A punto de cumplir los 21 años, María Navarro Alañá, estudiante de tercer curso del doble grado en Relaciones Internacionales e Historia de la Universidad de Navarra y colegiala del Colegio Mayor Larraona, está viviendo un verano muy diferente. Desde hace unas semanas realiza sus prácticas en el Instituto Cervantes de Lyon, una experiencia que le está permitiendo descubrir desde dentro cómo se difunden la lengua y la cultura españolas fuera de nuestras fronteras.
No es una casualidad. Francia lleva años formando parte de su vida. Todo comenzó, -recuerda esta estudiante salmantina-, con un campamento de verano en Niza cuando tenía 15 años. Después continuó estudiando francés, participó como voluntaria en los Juegos Olímpicos de París 2024 y ahora ha encontrado en el Instituto Cervantes el lugar perfecto para unir sus dos grandes pasiones: las relaciones internacionales y la cultura.
“Siempre me ha gustado mucho todo lo relacionado con las relaciones internacionales, los países… Me interesa también mucho la política, la diplomacia, conocer gente y ver qué es distinto en mi país respecto a otros”.
Cuando llegó el momento de buscar unas prácticas de verano, tuvo claro dónde quería intentarlo. “Llevaba años diciendo que en algún momento quería hacer unas prácticas en el Cervantes. Este año dije: ‘en cuanto termine las clases voy a intentarlo’”. Y Lyon terminó siendo el destino perfecto.
Mucho más que enseñar español
Aunque el Instituto Cervantes es conocido principalmente por la enseñanza del español, María explica que su labor va mucho más allá. “Casi todo lo que tiene que ver con el impulso de nuestra cultura fuera de España pasa por el Cervantes”, explica.

Durante estas semanas ha participado en tareas administrativas relacionadas con los cursos de español y los exámenes oficiales DELE, pero también en la organización de actividades culturales, encuentros con escritores, festivales, conciertos… Uno de los proyectos más especiales hasta ahora ha sido su participación en un importante festival internacional de jazz celebrado en la ciudad francesa de Vienne, donde el Instituto Cervantes ha impulsado una programación específica dedicada a artistas españoles. “Estoy conociendo a escritores, artistas… y también moviéndome un poco por ese mundillo. Me está gustando mucho”, confiesa.
Precisamente esa variedad es una de las cosas que más valora de sus prácticas. “Estoy aprendiendo mucho porque tengo la oportunidad de hacer cosas muy diferentes entre sí”.
El interés por España, muy presente en Francia
Una de las pequeñas sorpresas que se ha llevado durante este verano ha sido comprobar el enorme interés que existe en Francia, al menos en la zona en la que se encuentra, por aprender español. “Es la segunda lengua que cogen siempre en los colegios después del inglés”. Ese interés se refleja tanto en los cursos que organiza el Instituto Cervantes como en los exámenes oficiales de español que coordina desde Lyon para la zona este de Francia, además de para Suiza y Mónaco.
También le ha sorprendido la cercanía con la que los franceses reciben a los españoles. “Todo el mundo se esmera muchísimo cuando les dices que eres de España e intenta hablarte incluso en español”.
Un verano entre cultura y aprendizaje
Más allá del trabajo, Lyon también le ha conquistado por muchas otras cosas. La define como una ciudad muy universitaria, llena de vida cultural, con festivales prácticamente cada día, dos grandes ríos y un ambiente muy agradable para pasar el verano. “Aquí todos los días hay algún plan cultural para hacer”.

Y si tuviera que recomendar una visita, lo tiene claro. “Hay que ver la catedral de Saint-Jean y Fourvière. Y luego el barrio de la Croix-Rousse”. Dos lugares que, -explica María-, representan perfectamente las dos caras de la ciudad: la Lyon histórica y la más creativa y contemporánea.
Los idiomas, una puerta al mundo
María habla inglés y francés con fluidez. Además, ha tenido tiempo de iniciarse en el japonés y coreano, una muestra más de su curiosidad por otras lenguas y culturas. Reconoce que vivir este verano en Francia le está ayudando especialmente a recuperar la soltura en el idioma. “El francés hablado es muy distinto a lo que estudiamos. Me ha venido muy bien volver a coger el hábito de hablar todos los días”.
Y anima a quien viaje al país vecino a lanzarse a hablar su lengua. “La gente es muy agradable cuando les dices que eres español. Y si les hablas en francés, casi hasta te invitan a comer”, añade entre risas.
Una experiencia que confirma su vocación
Después de unas cuantas semanas en Lyon, -donde por cierto nacieron los hermanos Lumière, de ahí la pasión de esta ciudad por el cine y la cultura-, María, -a la que se le nota enormemente feliz-, tiene todavía más claro hacia dónde quiere orientar su futuro profesional.
“Sigo tirando mucho por el tema de las relaciones internacionales, pero cada vez todo lo relacionado con la cultura me va llamando más. Ahora que lo he visto de manera más práctica, me ha gustado mucho”.

Tres años en Larraona
Aunque este verano transcurre lejos de Pamplona, María reconoce que gran parte de lo que está poniendo en práctica comenzó durante sus tres cursos en el Colegio Mayor Larraona. La convivencia diaria con estudiantes de carreras muy distintas le enseñó algo que hoy considera fundamental. “Una cosa que me ha enseñado mucho el Colegio Mayor es que hay gente con mucha pasión por lo que hace”.
Recuerda especialmente esas conversaciones al final del día, compartiendo mesa con estudiantes de disciplinas completamente diferentes. “Sentarte por las noches y ver a la gente hablar de carreras súper distintas a la tuya y ver que hablan con la misma ilusión que tú de lo suyo…, eso también te motiva a ti”.
Una experiencia que, asegura, le ha ayudado a abrirse más, a escuchar mejor a los demás y a desenvolverse con naturalidad en un entorno tan internacional como el del Instituto Cervantes.
Mientras disfruta de un verano distinto. Entre festivales, exámenes de español, exposiciones, escritores y artistas, sigue sumando experiencias que refuerzan una vocación que comenzó hace años, cuando descubrió que conocer otros países también era una forma de conocerse mejor a uno mismo. Y, desde luego, aterrizar en el Cervantes, en la ciudad del Ródano, ha sido la mejor decisión posible. “Me ha venido como anillo al dedo”.

