COLEGIO MAYOR LARRAONA

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Víctor Alonso, un futuro arquitecto de prácticas que descubrió su pasión con el ‘Minecraft’: “La arquitectura me ha cambiado la forma de viajar”

Mientras muchos estudiantes aprovechan el verano para descansar después de los exámenes, Víctor Alonso Serrano ha decidido seguir aprendiendo. Este estudiante de segundo curso de Arquitectura de la Universidad de Navarra está realizando prácticas en su localidad natal, Zaragoza, en la empresa INTER Ingeniería y Arquitectura con un objetivo muy claro: descubrir esa parte de la profesión que todavía no aparece en las aulas.

“Intento hacer prácticas en aquello que no se enseña en la carrera y que luego se valora mucho en el mundo laboral”, explica.

No es su primera experiencia profesional. El verano pasado ya pasó varias semanas en una constructora zaragozana para conocer de cerca cómo funciona la gestión de una obra. Este año ha querido completar esa visión desde un despacho de ingeniería y arquitectura.

Durante estas semanas está participando en proyectos que se encuentran en distintas fases de desarrollo: desde reuniones iniciales hasta visitas de obra o procesos más avanzados de ejecución. “Estoy teniendo la oportunidad de ver cómo se inicia un proyecto, cómo avanza y cómo termina”, resume.

Además de asistir a reuniones, participa en visitas de obra, toma notas para la elaboración de actas y está conociendo cuestiones relacionadas también con la Administración, la documentación o los plazos de ejecución. “Me están dejando tener una visión muy amplia de cómo funciona todo el proceso”, explica, feliz con la experiencia.

Del ‘Minecraft’ a la Arquitectura

Aunque hoy tiene claro que eligió el camino adecuado, la arquitectura no fue siempre su primera opción. “De pequeño quería ser veterinario porque siempre me han gustado mucho los animales”, recuerda, pero con el tiempo cambió de opinión y en buena parte gracias a un popular videojuego: el ‘Minecraft’

“Empecé a jugar y me di cuenta de que me gustaba construir cosas, pensar espacios y recrear edificios que veía en los viajes”, explica.

Primero llegaron los dibujos en papel, después las construcciones en el propio videojuego y, más adelante, las maquetas y el modelado 3D. La llegada de una impresora 3D a casa durante la pandemia terminó de confirmar una vocación que ya parecía inevitable.

Sin embargo, reconoce que la carrera también le ha sorprendido en aspectos que no esperaba encontrar. “Muchas gente piensa que Arquitectura son solamente números, estructuras o planos, pero tiene una dimensión artística enorme. Hay compañeros que llegan sin saber dibujar y terminan dibujando muy bien, y otros que ya disfrutábamos con esa parte y la carrera lo que hace es engancharte todavía más”.

Una carrera que le ha cambiado la forma de viajar

Hay algo que Víctor tiene claro después de estos dos primeros años de carrera: la arquitectura cambia la forma de mirar las ciudades. “La carrera no sale de ti”, afirma.

Ahora los viajes familiares incluyen visitas a edificios, iglesias o espacios que antes quizá habrían pasado desapercibidos. Él mismo reconoce entre risas que ha terminado arrastrando a su familia a “ver piedras”, como bromean en casa.

Recuerda especialmente las visitas a la Alhambra, al Palacio Real de Madrid, al Monasterio de El Escorial o a algunos rincones menos conocidos de Roma que descubrió durante un viaje de la Facultad. “Es como que ya, de manera natural, voy tirando hacia las cosas de la carrera”, reconoce.

Barcelona es una de las ciudades que más le ha sorprendido desde el punto de vista arquitectónico, aunque confiesa que le gustaría volver a visitar Londres o París con los ojos del estudiante de Arquitectura que es hoy y no con los del adolescente que las conoció años atrás.

La fotografía y otra manera de mirar las ciudades

La carrera también le ha despertado otra afición: la fotografía. “Es algo que me ha empezado a gustar”, explica. Igual que le ocurre con los viajes, reconoce que ahora observa las ciudades y los espacios de otra manera y se fija en detalles que antes pasaban desapercibidos. Edificios, fachadas, materiales o juegos de luces forman ya parte de esa nueva forma de mirar el entorno.

“Me ha cambiado la manera de ver los viajes e incluso mi propia ciudad”, asegura.

La arquitectura en España

Preguntado por la arquitectura española, Víctor tiene una opinión clara. “No creo que esté infravalorada; creo que es una gran desconocida”. Aunque reconoce el atractivo de grandes iconos internacionales, reivindica también el enorme patrimonio arquitectónico español, especialmente el histórico.

“Tenemos muchísima arquitectura y muchísimo arte antiguo. En prácticamente todas las ciudades hay una catedral impresionante y en muchos pueblos hay iglesias, monasterios o edificios espectaculares.”

Recuerda especialmente lugares como la Alhambra o El Escorial, pero también esos pequeños rincones menos conocidos que muchas veces pasan desapercibidos. “Hasta las ruinas pueden ser bonitas”, resume.

Entre sus arquitectos favoritos aparecen nombres como Norman Foster, Frank Gehry, Zaha Hadid o el español Rafael Moneo, aunque reconoce que le resulta difícil quedarse únicamente con uno.

Aunque todavía le quedan varios años de carrera (son 5) y el máster habilitante, sí tiene claro dónde le gustaría dar sus primeros pasos profesionales. “Me gustaría empezar en Zaragoza”. La razón es sencilla: fue precisamente allí donde comenzaron muchas de las inquietudes que terminaron llevándole a elegir su profesión. “Ha sido la ciudad donde despertaron mis primeras curiosidades y me gustaría cerrar un poco el círculo».

Una gran experiencia en el Colegio Mayor

Tras dos años en Larraona, el próximo curso Víctor cambiará el Colegio Mayor por un piso que compartirá precisamente con dos compañeras que ha conocido durante esta etapa, y con las que ha creado un fuerte vínculo. “Cuando me preguntan por mis amigos de la universidad, pienso antes en los del Colegio Mayor que en los de la carrera”, explica.

Una experiencia que valora especialmente porque le ha permitido construir relaciones más allá de las aulas y compartir el día a día con estudiantes de titulaciones muy diferentes. “En la carrera compartimos trabajos y exámenes; en el Colegio Mayor compartes muchas más cosas”, concluye.