COLEGIO MAYOR LARRAONA

BLOG

La experiencia de vivir en el Colegio a través de testimonios, noticias y eventos. Son un pequeño reflejo de las amistades, los aprendizajes y los grandes momentos que pasamos aquí dentro. No te lo pierdas.

ignacio lópez microbiólogo

«No me llames flora, llámame microbiota»

El pasado miércoles, y a pesar de la lluvia, la sala estaba llena en el segundo Think and Beer del año. No era para menos. El invitado era Ignacio López Goñi, microbiólogo, profesor y divulgador, y la expectación se notaba desde antes de empezar.

 

 

Hace diez años, investigadores canadienses decidieron retirar la microbiota intestinal de ratones y sustituirla por la de personas con depresión. El resultado fue tan sorprendente como inquietante: los ratones comenzaron a mostrar comportamientos depresivos. Aquello demostraba que ese conjunto de bacterias era capaz de influir directamente en el cerebro de los animales de laboratorio. Así comenzaba Ignacio, dejando en el aire una pregunta que acompañaría toda la charla: “¿hasta qué punto lo que sentimos puede estar relacionado con algo tan invisible como las bacterias?”.

 

 

La respuesta, aclaró enseguida, no es tan simple. Ese experimento no significa que hoy podamos curar la depresión en humanos mediante trasplantes de microbiota intestinal. “No, al menos por ahora”, subrayó. Aun así, el ejemplo sirvió para abrir la puerta a un mundo que Ignacio fue explicando con un tono cercano y salpicado de humor.

 

 

Habló de ese conjunto de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo —no solo en el intestino, también en la piel o en la boca—y bromeó incluso con el término, recordando que durante años se ha hablado de “flora intestinal”, algo que a los microbiólogos no les convence demasiado: “no me llames flora, llámame microbiota”. Entre risas, fue quedando claro que cada persona tiene una especie de huella propia, cambiante a lo largo de la vida y muy influida por factores como la alimentación, el estrés o la edad.

 

 

El microbiólogo habló del estrés, la ansiedad y de cómo situaciones cotidianas –como los periodos de exámenes– pueden ir acompañadas de cambios en las bacterias intestinales. Cerebro e intestino están conectados a nivel neuronal, lo que ayuda a entender por qué lo que ocurre en uno puede reflejarse en el otro.  Por eso, “cuando estamos estresados, se nos pueden mover las tripas, o cuando tenemos problemas digestivos podemos estar de mal humor”. Aclaró, eso sí, que encontrar una microbiota alterada no implica que ahí esté el origen del problema. “Correlación no es causalidad”, insistió, recordando que forma parte de un contexto más amplio.

 

 

Para terminar, Ignacio habló de algo muy concreto: qué podemos hacer para tener una salud intestinal más sana. Insistió en que la alimentación es clave y que no hace falta buscar soluciones nuevas ni complicadas. “La mejor dieta es la mediterránea”, afirmó, defendiendo la importancia de la variedad y recordando que “a la microbiota le gusta la diversidad”.