Cuando Matías León Lau dejó Ciudad de Guatemala hace dos años para venir a estudiar a la Universidad de Navarra, sabía que le esperaba una aventura a miles de kilómetros de casa. Lo que no imaginaba era que, apenas unas horas después de llegar al Colegio Mayor Larraona, sentiría que había encontrado un buen lugar donde empezar una nueva etapa. “El primer día ya éramos amigos”, recuerda mientras disfruta sus vacaciones estivales con el deber cumplido.
Estudiante del Doble Grado en Administración y Dirección de Empresas y Ciencia de Datos, Matías pone fin a dos cursos en el Colegio Mayor para comenzar una nueva etapa en un piso compartido a partir de septiembre. Lo hace con la tranquilidad de quien sabe que las amistades que ha ido construyendo seguirán acompañándole.

Una decisión que nunca dudó
La historia de Matías con Larraona comenzó incluso antes de llegar a Pamplona. Cuando recibió la admisión en la Universidad de Navarra empezó a buscar alojamiento, pero hubo algo que tuvo claro desde el principio. “Solo apliqué en Larraona”.
Aunque inicialmente no había plazas disponibles y comenzó el proceso para alojarse en un piso afiliado, pocas semanas después recibió la llamada que cambiaría sus planes: se había quedado una habitación libre. Hoy asegura que fue una de las mejores decisiones que ha tomado. “No me arrepiento para nada de haber elegido pasar mis dos primeros años aquí”, explica ahora.
Lo más difícil: dejar a la familia
Como ocurre con muchos estudiantes internacionales, el momento más complicado no fue el viaje, sino la distancia que tuvo que poner por medio. “Lo más difícil sin duda fue dejara allí a mi familia”.
Aunque los primeros meses estuvieron marcados por la ilusión de comenzar una nueva etapa, reconoce que el verdadero reto llegó después de las primeras vacaciones de Navidad. “Cuando volví en enero después de pasar un tiempo en Guatemala fue cuando más me costó”.

Lejos de casa, de sus amigos y de su entorno habitual, tuvo que aprender a construir una nueva rutina en otro continente.
Un hogar desde el primer día
Esa adaptación, sin embargo, fue mucho más sencilla de lo que imaginaba. Nada más llegar al Colegio Mayor conoció al resto de colegiales y colegialas. Y aquella primera tarde bastó para romper el hielo. “El primer día ya éramos amigos e incluso salimos juntos por ahí”.
Para Matías, esa es una de las grandes diferencias entre vivir en un Colegio Mayor y hacerlo directamente en un piso de estudiantes. “Si hubiera venido a Pamplona a un piso de primeras, probablemente solo habría conocido a mis compañeros de piso y a la gente de mi carrera”. En cambio, en Larraona encontró “personas de distintas carreras, ciudades y países” con las que compartir mucho más que el estudio en estos casi dos años.
Y es que, convivir con personas tan diferentes ha sido una de las experiencias que más valora. Además de descubrir costumbres españolas —como la merienda, que ya ha incorporado a su rutina—, también ha podido compartir pequeñas tradiciones de Guatemala con quienes hoy considera sus amigos. “Les llevaba pequeños regalos típicos de mi país”. A lo que no acaba de acostumbrarse es a la siesta, dice entre risas; sí a la comida española. “Sobre todo el Norte se come muy bien”.

Si algo destaca del Colegio Mayor es la cantidad de actividades que complementan la vida universitaria. Matías ha participado activamente en los clubes del Colegio Mayor, especialmente en los de música y baile. Por eso, uno de sus recuerdos más especiales de estos dos años es la última Fiesta de Primavera.
Aquel evento, actuando con el grupo de música, sintió que cerraba una etapa rodeado de las personas con las que había compartido buena parte de su vida universitaria. “Lo disfruté muchísimo, fue muy bonito”.

Un consejo para quienes llegan de lejos
Durante estos dos años también ha conocido a otros estudiantes llegados desde diferentes puntos de América que, como él, emprendían una nueva aventura muy lejos de casa. Para los nuevos tiene un consejo: “A veces uno viene intimidado porque no sabe cómo va a ser la gente o si hará amigos. Les diría que no tengan miedo de acercarse a la gente, que no es tan difícil como parece”.

Aunque el próximo curso dejará el Colegio Mayor para compartir piso con algunos de los amigos que ha hecho en estos dos años, Matías tiene claro que su etapa en Larraona ha merecido la pena. Si un nuevo estudiante le preguntara hoy dónde alojarse al venir a Pamplona, no tendría dudas. «Le diría que viniera a Larraona. No me arrepiento para nada. Creo que fue la mejor decisión para empezar mi etapa universitaria».