfuerzo, la paciencia y la ilusión. Una etapa en la que los caballos, la Arquitectura y la convivencia en Larraona ya forman parte de la misma historia.