COLEGIO MAYOR LARRAONA

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estudiantes en el castillo de Javier

Camino a Javier: una experiencia que une

Ni el frío ni la lluvia frenaron a las miles de personas que caminaron el pasado sábado 14 de marzo hasta el castillo de Javier, en Navarra, en la segunda de la tradicional peregrinación conocida como “Javierada”. Desde Larraona partieron dos autobuses para acudir a esta cita multitudinaria organizada por la Delegación de Misiones del Arzobispado de Pamplona y Tudela, en honor al santo misionero, patrón de nuestra Comunidad Foral.

En este tiempo de Cuaresma, la peregrinación es ocasión de encuentro fraterno, de crecimiento en la fe y de aprendizaje, a lo que se suma el reto físico de la caminata. Una experiencia muy gratificante en la que participamos desde el Colegio Mayor Larraona.

 

mochila del Colegio Mayor Larraona

 

Sobre las 4:30 del sábado sonó el despertador de la colegiala madrileña Marina Gil. La estudiante de 1º de Medicina fue una de las 8 participantes del grupo de Fe que hizo un trayecto más largo para llegar al castillo: los 47 kilómetros que separan Noáin de Javier.

“A las cinco y cuarto estábamos desayunando. Estaba oscuro, lloviendo… En ese momento no nos apetecía nada”, confiesa. Llegaron en coche hasta Noáin, donde, guiados por Miguel Mendizábal, de la ONG Claretiana Proclade Yanapay, empezaron la caminata con algún contratiempo: “Nos perdimos al principio, pero solo fueron diez minutos. Luego empezamos a caminar súper frescos. Cuando estábamos por Monreal empezó una lluvia muy dura y todos lo pasamos mal.”

Hacia las tres horas de haber partido pudieron recuperar energías en el Bosquecillo de Sengáriz, en el puesto de avituallamiento dispuesto por los voluntarios. Eso les dio fuerza para caminar los siguientes kilómetros. “Lo peor fue antes de llegar a Liédena. Nos dolían mucho las plantas de los pies, a mí me molestaban las caderas… Pero nos intentábamos animar los unos a los otros y no quejarnos: el objetivo era llegar”.

Sobre las 13:15 por fin alcanzaron este pueblo de la Merindad de Sangüesa, donde pararon una hora para comer y descansar. “Como había estirado, yo ya estaba mejor, pero los últimos siete kilómetros volvieron a costar”, reconoce Marina. “Llegamos a la explanada del castillo a las 16:53, apenas unos minutos antes de que empezara la misa. Fue precioso, nos abrazamos… Estábamos muy contentos”, relata.

 

grupo de fe llega a Javier

 

Tras la eucaristía, el grupo de fe se quedó un momento cantando y disfrutando del ambiente, y volvió al Colegio Mayor en los dos autobuses organizados para la ocasión, que ofrecían a estudiantes y alumnado de Claret Larraona dos trayectos: 22 o 9 kilómetros hasta Javier.

Matías León, estudiante guatemalteco de 2º de ADE, eligió por segundo año el de 22 kilómetros. “Estuvo más nublado e hizo más frío que el año pasado, pero la pasamos muy bien”, asegura, “hay un gran ambiente”. Aunque reconoce que es cansado –“llegar es un alivio”–, explica que no supone tanto reto físico, sobre todo porque se camina en llano y se hace acompañado: “Charlando se pasa bastante rápido”.

 

amigos frente al Castillo de Javier

 

La compañía es, sin duda, un punto central de esta experiencia. “Se fortalecen los lazos de comunidad, porque en el día a día vamos cada uno a sus cosas”, comenta Marina.

El grupo de Fe es para ella también una oportunidad de encuentro y de compartir vivencias en torno a la fe. Además de la hora en la que se reúnen la noche de los viernes, intentan participar en convivencias y otras iniciativas cristianas. “Con estas cosas se aprende un montón. Pienso que vivimos muy cómodos. Cuando sufres un poquito te acercas al sufrimiento de los demás, y te puedes poner en su lugar”, cuenta la estudiante. “Por ejemplo, durante parte del trayecto una chica le llevó la mochila a otra que iba peor. Yo aproveché esta peregrinación para ofrecer mi sufrimiento por las personas que están sufriendo y no conocen a Dios”.

Javier “acoge a todos”, recordó el arzobispo Florencio Roselló durante la homilía. “La javierada no es solo por un motivo religioso”, apunta Matías. “Es una gran experiencia que recomiendo: ir con tu grupo de amigos, hacer la caminata charlando y disfrutar de paisajes muy bonitos… Se pasa muy bien”.

 

peregrinando hacia Javier

 

En resumen, un año más, quienes participaron disfrutaron de momentos preciosos de compañerismo, ejercicio, socialización y también interioridad. Una vivencia que une a quienes la comparten y que resulta muy oportuna en este tiempo de Cuaresma previo a los exámenes y al final de curso.