COLEGIO MAYOR LARRAONA

BLOG

La experiencia de vivir en el Colegio a través de testimonios, noticias y eventos. Son un pequeño reflejo de las amistades, los aprendizajes y los grandes momentos que pasamos aquí dentro. No te lo pierdas.

Andrés Sáenz Magdalena: “Con la IA, vivimos rodeados de una especie de burbuja de falso conocimiento donde parece que todo el mundo es experto en todo”

Andrés Sáenz Magdalena regresó a Larraona veinte años después, en el Día de Becas, para reflexionar en la lectura de la lección magistral de este año sobre tecnología, humanidades y responsabilidad

Justo veinte años después de terminar su etapa universitaria en el Colegio Mayor Larraona, el logroñés Andrés Sáenz Magdalena (1984) volvió recientemente al lugar donde comenzó buena parte de su vida adulta. Lo hizo para pronunciar la lección magistral del Día de Becas, pero también, -de alguna manera-, para reencontrarse con aquel estudiante de Humanidades que llegó a Pamplona en 2002 sin imaginar que acabaría desarrollando su carrera profesional en el ámbito de la inteligencia artificial y la estrategia tecnológica. 

“Aunque han cambiado muchas cosas, fue como volver a casa”, reconoce al recordar una jornada cargada de memoria, afecto y cierta sensación de vértigo al comprobar cómo han cambiado el mundo y la tecnología desde entonces. Porque cuando Andrés dejó la Universidad de Navarra, ‘YouTube’ acababa prácticamente de aparecer y las redes sociales todavía no formaban parte del día a día. Hoy, en cambio, trabaja en estrategia de inteligencia artificial y alianzas internacionales dentro de una multinacional vinculada al ecosistema Microsoft y colabora además como profesor invitado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAV. 

Disciplinas que resurgen 

Lejos de hablar de la IA únicamente como una revolución tecnológica, Andrés tiene claro que el verdadero reto hoy no es técnico, sino profundamente humano. “La IA no es solo tecnología. Está en nuestras decisiones, en nuestras búsquedas, en nuestras relaciones”, explica, convencido de que el gran error de estos años ha sido pensar que la IA pertenece únicamente al mundo de los ingenieros o programadores. 

En realidad, -defiende-, afecta ya a prácticamente todos los ámbitos de la vida: desde la educación hasta la medicina, pasando por la política, la comunicación, la salud mental o incluso la forma en que las personas se relacionan entre sí. Y así lo expuso durante su intervención en Larraona, titulada Pensar distinto: jóvenes, tecnología y responsabilidad’. 

Andrés Sáenz, hace ahora 20 años con dos compañeros.

Por eso cree que, paradójicamente, su auge está devolviendo valor a disciplinas que durante mucho tiempo parecían haber quedado relegadas. “Siempre se decía eso de: ‘¿Para qué sirve un filósofo? ¿Para qué sirve un filólogo?’”, comenta con cierta ironía. Sin embargo, sostiene que las empresas tecnológicas empiezan a demandar precisamente perfiles capaces de interpretar, contextualizar y cuestionar críticamente las herramientas que ellas mismas desarrollan. 

“La IA necesita personas con sentido crítico”, afirma antes de explicar que ningún algoritmo es completamente neutro porque detrás existen decisiones humanas, intereses económicos, modelos culturales o sesgos que terminan influyendo en las respuestas que esas herramientas generan. Por eso insiste constantemente en que la tecnología necesita algo más que capacidad técnica: necesita ética, pensamiento humanístico y sensibilidad social. De hecho, una de las frases más contundentes de su lección magistral fue precisamente aquella en la que defendía que “una tecnología sin relato, sin ética, sin historia o sin arte, es una tecnología vacía”. 

Una revolución vertiginosa 

Buena parte de su intervención giró alrededor de una misma idea: la necesidad de “pensar distinto”. Una expresión que para él no tiene que ver únicamente con creatividad o innovación, sino con la capacidad de no acomodarse intelectualmente en una época donde las respuestas inmediatas parecen estar al alcance de cualquiera. 

 Y en ese contexto reivindica algo aparentemente sencillo, pero cada vez más difícil: mantener viva la curiosidad intelectual. “La clave no está en saberlo todo, sino en querer seguir aprendiendo”, insiste, convencido de que el gran desafío de las nuevas generaciones no será acumular información (nunca había habido tanta disponible) sino aprender a interpretarla críticamente. 

Precisamente por eso le preocupa especialmente la velocidad a la que la IA se está incorporando a nuestra vida cotidiana. Considera que estamos viviendo un cambio histórico comparable, o incluso superior, al impacto que tuvo Internet. “Los estudios dicen que la IA puede ser incluso más disruptiva que la llegada de Internet”. 

Sin embargo, cree que existe una diferencia fundamental respecto a revoluciones tecnológicas anteriores: la facilidad con la que cualquier persona puede acceder hoy a herramientas extremadamente complejas. “Ya no hace falta saber programar; basta con saber hablar”. 

Andrés reconoce también que la IA transformará inevitablemente el mercado laboral y que algunos puestos de trabajo desaparecerán o cambiarán profundamente. Sin embargo, rechaza una visión catastrofista y recuerda que todas las grandes revoluciones tecnológicas han generado también nuevas profesiones, oportunidades y formas distintas de trabajar. En su opinión, más que competir contra la IA, el verdadero reto será aprender a convivir con ella, adaptarse y desarrollar capacidades que sigan siendo profundamente humanas. 

La democratización de la IA, sin embargo, también le genera dudas. Cree que la sociedad está empezando a depender demasiado rápido de herramientas cuyo acceso podría cambiar radicalmente en los próximos años. “La IA a día de hoy no es rentable, no se cubren los gastos con los 20 dólares que pagas al mes y por eso está muy  subvencionada. Pero eso puede cambiar y dispararse el coste. ¿Qué pasaría entonces?”, se pregunta. 

Un reto para la educación 

Más allá de las cuestiones económicas o legales, lo que verdaderamente le preocupa es el riesgo de delegar demasiado en ella hasta el punto de perder autonomía intelectual. “La IA debe ser un asistente, pero tú tienes que llevar el volante; lo importante es que no piense por ti”. 

En su opinión, ese es uno de los grandes riesgos educativos y culturales de esta nueva etapa: acostumbrarse a obtener respuestas inmediatas sin atravesar los procesos lentos y muchas veces incómodos que forman parte del aprendizaje real. Por eso le preocupa especialmente el impacto que estas herramientas pueden tener en las generaciones más jóvenes y advierte del riesgo de un cierto “debilitamiento cognitivo” si las personas terminan delegando demasiadas capacidades mentales en sistemas automáticos. 

En ese contexto, insiste en que la educación tendrá que transformarse profundamente durante los próximos años. “El reto ya no es solo memorizar contenidos. Hay que enseñar a preguntar, a interpretar, a contrastar y a pensar críticamente”. 

Salud mental, algoritmos y “falso conocimiento” 

Andrés Sáenz no se queda únicamente en el ámbito académico. Habla también del impacto que las redes sociales y los algoritmos están teniendo sobre la salud mental y sobre la forma en que las personas se relacionan con la realidad. “Las plataformas están diseñadas para captar nuestra atención constantemente”, explica mientras reflexiona sobre ansiedad, sobreexposición digital y dependencia tecnológica. 

Uno de los conceptos sobre los que más insiste es el de los “filtros burbuja”: sistemas que muestran continuamente contenidos similares a aquello que una persona ya consume o piensa. “Si una plataforma solo te enseña aquello con lo que ya estás de acuerdo, acabas viviendo dentro de un espejo”. 

En su opinión, esto contribuye a generar una especie de ilusión de conocimiento permanente. “Vivimos rodeados de una especie de burbuja de falso conocimiento donde parece que todo el mundo es experto en todo”, comenta. 

Aun así, insiste en que no tiene una visión negativa de la IA. Al contrario: se define a sí mismo como “optimista, pero crítico”, y menciona múltiples aplicaciones positivas relacionadas con la medicina, la accesibilidad, la investigación científica…. Precisamente por eso le parece significativo que incluso instituciones tradicionalmente alejadas del ámbito tecnológico estén empezando a reflexionar sobre estas cuestiones, como la Iglesia o el propio Papa León XIV, que han comenzado a posicionarse públicamente sobre los desafíos éticos de la IA. En su opinión, eso demuestra hasta qué punto este debate afecta ya a toda la sociedad. 

Época de colegial de Andrés Sáenz en Larraona

Regreso al Colegio Mayor 

Regresar al Colegio Mayor en un día tan especial como el Día de Becas fue para Andrés una experiencia especialmente emotiva. Recuerda aquellos años de colegial con enorme cariño y, sobre todo, pone el acento en el valor de convivir con muchas personas distintas, algo que te obliga a salir constantemente de tu propia burbuja. “En un colegio mayor convives con arquitectos, médicos, abogados, filósofos o periodistas. Cada persona te aporta una mirada distinta y eso te obliga a pensar de otra manera y te enriquece mucho”. 

Andrés, con compañeros durante su estancia en Larraona

Dos décadas después, reconoce que, más allá de la formación académica o profesional, lo verdaderamente importante fueron las relaciones humanas que nacieron allí y que todavía conserva hoy. “Lo mejor que me llevé son los amigos, con los que tengo todavía mucha relación”. 

Quizá por eso, cuando le preguntas qué le diría hoy al Andrés colegial que llegó a Pamplona con apenas 18 años, responde sin pensarlo: “No cambiaría nada”.